Por Zitamar Arellano Trueba
Saltillo, Coahuila, 16/04/26 (Más).- El “fracking” cobra vidas, aún en Estados Unidos. Tan solo entre 2020 y 2024, industrias estadounidenses dedicadas a la factura hidráulica en actividades de extracción, perforación y servicios de pozo registraron 328 muertes laborales debido a diversas causas como explosiones, incendios, caídas, ambientes peligrosos, traslados y otras, según datos anuales de la Oficina de Estadísticas Laborales del vecino país (BLS, por sus siglas en inglés).
La estadística federal muestra que la principal causa de muerte en ese periodo fueron los incidentes de transporte, seguidos por los casos de contacto con objetos y equipo, una categoría que incluye golpes, atrapamientos y accidentes con maquinaria pesada.
Los datos del BLS permiten ver que el costo humano de esta industria no se concentra sólo en siniestros espectaculares, como explosiones o incendios, sino también en riesgos operativos cotidianos del trabajo de campo.
Entre 2020 y 2024, las industrias de extracción, perforación y servicios de pozo acumularon 198 muertes por incidentes de transporte y 158 por contacto con objetos y equipo, además de fallecimientos por explosiones e incendios, caídas, resbalones y tropezones, y por exposición a sustancias o ambientes peligrosos.
Esa combinación revela que la actividad asociada al “fracking” entraña una cadena amplia de peligros, desde el traslado de personal y materiales hasta la operación directa en los sitios de pozo.
La Administración de Seguridad y Salud Ocupacional de Estados Unidos (OSHA por sus siglas en inglés) coincide con ese retrato. Advierte en su página oficial “Oil and Gas Extraction – Overview” que los trabajadores de la industria petrolera y gasífera están expuestos a condiciones de riesgo que pueden derivar en fatalidades, entre ellas accidentes vehiculares, golpes o atrapamientos con objetos y equipo, explosiones e incendios, caídas, espacios confinados y exposiciones químicas, al enumerar esos peligros como los principales focos de amenaza en las labores de extracción y servicios asociados al pozo.
OSHA clasifica entre los riesgos más letales de la industria petrolera y gasífera los eventos “struck-by, caught-in” y “caught-between”, términos con los que identifica accidentes en los que el trabajador es golpeado por objetos o equipo, queda atrapado dentro de maquinaria, estructuras o espacios de trabajo, o resulta prensado entre dos superficies o elementos pesados, una tipología que ayuda a explicar por qué buena parte de las muertes en actividades de extracción, perforación y servicios de pozo no provienen sólo de explosiones o incendios, sino también de maniobras, maquinaria y movimiento de cargas en campo.
En noviembre de 2024, un trabajador de White River Operating, LLC, dedicado a la perforación de pozos de petróleo y gas, murió por trauma contundente luego de que se rompiera el cable de una válvula purgadora de 30 libras sujeta al elevador de tubería, lo que provocó que la pieza cayera desde unos 90 pies y lo golpeara en el hombro derecho mientras sostenía tubos para ser izados. La OSHA cerró el expediente con tres violaciones serias y una penalidad actual de 34 mil 755 dólares.
En julio de 2024, otro trabajador murió en un caso registrado por OSHA en Lightning Oilfield Services, Inc., empresa clasificada en actividades de apoyo para operaciones de petróleo y gas. De acuerdo con el resumen de investigación, el empleado estaba acomodando contrapesos de grúa para formar una pila cuando las piezas se volvieron inestables y le cayeron encima mientras se encontraba inclinado. El expediente quedó con una violación vigente y una penalidad actual de 9 mil 679 dólares tras un acuerdo informal.
En enero de 2024, OSHA documentó la muerte de un trabajador de FMC Technologies Surface Integrated Services Inc., también dentro de las actividades de apoyo para operaciones de petróleo y gas. El informe indica que un montacargas hizo contacto con líneas eléctricas aéreas y que, al tocar el vehículo, el empleado sufrió una electrocución mortal. El caso cerró con dos violaciones vigentes y una penalidad actual de 19 mil 357 dólares, menor a la penalidad inicial de 32 mil 262 dólares.
En septiembre de 2023, un trabajador de C&M Roustabout Services, LLC, en Oklahoma, murió al ingresar a un tanque de producción de pozo para reemplazar una válvula con fuga. Según OSHA, el empleado perdió el conocimiento dentro del espacio confinado y falleció por asfixia en una atmósfera peligrosa, uno de los riesgos más delicados en este tipo de operaciones. El expediente seguía abierto con ocho violaciones vigentes y una penalidad actual de 51 mil 616 dólares, frente a una penalidad inicial de 103 mil 232 dólares.
Más historias lamentables como estas se pueden contar en la revisión de los centenares de casos de muertes en el sector del “fracking” en Estados Unidos
La persistencia de esas fatalidades ha obligado al gobierno estadounidense a mantener programas especiales de inspección y vigilancia para la industria petrolera y gasífera. En 2024, OSHA renovó un programa regional enfocado en reducir fatalidades y accidentes graves en operaciones de petróleo y gas, incluidas actividades vinculadas con la fractura hidráulica, lo que refleja que la mortalidad laboral en este sector sigue siendo una preocupación vigente incluso en el país con mayor desarrollo técnico en este tipo de explotación.
La dimensión de este problema también ha sido seguida por el Instituto Nacional para la Seguridad y Salud Ocupacional de Estados Unidos (NIOSH por sus siglas en inglés), que creó la base de datos “Muertes en la extracción de petróleo y gas”, que registra y analiza fallecimientos de trabajadores en esa industria en Estados Unidos para documentar con mayor detalle las muertes en este sector.
Ese sistema reconoce que las fatalidades en la industria pueden estar relacionadas no sólo con explosiones o fallas del pozo, sino también con transporte, maquinaria, espacios confinados y otras condiciones de trabajo que rodean la explotación de hidrocarburos.
El dato de 328 trabajadores muertos en cinco años adquiere una dimensión más amplia al considerar que no se trata únicamente de una cifra, sino del saldo humano de una actividad que, aun bajo condiciones de regulación y vigilancia en Estados Unidos, sigue cobrando vidas por una variedad de riesgos propios de la extracción, la perforación y la operación diaria en campo.
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