El futuro de la estación espacial internacional

por M. Ángeles Martínez

EFE / REPORTAJES

La Estación Espacial Internacional (ISS, de sus siglas en inglés), el único laboratorio científico del hombre en el espacio, símbolo de la cooperación internacional, que ha dado múltiples respuestas a un sin fin de experimentos realizados en microgravedad e incluso ha sido escenario de la primera película espacial, tiene un futuro incierto, sobre todo a raíz de las sanciones que Occidente ha impuesto a Rusia, socio fundamental del proyecto, por su ofensiva militar en Ucrania.

Los antecedentes de la Estación Espacial Internacional (EEI/ISS) se remontan a 1984 cuando el presidente estadounidense Ronald Reagan propuso reunir a las potencias occidentales para construir una estación permanente en el espacio. El programa lo denominó Alfa y su sucesor George Bush, Freedom.

Pero a comienzos de los 90 del siglo pasado, y después de que rusos y americanos firmaran un proyecto de cooperación espacial, el presidente Bill Clinton redefinió el proyecto orbital y adoptó el nombre de International Space Station (ISS), por su carácter multinacional.

En la EEI participan Estados Unidos, a través de la NASA, y Rusia de la Roscosmos, como socios principales, y junto a ellos los países miembros de la Agencia Espacial Europea (ESA), Canadá y Japón.

Aunque en constante construcción, la EEI completó su estructura principal entre 1998 y 2011. Está configurada en dos segmentos, uno ruso y otro estadounidense y a lo largo de sus más de veinte años de existencia ha crecido hasta contar con 15 módulos principales.

El Zarya (amanecer en ruso) fue el primer módulo lanzado en 1998, pero fue el también ruso Zvezda (estrella) enviado al espacio en 2000, el que garantiza allí la vida humana y hace la instalación habitable desde entonces.

MÁS GRANDE QUE UN CAMPO DE FÚTBOL.

Con un tamaño algo superior a un campo de fútbol, la EEI es el mayor complejo del hombre en el espacio y también el más caro de la historia, ya que, según la NASA, está valorado en más de 93 mil millones de dólares, unos 90 mil millones de euros.

Pesa unas 400 toneladas; orbita la Tierra a más de 340 kilómetros de altura y se desplaza a una velocidad de 7.66 kilómetros por segundo, por lo que gira alrededor de nuestro planeta 16 veces al día, es decir que sus habitantes, los astronautas, ven cada día 16 amaneceres y 16 atardeceres, ya que el Sol sale en la ISS cada 90 minutos.

Operativa y permanentemente ocupada desde el año 2000, en la EEI se han vivido récords y primeros momentos, como el del primer turista espacial de la historia, el civil multimillonario estadounidense Dennis Tito que, tras pagar 20 millones de dólares, llegó a la plataforma espacial en 2001 o el primer robot, Fedor o Fiódor, que viajó en 2019 como única tripulación a bordo de una nave rusa Soyuz y que podría ser el primer androide que en el futuro viaje a la Luna.

En la EEI se realizó también la caminata espacial más larga, de 8 horas y 56 minutos de duración, se llegaron a juntar 13 personas de varias nacionalidades en sus instalaciones en 2009, y más recientemente, en 2020 el complejo orbital recibió el primer vuelo comercial tripulado y el primero de la historia en un tiempo récord de poco más de 3 horas tras dar dos vueltas a la Tierra.

EXPERIMENTOS EN MICROGRAVEDAD.

Pero el objetivo primordial del complejo espacial es la realización de investigaciones científicas y tecnológicas aprovechando la reducida gravedad (microgravedad), experimentos que constituyen herramientas de futuro que permitirán a la humanidad adelantarse en el conocimiento de la nueva exploración espacial y mejorar la vida en la Tierra.

A bordo de la EEI se han realizado, según la NASA, más de 3 mil experimentos, todos hechos a largo plazo, pero que permiten avanzar en varias direcciones, unos en el conocimiento del cuerpo humano en ingravidez, y otros en el desarrollo de tecnologías aplicables a la vida.

Ejemplos como la creación de una «bioimpresora de mano» para «imprimir» en un futuro no lejano tejido directamente en las heridas que facilite una rápida curación o la búsqueda del primer detergente espacial para reducir la carga de los viajes espaciales, son algunos de los muchos trabajos en curso.

Estudios sobre el desarrollo de bacterias, sobre el sistema inmunológico, o experimentos como el realizado con semillas de una planta tropical para la producción de combustibles renovables, son otros ejemplos.

Además, y en paralelo, esta pequeña ciudad científica espacial permite avanzar en el conocimiento del cosmos.

Sin embargo, la EEI, que en 2018 cumplió 20 años, el doble de lo previsto, tiene ahora un futuro incierto.

Estados Unidos y Rusia han implementado una financiación adicional hasta 2024. A partir de entonces ¿qué le espera a la mayor plataforma del ser humano fuera de la Tierra?

Algunos contemplan hoy la EEI como una alternativa de las grandes potencias en su conquista de la Luna o Marte, en la que ya trabajan. Otros, sin embargo, la ven como resultado de un programa ya obsoleto que requiere importantes aportaciones de dinero.

Se añade a lo anterior las sanciones que Occidente ha impuesto a Rusia por su ofensiva militar en Ucrania y que aportan más incertidumbre a este programa pacífico de cooperación multinacional del siglo pasado que observa con preocupación su futuro. 


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2 comentarios en “El futuro de la estación espacial internacional”

  1. Valentina Cisneros

    Este conflicto en Ucrania pudo haber sido evitado si el occidente hubiera respetado el entendimiento de que la OTAN no daria un paso más para sus bases militares después de la caída del muro de Berlin. No cumplió con esto la OTAN, no se respetaron los acuerdos de Minsk tampoco. El occidente tiene que parar su ofensiva de sanciones contra Rusia, dejar la rusofobia de un lado que tanto daño a hecho a los rusos que viven afuera de su pais y a los mismos rusos dentro de Rusia y reconciliarse con Rusia para continuar las investigaciones conjuntamente en el espacio. No hay otro mejor camino que éste.

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