Por Francisco Ortiz Pinchetti
“Prefiero que me critiquen por marchar junto a un panista que por ser cómplice, con mi silencio, del robo de la voluntad popular”, me dijo una mañana de agosto de 1986 Antonio Becerra Gaytán, excandidato ya del Partido Socialista Unificado de México (PSUM) a la gubernatura de Chihuahua fallecido el pasado sábado 9 de mayo a los 93 años de edad.
Ardía en aquel momento el más grande estado del país. Había recurrido el PRI acorralado por el descrédito y la corrupción, a todo su repertorio de trampas y artimañas para burlar la voluntad popular e imponer a Fernando Baeza Meléndez como mandatario estatal.
A la resistencia contra ese fraude electoral histórico –parteaguas de la transición de México hacia la democracia–, que encabezaron hace justo 40 años los panistas Francisco Barrio Terrazas y Luis H. Álvarez, se sumaron campesinos, empresarios, amas de casa, obreros, el clero chihuahuense encabezado por sus obispos, ciudadanos de todos los estratos… y el PSUM.
El profe Becerra, como todos le llamaban, comunista de origen y convicción, asumió personalmente la decisión que lo convirtió en elemento clave, en momentos crucial, del movimiento cívico contra el despojo. Enfrentó por supuesto no pocas críticas, incluso de algunos de sus propios compañeros de partido. Lo acusaron de haberse “empanizado” al sumarse a la resistencia civil, las protestas callejeras, las concentraciones multitudinarias, la toma de puentes internacionales. Militó siempre en los partidos de la autodenominada izquierda.
“Aquí no estamos discutiendo el socialismo”, me dijo frente a una tasa de café en el restaurante del hotel Tierra Blanca, en la capital chihuahuense. “Estamos discutiendo si tenemos derecho a elegir a nuestros gobernantes”.
Abundó: “No es una alianza de programas, sino una coincidencia en la defensa del voto. Si el pueblo de Chihuahua decidió mayoritariamente por una opción que no es la nuestra, nuestra obligación como demócratas es defender que esa voluntad se respete. El gobierno no sólo robó las urnas, robó la esperanza de una transición pacífica. Lo que hoy llaman ‘fraude patriótico’ no es más que un acto de bandidaje político”.
Su actitud y sus palabras retrataban el momento exacto en que la izquierda mexicana –la auténtica–, encabezada en Chihuahua por él, entendió que la lucha por la democracia electoral era previa a cualquier otra lucha social. En medio de las dudas de sus correligionarios en la Ciudad de México, que temían que la izquierda fuera «absorbida» por la derecha panista, el profesor sentenció: “Aquí la cuestión es sencilla y de fondo: somos o no somos demócratas. Si decimos que el voto es sagrado y nos lo roban, no podemos quedarnos en el cubículo discutiendo la pureza ideológica mientras el pueblo está en la calle defendiendo su dignidad”.
Y remató: “Si no estamos con la gente hoy que la atropellan, no esperemos que la gente esté con nosotros cuando les hablemos de la revolución”.
Desde las vísperas de la elección estatal del domingo 6 de julio hasta la culminación del fraude operado personalmente por Manuel Bartlett Díaz, entonces Secretario de Gobernación priista, con la imposición de Baeza Mélendez el 4 octubre de ese 1986, luego de tres meses de resistencia cívica ejemplar, entrevisté al dirigente socialista, contador privado y maestro normalista de profesión, al menos en cinco o seis ocasiones. En alguna manera se convirtió en un referente objetivo y confiable durante mi prolongada cobertura informativa de aquel suceso para el semanario Proceso.
En otra de esas conversaciones hizo esta reflexión:
“El fraude ha sido tan burdo que ha logrado lo que parecía imposible: unir a los contrarios. Cuando el derecho básico es atropellado, la fe religiosa o la posición de clase pasan a segundo término frente a la dignidad ciudadana. El gobierno no solo robó las urnas, robó la esperanza de una transición pacífica. Lo que hoy llaman ‘fraude patriótico’ no es más que un acto de bandidaje político”.
–Algunos te llaman “pansumista”.
–Que nos llamen como quieran —respondió. En Chihuahua no hay una sopa de ideologías, hay un frente común contra el autoritarismo. Mi mano está extendida hacia Luis H. Álvarez (en ese momento en una huelga de hambre que duró 41 días) no porque piense como él sobre la economía, sino porque ambos pensamos que el gobierno no debe robarse las urnas. Es preferible que me critiquen por estar junto a un obispo o un empresario en un puente bloqueado, a que me reclamen por haber sido un espectador pasivo del atropello más grande que ha sufrido Chihuahua”.
“Si, dicen que nos estamos ‘empanizando’. Yo les respondo que más bien en Chihuahua nos estamos ‘ciudadanizando’… El régimen quiere vernos divididos para poder reinar en el pantano del fraude. Prefiero que me critiquen por marchar junto a un panista que por ser cómplice, con mi silencio, del robo de la voluntad popular”.
Tenía bien claro que la decisión de imponer al candidato del PRI a como diera lugar trascendía el ámbito estatal y al mismo partido oficial: era una responsabilidad del gobierno del Presidente Miguel de la Madrid Hurtado. “El sistema ha decidido que prefiere un país en llamas antes que un país con alternancia”, me dijo. “Lo que estamos viendo es el agotamiento de un modelo que ya no puede ganar sin trampas”.
Becerra Gaytán, líder histórico de la izquierda chihuahuense, nació en la capital del estado el 19 de abril de 1933. Fue activista social, líder magisterial, miembro del Partido Comunista (de cuyo Comité Central formó parte), e integrante como Diputado plurinominal de la primera bancada del PC recién legalizado en el Congreso Federal, junto con Arnoldo Martínez Verdugo, Alejandro Gascón Mercado, Gilberto Rincón Gallardo, Pablo Gómez Álvarez, Ramón Danzós Palomino y Othón Salazar, entre otros. Militó luego sucesivamente en el PSUM, el PMS, el PRD y Morena. Fue un hombre honesto, libre y sobre todo congruente. Ejemplar. Válgame.
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