Apuntes para el insomnio
Por Manuel Fragoso Álvarez
En el Saltillo de los 70s llovía casi todos los días durante los meses de abril, mayo y junio. Ahí, donde ahora se encuentran dos tiendas departamentales, justo enfrente de la comandancia de policía por el parque las maravillas, había una presa con agua suficiente para regar los campos labrantíos del norte de la ciudad, recuerdo que había muchos árboles en sus alrededores y fue ahí, en ese lugar donde vi por primera vez esas pequeñas garzas canadienses que hoy en día llegan aún a la ciudad deportiva, posándose en los árboles del lugar que en lugar de verse verdes se tornan blancos.
En la colonia Landín de esta ciudad de Saltillo, corría un arroyo no de gran caudal, pero cuando llovía, con toda el agua que baja de la sierra, las “venidas” eran tan fuertes que arrastraba todo a su paso. Y como siempre había agua, la gente iba a lavar sus coches y algunas personas hasta su ropa.
En la Colonia San Lorenzo, allá al sur de la ciudad corría por el centro de la calle una acequia y su agua recorría muchas calles, bajaba por la calle de Purcell y seguía no sé hasta dónde. En tiempos de tejocotes o nueces, sus aguas llevaban estos frutos y nosotros los tomábamos recién caídos. Y cómo dejar de mencionar la acequia que corría atravesando la Aurora, los Gonzáles, los Silleres y los árboles de membrillos, manzanas y perones que colgaban a su deriva y que alcanzábamos sin mucho batallar.
Pero entonces la ciudad no era tan grande, al norte llegaba hasta el Ateneo Fuente, al sur hasta el J. Mery, el Ojo de Agua, la Bellavista, al poniente la colonia Panteones y al oriente hasta la calle de Abasolo, y por la hoy entrada a la Colonia Zaragoza eran ya los límites de la ciudad. Por ahí bajaba un pequeño arroyo en el cual los niños se metían a nadar.
Y lo que no logramos entender es que los mantos acuíferos que había en ese entonces satisfacían plenamente las necesidades de una población creciente pero pequeña, más en ese afán de confundir lo grandioso con lo grandote, las empresas constructoras, (que todos sabemos a quiénes pertenecen) empezaron a hacer casas y más casas. Colonias por allá y por acullá, pero sin planificación urbana alguna. Y llegó el caos, los primeros avisos llegaron cuando las presas llegaron a su nivel más bajo en muchos años.
A nivel global, nuestro planeta está pasando por algo que las naciones han dado en llamar “la crisis del agua”. Tardíamente nos hemos dado cuenta que el agua no se puede fabricar, y que nuestros suministros se están agotando, no deja de ser un tanto irónico el hecho de que en un planeta que está constituido por un 70% de agua, lo seres vivos no cuenten con la suficiente agua potable para beber. A pesar de alto porcentaje, el agua dulce que hay en la tierra, solamente representa un pequeñísimo 3% del suministro de agua, y de ese 3% solamente un 1% es líquida y el resto está convertido en hielo o sea icebergs y glaciares. El total de personas que habitamos este planeta, (8,231,613,070 a julio de 2025) bebemos el agua de todos los ríos, arroyos, lagos, acuíferos y aguas subterráneas y éstas constituyen el 1% del total de agua en el planeta.
Ya en alguna de esas películas postapocalípticas se habla de la importancia del agua, por ejemplo, en El libro de los secretos, se intercambian cosas de “valor” por lo verdaderamente importante: el agua y las personas son capaces de matar y morir por ella. En otro film llamado Cuando el destino nos alcance, (¡filmada en 1973!) hacen la misma referencia acerca de las necesidades de los seres humanos por este “vital” líquido.
La escasez de agua constituye uno de los principales desafíos del siglo XXI, a lo largo del último siglo, el uso y consumo de agua creció a un ritmo dos veces superior al de la tasa de crecimiento de la población por lo que va en aumento el número de regiones con niveles crónicos de carencia de agua. ¿Habrá suficiente agua potable en el planeta para abastecer a los casi ya 9 mil millones de personas que lo habitamos? Tal vez, pero desgraciadamente ésta se desperdicia, o está contaminada y no está correctamente distribuida. Aún hay suficiente agua para todos, pero solo si la mantenemos limpia, la usamos prudentemente y la compartimos equitativamente.
Desafortunadamente no todos tenemos conciencia social y no pensamos en los demás, desperdiciamos agua a raudales y entre las fugas, (que ni el Manchas de medio millón detecta) las albercas de las casas “fifis”, señores que lavan coches y banquetas con la manguera, norias clandestinas como las de la colonia Provivienda y pues así no se va a poder. Aunado a todo lo anterior, leemos que en una investigación realizada por el periódico digital Más y con datos del Registro Público de los Derechos del Agua, se encontró que varias colonias residenciales del norte de la ciudad, tienen concesionados tres pozos donde pueden extraer hasta 529 mil metros cúbicos de agua al año para uso “agrícola”. ¿Es esto justo?
La falta de agua nos afecta a todas las personas, no importa en qué lugar se viva en el mundo pues el agua es la base de toda actividad humana. Según un reporte de uno de los diarios más influyentes de los Estados Unidos: Durante las dos últimas décadas, varios de los países con mayor población, como China, India, EE. UU y otros como Arabia Saudita y Siria, han sobreexplotados tanto sus mantos acuíferos que sus pozos se encuentran en estado crítico.
La ONU hace la observación de que la sobreexplotación, la contaminación y los efectos del cambio climático pueden disminuir la disponibilidad de agua y esto no es mera ficción, estamos ante una crisis real y como tal hay que tratarla. ¿Tendremos tiempo aún de rescatar nuestra ciudad y el planeta?, tal vez sí, pero tenemos que hacer hasta lo imposible por mejorarlo, o si no atenernos a las consecuencias.
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