Ciudad de México. Septiembre 10.- Un encuentro con un paciente con psicosis cambió para siempre la vida profesional de Camilo de la Fuente. Aquel caso lo llevó a obsesionarse con desentrañar el vínculo entre las alteraciones del cerebro y la pérdida de contacto con la realidad, a formular preguntas filosóficas y científicas —“¿por qué este paciente alucina esto y otro alucina otra cosa?”— y a diseñar estrategias que hoy revolucionan la predicción del éxito de tratamientos para la esquizofrenia. Con 53 años, de la Fuente es hoy uno de los neurocientíficos más reconocidos en México.
De acuerdo con El País México, su interés coincidió con una oportunidad única: mientras cursaba una maestría, el Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía en Ciudad de México estrenaba el primer equipo de resonancia magnética de alto campo del país. “Llegué como alumno y nos dieron chance de usarlo… y ahí me quedé”, recuerda. Hijo de exiliados chilenos, llegó a México en 1973 cuando tenía apenas un año, después del golpe militar contra Salvador Allende. “Mi papá era diputado del Gobierno de Allende, nuestro avión fue el último con refugiados que salió”, relata. Su padre, médico internista y pionero en investigación ginecológica, vio truncada su carrera científica, pero transmitió a su hijo una vocación que lo marcaría.
En el año 2000, de la Fuente comenzó a aplicar técnicas de espectroscopia para estudiar los procesos químicos detrás de la psicosis, un enfoque nunca antes utilizado en México. Sus estudios revelaron alteraciones neuroquímicas invisibles a la observación clínica, aportando nueva comprensión de la psicosis temprana y las primeras señales de esquizofrenia. En México, donde aproximadamente un millón de personas vive con esquizofrenia y 250.000 no recibe atención adecuada, su trabajo apunta a mejorar el diagnóstico y la eficacia de los tratamientos.
El neurocientífico explica que la mayoría de los antipsicóticos bloquean receptores de dopamina, mejorando síntomas positivos como alucinaciones, delirios y distorsiones de la realidad, pero tienen escaso impacto en síntomas negativos (aislamiento, apatía) y cognitivos (problemas de atención y concentración). Para comprender mejor su acción, decidió centrarse en el núcleo caudado, punto clave donde actúan estos fármacos, y explorar su relación con el glutamato, otro neurotransmisor esencial. Sus estudios pioneros mostraron que altos niveles de dopamina se acompañan de altos niveles de glutamato, una pista crucial sobre el origen de la enfermedad.
Gracias a estos hallazgos, el Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía Manuel Velasco Suárez creó el Laboratorio de Psiquiatría Experimental, dirigido por de la Fuente. Desde allí, su equipo desarrolla marcadores de imagen para guiar tratamientos en episodios psicóticos tempranos. Su clínica ambulatoria de urgencias —única en México y gratuita— ofrece atención temprana a jóvenes con psicosis: los pacientes reciben tomografía para descartar alteraciones estructurales, análisis de marcadores de inflamación, resonancia magnética para medir glutamato, y un estudio neuropsicológico completo en un lapso de 24 horas, tras lo cual se inicia tratamiento inmediato y seguimiento continuo.
De la Fuente subraya que aproximadamente el 8% de los primeros episodios psicóticos tiene causas secundarias como defectos cerebrales, enfermedades autoinmunes o problemas tiroideos. “Lo más fácil es poner la etiqueta de esquizofrenia”, advierte, pero el diagnóstico diferencial riguroso es esencial. También destaca que el inicio rápido del tratamiento tras el primer episodio agudo es vital para prevenir cambios neurofisiológicos. Su modelo busca implementar atención primaria sólida y personalizada, rompiendo la idea de que la psicosis es sinónimo de esquizofrenia: “Puede haber diez pacientes con el mismo diagnóstico que no se parecen entre sí”, sostiene.
El neurocientífico recuerda que experiencias de abuso infantil, migración, vida urbana estresante y predisposición genética aumentan el riesgo. Si un progenitor padece esquizofrenia, la probabilidad en los hijos es del 17%; si ambos la presentan, asciende al 50%. La prevalencia por sexo es similar, aunque aparece antes en hombres (16 a 25 años) que en mujeres (20 a 30), posiblemente por factores hormonales.
En 2023, de la Fuente recibió el Premio Global de Esquizofrenia de la Schizophrenia International Research Society, convirtiéndose en el único mexicano en ganarlo. Para él, el reconocimiento honra también a su padre: “Fue muy lindo para él ver que yo me dedicaba a lo que para él quedó truncado con el exilio”. Su trabajo no solo moderniza la investigación y atención de la psicosis, sino que cuestiona los límites de la neurociencia y el estigma: “Si no entendemos las causas, quizá ni siquiera deberíamos llamarla esquizofrenia”, afirma, convencido de que el futuro del tratamiento pasa por comprender mejor la neurobiología de los trastornos psicóticos.
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