15/09/26
Por Juan Ciudadano
¿Cómo se les dice a los que reculan?
Samuel García bien podría ser conocido como el gobernador de la marcha atrás, quien no recuerda el monumental ridículo con la cancelación del proyecto de la megaplanta Tesla, bueno, como dijo el doctor Simi: Lo mismo, pero más barato» ocurrió con el denominado pase turístico.
El invento ni siquiera alcanzó a entrar en vigor, estaba programado para comenzar el 21 de octubre y, después de una lluvia de críticas de empresarios, alcaldes y gobiernos vecinos, Samuel dijo que siempre no. El propio mandatario reconoció que la medida podía generar abusos por parte de agentes de tránsito y anunció su cancelación.
Qué bueno, rectificar es de sabios, aunque también sería deseable pensar antes de publicar ocurrencias en el Periódico Oficial.
El episodio resulta especialmente sabroso porque toca una fibra muy sensible de cierto sector de los habitantes de Monterrey: ese regionalismo que a veces raya peligrosamente en la xenofobia doméstica.
No todos, desde luego, pero ¿quién no ha conocido alguna vez al «regio» insoportable que habla de Monterrey como si fuera Suiza, presume que todo lo inventaron allá y mira al resto del país como si cruzando Santa Catarina comenzara el tercer mundo?
Se hacen llamar “regios”, aunque muchos son más bien montanos, y algunos cargan un tufo de superioridad que ni la contaminación de Monterrey logra disimular.
El Pase Turístico parecía diseñado precisamente para alimentar esa fantasía:
“Bienvenido a Nuevo León, presente sus documentos”.
Faltaba nada más la caseta migratoria, el agente con lentes oscuros y la pregunta:
—¿A qué viene usted a nuestra república?
Al final la realidad se impuso, los automovilistas podrán seguir entrando sin pasaporte y los regios tendrán que conformarse, por ahora, con sentirse gringos únicamente de manera espiritual.
Gánem y las preguntas
Mucho más delicada resulta la detención de José Elías Gánem Guerrero, exsecretario del Ayuntamiento de Torreón.
La Fiscalía General de la República lo detuvo junto con Martha Esther Rodríguez Romero, quien hasta principios de septiembre encabezaba el Centro de Justicia Municipal y anteriormente estuvo al frente del Tribunal de Justicia Municipal. La causa penal difundida públicamente incluye señalamientos por presuntas operaciones con recursos de procedencia ilícita y delincuencia organizada.
Y el nombre de Martha Rodríguez trae inevitablemente a la memoria otro asunto.
Cuando estaba al frente de esa estructura municipal ocurrió la muerte de Christian Hernán Pérez Rentería, el joven de 24 años que fue detenido después de un incidente en el bar Mr. Rabbit y posteriormente llevado al Centro de Justicia Municipal.
Chris entró consciente, después fue trasladado gravemente herido a un hospital donde, según la increible versión oficial murió por un traumatismo craneoencefálico.
La Fiscalía estatal terminó sosteniendo que la lesión mortal habría sido producto de una caída dentro de las celdas, descartó perseguir el caso como homicidio y dejó únicamente abiertas posibles responsabilidades administrativas.
Meses después, Más, el periódico digital de Coahuila todavía documentaba dudas sobre el caso e incluso solicitudes para conocer si la FGR lo había atraído. La dependencia federal se negó a confirmar o negar públicamente esa intervención.
Es decir, aclarado, aclarado, lo que se dice aclarado, no está.
Ahora Martha Rodríguez aparece detenida en otro expediente federal, eso no significa, desde luego, que ambas historias estén relacionadas, pero tampoco ayuda a disipar las sombras alrededor de aquella administración municipal.
Y hay otro dato que circula entre quienes conocen la política lagunera: aparentemente Gánem habría tenido influencia sobre cuando menos un medio digital utilizado para difundir información particularmente agresiva contra adversarios del gobierno encabezado por Román Alberto Cepeda.
Hasta ahora esa versión no está suficientemente documentada para afirmarla como hecho, pero después de una detención de este tamaño sería bastante lógico revisar quién operaba esos medios, quién los financiaba y de dónde salían sus líneas editoriales.
Porque cuando empieza a jalarse un hilo, nunca se sabe hasta dónde llega la madeja.
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