El céntrico espacio verde se ha vuelto un lugar inseguro debido a la falta de iluminación, lo que propicia delitos y conductas de riesgo. En el lugar hay por lo menos 60 luminarias que no encienden
Por Héctor García Álvarez
Saltillo, Coahuila, 23/04/25 (Más).- La Alameda Zaragoza, el lugar que alguna vez fue un punto de encuentro familiar y un ícono verde del Centro de Saltillo, hoy se encuentra envuelta en penumbras, descuido y una creciente sensación de inseguridad.
El corazón natural e histórico de la ciudad enfrenta una serie de problemáticas que van desde la falta de luminarias hasta la presencia constante de personas bajo el influjo de drogas, episodios de acoso y un comercio desregulado de comida chatarra, impulsado por la presencia de vendedores ambulantes que afecta a los jóvenes.
El pasado martes 22 de abril se realizó una investigación de campo durante la tarde y la noche con el objetivo de verificar las condiciones actuales del lugar. El recorrido reveló aproximadamente 60 luminarias apagadas, rotas o completamente ausentes y, además, las que están encendidas proporcionan una tenue luz.

Esta situación se agrava en zonas donde no existe ningún tipo de iluminación, lo que propicia situaciones de riesgo como robos, acoso y consumo de sustancias ilícitas, amparados por la oscuridad.
Un vendedor ambulante de la zona, quien por temor pidió no ser identificado, explicó que las personas dejan de pasar por la Alameda después de las 8:30 o 9:00 de la noche. Comentó que la zona se oscurece demasiado y que la gente se siente insegura. Relató que acosan tanto a mujeres como a hombres, y que no se sabe cómo pueden reaccionar si alguien intenta intervenir. También señaló que en ocasiones hay gritos y se sienten las miradas que vigilan.
En las zonas más oscuras de la Alameda se ha observado a jóvenes inyectándose drogas en las bancas, aprovechando la falta de iluminación para evitar ser detectados. Esta situación ha generado una creciente preocupación entre quienes frecuentan el lugar. Algunos señalaron que es común encontrar residuos de estas actividades, como agujas usadas, aunque durante el reporteo de esta nota no se encontró evidencia directa.
“Es peligroso porque los niños juegan en estos espacios y, sin saberlo, pueden encontrar una aguja, lo que pone en riesgo su salud y los expone a infecciones graves”, señaló María Rodríguez, madre de familia.
La señora Rodríguez explicó que, pese a la caseta de vigilancia que hasta hace poco se ubicaba en Victoria y Guillermo Purcell, no se observan cambios ante situaciones de riesgo. Hizo énfasis en casos de robo y acoso en los que los policías solo hacen acto de presencia cuando ya se han escuchado gritos, en lugar de patrullar preventivamente por la zona.
Una de las vendedoras ambulantes que trabaja en la Alameda narró un caso en el que hombres son tocados por otros hombres en los baños, situación que, según informó, se repite los fines de semana. También mencionó otro incidente en el que una mujer de edad avanzada fue despojada de su bolso con todas sus pertenencias. Al acudir a pedirle ayuda, la vendedora explicó que la mujer describió a dos hombres como los responsables, pero prefirió no involucrarse.
Otro fenómeno preocupante que ha sido reportado es el de estudiantes que se citan para enfrentarse en peleas durante la noche, aprovechando la falta de iluminación en ciertos puntos de la Alameda. La oscuridad facilita que se reúnan sin ser detectados, mientras otros jóvenes graban o alientan los enfrentamientos.
“Es muy feo pensar en que los niños se aprovechan de lo que pasa aquí y se reúnen para golpearse donde no hay luz, deberíamos estar más al pendiente porque podría pasar algo grave”, explicó la señora María.
A esta situación se suma la presencia constante de personas en estado de ebriedad que salen de los bares y cantinas cercanas, especialmente durante las noches de fin de semana, según señaló un vendedor ambulante. Muchos de ellos cruzan por la Alameda para dirigirse a otras zonas del centro o simplemente se quedan bebiendo en las bancas del parque, en ocasiones realizando actos indebidos. A pesar de su valor histórico y su ubicación central en Saltillo, la Alameda Zaragoza atraviesa un proceso de deterioro visible que ha transformado tanto su función como la forma en que es percibida por la comunidad. La falta de mantenimiento, la vigilancia deficiente y la acumulación de situaciones de riesgo han convertido este espacio en un punto crítico, especialmente durante las horas en que la ausencia de luz natural deja expuesta su vulnerabilidad.
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