El trauma de sobrevivir a El Pinabete

Fidencio Sillas, uno de los cinco sobrevivientes de la tragedia minera de 2022 enfrenta graves secuelas de salud, traumas y dificultades económicas

A pesar de las lesiones y el impacto en su vida, el trabajador de 54 años de edad denuncia que no ha recibido ningún apoyo gubernamental más allá de una atención médica limitada

Por Roberto Espinoza

Saltillo, Coahuila, 14/02/2025 (Más).- Con un pulmón dañado, una pérdida auditiva del 80% en el oído izquierdo, además de traumas, problemas personales y dificultades económicas, así es ahora la vida de Fidencio Sillas, uno de los cinco sobrevivientes de la tragedia de la mina “El Pinabete”, a más de dos años del accidente laboral que lo marcó de por vida.

El 3 de agosto de 2022, la mina El Pinabete sufrió una inundación que dejó 10 mineros sin vida. Solo cinco trabajadores lograron sobrevivir, entre ellos Fidencio Sillas, un coahuilense que ahora enfrenta una realidad completamente distinta tras aquel suceso.

“Era un día normal, como todos, el flujo de agua abajo era el pan de cada día, no había nada anormal”, relata.

“En el turno sucedió lo siguiente: en una de tantas vueltas a lo que nosotros le llamamos plancha, en una de esas que llegué con mi carretilla llena de carbón, empezó un viento frío, cosa que era anormal, empezamos a oír estruendos y bocanadas de aire, sabíamos que algo iba a pasar, hasta que llegó el agua y nos arrolló, era una cantidad de agua enorme desde el suelo de la galería hasta el cielo, como un tsunami lo visualicé”, relata con detalles.

Sobrevivir a aquel acontecimiento fue un milagro, así lo describe el originario de Nueva Rosita.

“No había posibilidad de salir, el agua nos atrapó y simplemente nos quedamos en un recoveco de la galería, una especie de burbuja de aire, y ese fue el gran milagro que nos mantuvo con vida a los que sobrevivimos. De ahí nos aventuramos hacia arriba, eran más de 25 metros que llevaba el agua y nos aventuramos a escalar a la superficie”, recuerda.

Actualmente, Fidencio sigue trabajando a pesar de las graves lesiones que le dejó el accidente. A sus 54 años ya no se dedica a la minería y ahora labora como ayudante de albañil. Sin embargo, afirma que en la región Carbonífera la minería es prácticamente la única opción laboral, y su sueldo actual representa menos de la mitad del que ganaba en la mina.

Sillas acumuló 35 años de trayectoria en la minería, una labor de alto riesgo que terminó abruptamente después del accidente. “Toda mi vida la trabajé de minero porque, a pesar de que es un riesgo constante, es lo que ha sido mejor pagado en esta región. Lo que nosotros traíamos de salario semanal en El Pinabete era de cinco mil pesos por semana, a diferencia de mi salario actual, no ando ganando ni la mitad del salario que ganaba en la mina”, dice.

Las secuelas del desastre lo han afectado en distintos aspectos: su salud física, su estabilidad emocional e incluso la educación de su familia. Uno de sus hijos tuvo que interrumpir sus estudios superiores debido a las dificultades económicas derivadas del accidente.

“Seguido me sueño en mi trabajo, por lo que fueron 35 años ininterrumpidos, escarbando y tumbando el carbón”, detalla. “Sueño muy seguido que pasa el mismo evento que pasó y me despierto sobresaltado, realmente son pesadillas de lo que viví, porque era para no vivir para contarlo”.

El miedo al agua es una de las peores secuelas que enfrenta. “Yo no puedo meterme a un río porque siento pánico, siento feo al ver tanta agua, esa es la secuela mayor, prácticamente le tengo miedo a grandes cantidades de agua”, confiesa.

A pesar de todo lo vivido, Fidencio extraña su antiguo empleo. Sin embargo, reconoce que la preocupación de su familia y el propio temor de volver a enfrentar una situación similar le impiden regresar a una mina.

Sin apoyo gubernamental

Fidencio Sillas señala que, a pesar de las graves secuelas que le dejó el accidente, no ha recibido apoyo por parte del gobierno, más allá de atención psicológica y una pensión mínima del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), la cual no es vitalicia.

“No, de una institución gubernamental no recibimos ningún tipo de ayuda”, afirma. “Recibimos atención médica por parte del Seguro Social y eso tuvimos que echar una vuelta hasta México, porque como a los cuatro o cinco meses nos dieron de baja en la empresa de la mina, no tuvimos manera de atendernos y después de un año fuimos a México a mover papelería. Fue de la manera que nos atendieron para arreglar cualquier tipo de deficiencia física o psicológica”.

Además, recuerda que los sobrevivientes fueron excluidos de cualquier tipo de indemnización. “Es toda la ayuda que hemos recibido, ni por parte de Secretaría de Trabajo, ni por Gobierno del Estado, mucho menos por el Gobierno Federal. Incluso a esta señora Laura Velázquez (coordinadora nacional de Protección Civil) le preguntaron cuando indemnizaron a las viudas que si nosotros estábamos incluidos en la indemnización y claramente dijo que no estábamos incluidos, porque nosotros habíamos salido sin daño y estábamos muy bien”, denuncia.

Para Fidencio, el gobierno en todos sus niveles se ha olvidado de los mineros que lograron salir con vida.

“El mensaje es para el gobierno, que no nos deje en el olvido, que al igual que los que quedaron ahí, nosotros pudimos haber quedado, nada más que por obra de Dios no quedamos”, expresa. “Para mi ver y mi pensar, merecemos algún tipo de ayuda gubernamental, simplemente que se pongan la mano en el corazón y nos apoyen con algo, porque nosotros vivimos al día y ahora peor con este tipo de trabajo que traemos con salarios más bajos”.

Fidencio recalca que la situación de los otros sobrevivientes es similar: sin apoyo, trabajando en otros empleos, viviendo al día y, a pesar de todo, extrañando la minería.


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