Hace 70 años, la afroamericana Rosa Parks se atrevió a desafiar las leyes segregacionistas de Alabama al negarse a ceder su asiento en el autobús a un pasajero blanco. Este valiente gesto de resistencia pacífica supuso un punto de inflexión en el movimiento por los derechos civiles en Estados Unidos y convirtió a su protagonista en todo un símbolo
EFE Reportajes
El 1 de diciembre de 1955, la estadounidense de origen africano Rosa Parks regresaba de su jornada laboral; se subió a un autobús en la ciudad de Montgomery, capital del estado sureño de Alabama, y se sentó en uno de los asientos reservados para la población negra, conforme a las leyes segregacionistas vigentes en Estados Unidos.
El autobús estaba atestado y, ante el requerimiento de que se levantara para dejárselo a un blanco, ella se negó a ceder su asiento. Fue arrestada y trasladada a un calabozo, pero su detención desencadenó una inesperada y rápida reacción de la comunidad negra.
Hubo un boicot masivo al transporte público y aquella respuesta contra el ‘apartheid’ duró 381 días. Un bloqueo que terminó oficialmente el 21 de diciembre de 1956, un día después de la entrada en vigor de la orden judicial del Supremo que declaraba inconstitucional la segregación racial en el transporte público.
El gesto de Parks trascendió la simple desobediencia civil para convertirse en un punto de inflexión histórico en la lucha por la igualdad en Estados Unidos. Cinco años después, en 1964, el presidente demócrata Lyndon B. Johnson promulgó la Ley de Derechos Civiles, que prohibía la discriminación racial en espacios públicos, en el trabajo y la educación.

El asiento que cambió la historia
Rosa Lee Parks nació el 4 de febrero de 1913 en Tuskegee, Alabama. Hija de un carpintero y una maestra de ascendencia africana, creció en Alabama, un estado dominado por el sistema de segregación racial que separaba a los ciudadanos negros de los blancos en casi todos los aspectos de la vida pública.
Antes de su arresto por negarse a ceder su asiento a un pasajero blanco en un autobús público, trabajaba como costurera en unos grandes almacenes en Montgomery.
Aunque su gesto no fue deliberado, Parks era una mujer concienciada. Casada con el barbero y activista Raymond Parks, desde los años 40 participó activamente en el registro de voto de los ciudadanos afroamericanos.
Entre 1943 y 1957 fue secretaria de la sección local de la Asociación Nacional para el Progreso de las Personas de Color (NAACP). Entre sus cometidos, tuvo que investigar casos de brutalidad policial y de abuso sexual de hombres blancos contra mujeres negras.
Tras el acto de resistencia civil, tanto ella como su marido sufrieron represalias laborales. Las dificultades para encontrar un trabajo estable y las amenazas de muerte motivaron su traslado en 1957 a Detroit, centro industrial del Norte que contaba con una menor segregación legal.
Durante su estancia, fue secretaria en la oficina del congresista demócrata por Michigan John Conyers Jr. (1965-1988) y en 1987 cofundó el Instituto Rosa y Raymond Parks para el Desarrollo Personal, una organización sin fines de lucro dedicada a la educación y la juventud.
Parks fue reconocida con la Medalla Presidencial de la Libertad, máxima distinción civil de Estados Unidos (1996), y la Medalla de Oro del Congreso, el más alto honor otorgado por el legislativo (1999) y la revista Time la incluyó, en 1999, entre las ‘20 personas más influyentes del siglo XX’.
Tras su muerte a los 92 años en 2005, se convirtió en la primera mujer en la historia estadounidense en ser velada en el Capitolio de Washington.

El legado de un inquebrantable gesto
El gesto de Parks no sólo encendió la acción colectiva que ayudó a cambiar una ley local, sino que tuvo una influencia determinante y catalizadora en el movimiento por los derechos civiles en Estados Unidos.
En este sentido, validó el poder de la resistencia pacífica, catapultó el liderazgo de Luther King y elevó la causa de la igualdad racial a la esfera nacional.
En primer lugar, el éxito del boicot consagró la táctica de la No Violencia y el modelo de desobediencia civil como herramientas eficaces para combatir la injusticia. El incidente impulsó a un joven y carismático pastor recién llegado a Montgomery, Luther King, que llegó a recibir el Premio Nobel de la Paz en 1964.
Y por último, tuvo una clara repercusión en acciones posteriores del movimiento negro en el escenario nacional.
En la gran Marcha sobre Washington, que congregó en 1963 a más de 200,000 manifestantes, Luther King pronunció el famoso discurso de ‘I have a dream’ (‘Yo tengo un sueño’).
Dos años después se realizó la Marcha sobre el Puente Pettus en Selma, Alabama, que provocó una dura represión conocida como el Bloody Sunday (Domingo sangriento).
El impacto histórico ha sido tan profundo que Barack Obama, el primer presidente afroamericano de EEUU, llegó a afirmar: “Yo estoy aquí gracias a Rosa Parks”.
El combate contra el racismo en la actualidad
A pesar de la promulgación de la declaración de los derechos civiles (1964), los episodios de racismo siguen presentes en la vida cotidiana estadounidense.
Aunque ya no existen leyes de segregación, una parte significativa de la población afroamericana sigue estando marginada económicamente y sufre discriminación institucional.
El espíritu del gesto de Parks en el autobús perdura en el activismo del siglo XXI y tiene resonancia directa en movimientos de defensa de la vida de los negros como Black Lives Matter (BLM).
Mientras que la luchadora negra desafió el racismo legalizado de su época, el BLM denuncia el racismo sistémico y busca un cambio estructural mediante la reforma de la justicia penal y del sistema policial.
La táctica de acción colectiva utilizada en el transporte público es heredada por BML, que organiza manifestaciones y realiza boicots a las marcas comerciales para presionar a las instituciones.
Otro punto en común, es que las dos protestas explotaron a partir de incidentes específicos de injusticia: la segregación racial en el caso de Parks y la violencia policial contra individuos como George Floyd en el caso del BLM.
Ambas situaciones sirvieron para visibilizar la injusticia. Si la foto policial de Parks demostró la opresión legalizada de la población negra, los videos en redes sociales de BLM evidenció la brutalidad policial.
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