Ciudad de México, 17/10/26 (Más).- Estados Unidos ha retomado métodos tradicionales de ejecución, como el pelotón de fusilamiento y la silla eléctrica, y ha incorporado alternativas como el gas nitrógeno, en medio de las controversias por procedimientos fallidos de inyección letal y el renovado respaldo del presidente Donald Trump a la pena de muerte. La discusión volvió al centro de la atención pública tras el caso de una mujer cuya ejecución no pudo completarse y el anuncio, posteriormente descartado, de transmitir en directo un fusilamiento militar.
De acuerdo con información publicada por la BBC Mundo, el debate sobre los métodos de ejecución se intensificó después de que el secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, anunciara que el Ejército retransmitiría en directo la ejecución por fusilamiento de Nidal Hasan, expsiquiatra militar condenado por matar a 13 soldados estadounidenses desarmados en la base de Fort Hood, Texas, en 2009. El presidente Donald Trump posteriormente descartó esa posibilidad tras el rechazo público.
La ejecución de Hasan representaría el primer uso de un pelotón de fusilamiento por parte del Ejército estadounidense desde 1945. Aunque el método se ha utilizado históricamente en contextos militares, actualmente varios estados permiten recurrir a él para aplicar la pena capital a personas condenadas por delitos graves.
El anuncio se produjo después del intento fallido de ejecución mediante inyección letal de Christa Pike, una mujer condenada por asesinar a una compañera de clase. Según sus abogados, Pike fue trasladada a un hospital y, diez días después, recibió el alta médica y regresó a prisión tras recuperarse del procedimiento.
El caso reavivó las preguntas sobre la seguridad y la efectividad de los métodos utilizados por las autoridades penitenciarias. De acuerdo con el Centro de Información sobre la Pena de Muerte, organización estadounidense que analiza la aplicación de esta sanción, se han documentado 64 ejecuciones fallidas en los últimos 50 años, de un total de mil 683 procedimientos. De esos casos, 51 correspondieron a intentos mediante inyección letal.
La inyección letal se convirtió en el método predominante en Estados Unidos desde que se utilizó por primera vez en Texas, en 1982. Su adopción respondió, en parte, a la percepción de que representaba una alternativa menos violenta que otros procedimientos anteriores; sin embargo, especialistas cuestionan esa idea y advierten que también puede provocar sufrimiento prolongado.
El médico Joel Zivot, profesor de anestesiología y cirugía en Atlanta, explicó a la BBC que determinados fármacos empleados en las inyecciones letales pueden provocar edema pulmonar, una acumulación de líquido en los pulmones que genera dificultades respiratorias y una sensación de asfixia.
En el caso de Pike, sus abogados señalaron que la mujer padecía trombocitosis y otros problemas de salud que, según advirtieron, podían complicar el procedimiento. También describieron que durante el intento de ejecución se escuchaban llantos y dificultades para respirar.
Robin Maher, directora ejecutiva del Centro de Información sobre la Pena de Muerte, atribuyó algunos fallos a la capacitación insuficiente del personal, al almacenamiento inadecuado o la caducidad de los medicamentos y al uso de combinaciones farmacológicas que no habían sido probadas previamente. La información sobre la preparación de los equipos que participan en las ejecuciones suele ser limitada, debido a las restricciones de transparencia de algunas jurisdicciones.
A estas dificultades se suma la disponibilidad de los fármacos. Diversas compañías farmacéuticas se niegan a suministrarlos para ejecuciones, ya que fueron desarrollados con fines médicos y terapéuticos. Esta situación ha llevado a algunos estados a buscar procedimientos alternativos para cumplir las sentencias de muerte.
Gas nitrógeno y silla eléctrica, entre las alternativas
Alabama y Luisiana han realizado ejecuciones mediante gas nitrógeno, mientras que Arkansas, Misisipi y Oklahoma también autorizan ese método. El procedimiento consiste en administrar nitrógeno para provocar la falta de oxígeno y la muerte del condenado.
Alabama utilizó este sistema en enero de 2024 para ejecutar a Kenneth Eugene Smith, después de que un intento previo de inyección letal, realizado en 2022, no pudiera completarse. Según testimonios recogidos por la BBC, la ejecución con gas nitrógeno duró aproximadamente 25 minutos y estuvo acompañada de movimientos violentos y convulsiones.
Desde la introducción de este método, Alabama ha ejecutado a siete personas mediante la administración de nitrógeno, de acuerdo con los datos incluidos en el reportaje. Especialistas han cuestionado el procedimiento por la incertidumbre sobre el sufrimiento que puede provocar y por las dificultades para garantizar una muerte sin complicaciones.
La silla eléctrica también ha vuelto a formar parte de las opciones legales en distintos estados. Hasta 2026, nueve estados estadounidenses autorizaban este método, que en Carolina del Sur constituye la forma predeterminada de ejecución.
Su historial incluye casos en los que el procedimiento provocó escenas de extrema violencia. En 1997, durante la ejecución de Pedro Medina en Florida, la cabeza del condenado se incendió, un incidente que fue descrito por su abogado, Mike Minerva, en declaraciones citadas por Los Angeles Times.
Los fusilamientos tampoco están exentos de errores. Mikahl Mahdi, ejecutado por un pelotón de tres personas en 2025 tras ser condenado por el asesinato de un policía fuera de servicio en 2004, habría sufrido una muerte prolongada, según sus abogados, debido a que los disparos no alcanzaron directamente su corazón y lesionaron otros órganos.
En julio de 2026, Idaho se convirtió en el primer estado en establecer el pelotón de fusilamiento como método principal de ejecución, tras los problemas registrados con las inyecciones letales. Misisipi, Oklahoma, Utah y Carolina del Sur también permiten este procedimiento.
La horca, que fue el principal método de ejecución en Estados Unidos hasta la década de 1890, no está autorizada actualmente en ningún estado. Maher explicó a la BBC que su asociación histórica con la violencia racial y los linchamientos constituye uno de los factores que han impedido su reincorporación a las leyes estatales.
Trump reactivó las ejecuciones federales
El regreso de métodos tradicionales coincide con el respaldo de Trump a la pena capital. Al regresar a la presidencia en 2025, el mandatario restableció las ejecuciones federales, después de que la administración de Joe Biden impusiera una moratoria en 2021.
En una orden ejecutiva, el gobierno de Trump defendió la pena de muerte como una herramienta para castigar y disuadir los delitos considerados más graves. El presidente también ha solicitado ampliar su aplicación a grandes narcotraficantes, traficantes de personas y responsables de asesinatos de policías.
Según Maher, desde que Trump comenzó a manifestar su respaldo a la pena capital se ha registrado una mayor actividad legislativa en varios estados para autorizar o recuperar métodos de ejecución distintos de la inyección letal.
En los últimos 50 años, las personas ejecutadas en Estados Unidos habían sido condenadas por asesinato, aunque históricamente la pena de muerte también se aplicó a delitos como la violación.
Consultado sobre si el intento fallido de ejecución de Pike debería motivar cambios en los procedimientos, Trump no respondió directamente y afirmó que el método de ejecución no debería ser difícil.
La controversia mantiene abierto el debate sobre la aplicación de la pena capital en Estados Unidos, tanto por los errores registrados durante los procedimientos como por las dificultades para garantizar que las ejecuciones se realicen sin sufrimiento. Mientras las autoridades buscan alternativas, especialistas y organizaciones que estudian el sistema advierten que ningún método está completamente libre de fallos.
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