Desde la prisión ADX Florence, Joaquín “El Chapo” Guzmán ha enviado cartas a jueces y autoridades de Estados Unidos para denunciar aislamiento, enfermedad y presuntas irregularidades judiciales. El exlíder del Cártel de Sinaloa busca presentarse como un reo vulnerable y víctima de un proceso injusto
Florence, Colorado, 30/05/26 (Más).- Joaquín Guzmán Loera, “El Chapo”, intenta reconstruir desde la prisión de máxima seguridad ADX Florence una imagen distinta a la del narcotraficante que encabezó el Cártel de Sinaloa y fue condenado en Estados Unidos a cadena perpetua: ahora se presenta como un adulto mayor enfermo, aislado, incomunicado y víctima de un proceso injusto.
De acuerdo con información publicada por El País, el exlíder criminal ha enviado decenas de cartas a la justicia estadounidense desde su encierro en Colorado, en un intento por denunciar sus condiciones de reclusión, pedir contacto con su familia, impugnar aspectos de su extradición y solicitar la intervención de distintas autoridades.
La correspondencia de Guzmán Loera comenzó a tomar fuerza desde el mismo día de su sentencia, el 17 de julio de 2019, cuando ante el juez Brian Cogan, de la Corte Federal del Distrito Este de Nueva York, habló de su familia, se encomendó a Dios y denunció las condiciones de su encierro.
“He bebido agua no limpia, no respiro aire limpio, es un aire seco, me duele la garganta, la nariz, me duelen los oídos, me duele la cabeza. Se me ha negado el derecho a respirar aire limpio”, dijo entonces el capo sinaloense.
A partir de ese momento, Guzmán Loera comenzó a construir una narrativa distinta sobre sí mismo. Frente a la figura de El Chapo, asociado con el poder criminal, la violencia, las fugas espectaculares y el tráfico internacional de drogas, apareció Joaquín Guzmán L., el preso número 89914053, que afirma sufrir aislamiento extremo y deterioro físico.
En mayo de 2022, el juez Brian Cogan recibió una primera carta extensa escrita a mano. En ella, Guzmán se presentó como un mexicano de 64 años extraditado de México a Estados Unidos en enero de 2017 y pidió la intervención de la corte.
“Yo rezo para que esta corte intervenga”, escribió en esa misiva, en la que describió dolores de cabeza, pérdida de memoria, calambres musculares, estrés y depresión.
El exjefe del Cártel de Sinaloa se encuentra recluido bajo Medidas Administrativas Especiales, conocidas como SAMs, un régimen de aislamiento aplicado en Estados Unidos a presos considerados de alto riesgo. Desde esa condición, ha insistido en que no puede comunicarse libremente con su familia ni con su defensa.
En enero de 2023, Guzmán intentó llevar su queja al terreno diplomático. Por medio de uno de sus abogados pidió la intervención del entonces presidente Andrés Manuel López Obrador a través de la Embajada de México en Washington.
En ese momento, el argumento de El Chapo cambió. Ya no sólo denunció malas condiciones carcelarias, sino que afirmó ser víctima de discriminación por ser mexicano y aseguró que recibía un trato peor que el de internos acusados de terrorismo.
Meses después, en agosto de 2023, volvió a escribir al juez Cogan para denunciar que las autoridades de ADX Florence no le permitían recibir correspondencia de su defensa legal porque, según su versión, los custodios no entendían el contenido de los documentos.
“Señor juez, aquí en la cárcel saben que yo no sé inglés […] Siempre emplean la excusa de que es porque Guzmán se escapó de una prisión en México”, escribió.
En esas mismas cartas pidió autorización para recibir visitas de su esposa, Emma Coronel, y de sus hijas menores de edad. “Le pido que, por favor, la autorice a visitarme y que traiga a mis hijas a visitarme”, solicitó al juez.



Con el paso del tiempo, las cartas dejaron de centrarse sólo en su vida carcelaria y comenzaron a convertirse en alegatos judiciales. Guzmán pidió un nuevo juicio y buscó reinterpretar algunos de los hechos que lo convirtieron en una de las figuras criminales más conocidas del mundo.
Uno de los puntos más llamativos fue su intento por reescribir el episodio del asesinato del cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo, ocurrido en 1993 en el aeropuerto de Guadalajara. Según su versión, él estuvo en el lugar equivocado y fue convertido en “chivo expiatorio”.
“Antes de ese evento, el señor Guzmán no existía para el Gobierno mexicano”, sostuvo en una carta traducida por su equipo legal.
En 2024, El Chapo también argumentó que su extradición fue irregular porque México debió enviarlo a Texas o California y no a Nueva York. Con ello buscó cuestionar la jurisdicción del tribunal que lo condenó.
La correspondencia, sin embargo, no ha logrado modificar sustancialmente su situación. Las respuestas judiciales han sido escasas o negativas, y el exlíder criminal ha seguido enviando escritos cada vez más frecuentes, algunos de ellos en un inglés confuso.
En febrero de 2025, autoridades estadounidenses detectaron que Guzmán habría logrado enviar mensajes a sus hijos, Los Chapitos, a través de sus abogados, pese a las restricciones de la prisión. Ese hallazgo reforzó la preocupación sobre su capacidad de mantener comunicación con el exterior incluso desde una de las cárceles más seguras del país.
El contexto agravó el interés de las autoridades, pues meses antes uno de sus hijos entregó a Ismael “El Mayo” Zambada a Estados Unidos, un hecho que profundizó la ruptura entre facciones del Cártel de Sinaloa y detonó una nueva ola de violencia en el estado.
En sus cartas más recientes, Guzmán Loera ha invocado la Constitución estadounidense, ha mencionado tecnicismos legales y ha dirigido peticiones a distintas autoridades, incluido el secretario de Estado y el gobernador de Nueva York.
También ha solicitado ser extraditado nuevamente y ha argumentado que la fiscalía no presentó cargos en su contra dentro de los plazos correspondientes. Sus escritos se han vuelto más insistentes, más dispersos y más urgentes.
Pero hasta ahora, la respuesta ha sido prácticamente la misma: silencio. El hombre que durante años dio órdenes, movió estructuras criminales y desafió al Estado mexicano desde la cúspide del narcotráfico, hoy escribe cartas desde una celda sin lograr que alguien cambie su destino judicial.
El Chapo no tiene quien le escriba, pero sigue escribiendo. Y en cada carta intenta borrar al narcotraficante que fue para imponer la imagen de un reo enfermo, aislado y olvidado, aunque la justicia estadounidense lo mantiene condenado como uno de los criminales más poderosos de la historia reciente.
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