El neurocientífico argentino Rodrigo Quian Quiroga presenta ‘La máquina del olvido’, una obra que desafía la idea tradicional de la memoria como simple almacenamiento, al destacar que el cerebro humano está diseñado para comprender, no para recordar todo. Basado en décadas de investigación, sostiene que el olvido es clave para el pensamiento complejo, y que los recuerdos son reconstrucciones narrativas, no registros exactos
Redacción Más
Rodrigo Quian Quiroga, neurocientífico argentino de renombre internacional, sostiene que el cerebro humano no está diseñado para recordar todo, sino para entender. En su más reciente obra ‘La máquina del olvido’, que llega a librerías este 28 de enero, el también coordinador del programa de investigación Mecanismos Neuronales de la Percepción y la Memoria del Hospital del Mar Research Institut (IMIM), explora cómo se construye la memoria y qué papel juega en la definición de la identidad humana.
De acuerdo con la entrevista publicada por el diario El País, Quian Quiroga afirma que el olvido es un proceso tan esencial como la propia memoria. “A diferencia de otros animales, una característica esencial del pensamiento humano es el olvido. Seleccionamos información, la procesamos y desechamos los detalles para enfocarnos en lo esencial”, explica. Esta capacidad de abstraer, de dejar de lado lo accesorio para captar lo fundamental, es, en su opinión, una de las principales razones por las que el ser humano puede generar ideas complejas y asociaciones de alto nivel.

Quian Quiroga saltó a la fama científica hace dos décadas con el descubrimiento de las llamadas “neuronas de Jennifer Aniston”, células del hipocampo que no responden a imágenes específicas, sino a conceptos y asociaciones abstractas. Estas neuronas serían, según su hipótesis, una de las claves de nuestra capacidad de razonamiento, entendimiento e inteligencia superior frente a otras especies.
En sus investigaciones, el neurocientífico sostiene que cada vez que evocamos un recuerdo, lo transformamos. Es decir, la memoria no es un registro exacto del pasado, sino una reconstrucción constante. “El recuerdo existe, pero en gran parte es una construcción”, señala. “Usamos el sentido común para llenar los vacíos. Recordamos fragmentos y armamos una historia con inferencias inconscientes. Y eso nos define”.
Desde su despacho en el Parque de Investigación Biomédica de Barcelona, frente a la Barceloneta, insiste en una idea provocadora: el cerebro no está orientado a almacenar datos como un disco duro, sino a comprender. “Lo que nos distingue a nosotros no es nuestra capacidad de memoria, sino nuestra capacidad de entendimiento”, afirma. Para explicar esta diferencia, pone un ejemplo histórico: no recuerda la fecha de la batalla de Chacabuco por repetición, sino porque la relaciona con otro hecho histórico –la independencia argentina–, una estrategia que ilustra su visión de la memoria como un entramado de asociaciones.
En contraste con otras especies, cuya memoria parece centrarse en detalles exactos de los hechos, el cerebro humano prioriza conceptos y abstracciones. Por ello, no se trata de tener más memoria, sino de tener un tipo de memoria que permite el pensamiento simbólico, el razonamiento complejo y, en última instancia, la conciencia. Según Quian Quiroga, hasta ahora no se han identificado neuronas de conceptos en animales no humanos, lo que lo lleva a sostener que “somos nosotros los únicos que tenemos estas neuronas que representan conceptos, abstracciones. Y eso implica olvidos. Pero también implica una inteligencia muy superior”.

El investigador también se pronuncia en contra de la idea común que vincula inteligencia con capacidad memorística. “Eso es un error garrafal. El cerebro humano no busca recordar, busca entender”, insiste. Frente a la memoria fotográfica de un algoritmo, lo que nos hace humanos, afirma, es la capacidad de olvidar lo trivial y enfocarnos en lo que importa.
A lo largo del libro, el neurocientífico también aborda preguntas filosóficas, como qué nos define como humanos, por qué no recordamos nada de los primeros años de vida –un fenómeno conocido como “amnesia infantil”, producto de un hipocampo aún en desarrollo–, y cuál es el límite entre la inteligencia artificial y la conciencia humana. Para Quian Quiroga, la gran interrogante que aún no puede resolver la neurociencia es qué necesita un algoritmo para despertar y ser consciente. “Esa es la pregunta que todavía no tiene respuesta”, concluye.
La máquina del olvido no es solo una exploración científica de la memoria, sino también una reflexión sobre la naturaleza humana, con referencias a Aristóteles, Borges, Maradona y los recuerdos personales que marcaron al autor desde su infancia. A través de esta obra, Quian Quiroga reivindica la memoria como un fenómeno dinámico, emocional, narrativo y profundamente humano.
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