Por Zitamar Arellano Trueba
Tener agua y alimentos suficientes para pasar varios días sin salir de casa vuelve a ocupar un lugar en los mensajes oficiales. El Reino Unido lanzó el 22 de octubre una campaña para que sus habitantes puedan afrontar tres días de interrupciones de servicios; Japón anunció un nuevo exhorto para reforzar las reservas familiares ante desastres, y Estados Unidos impulsa un programa para que sus instalaciones militares mantengan operaciones aunque fallen las redes civiles y el abastecimiento exterior. Las medidas responden a riesgos diferentes, desde tormentas y terremotos hasta ciberataques, sabotaje y conflictos armados.
La campaña británica Be Ready, presentada por la Oficina del Gabinete y el ministro de Seguridad, Dan Jarvis, recomienda almacenar agua embotellada y alimentos no perecederos para 72 horas. Su justificación inmediata son las emergencias capaces de dejar a las familias sin electricidad, agua, telefonía o internet.
En Japón, el ministro encargado de prevención de desastres, Goshi Hosono, pidió preparar agua, alimentos y sanitarios portátiles para un mínimo de tres días y, preferentemente, una semana. Ante las interpretaciones que provocó la palabra “urgente”, aclaró que el llamado no surgía de información que permitiera anticipar un desastre específico.
En Estados Unidos, el programa militar FORTRESS busca reducir la dependencia de las bases respecto de infraestructura y proveedores vulnerables. En declaraciones publicadas el 30 de octubre por Breaking Defense, Dale Marks, responsable de energía, instalaciones y medio ambiente del Pentágono, señaló que se están exigiendo reservas para 90 días de piezas críticas, combustibles, propulsores y municiones. Para el suministro eléctrico habló de capacidades de 30, 60 o incluso 90 días, según las instalaciones. El objetivo es mantener operaciones ante ataques, apagones o rupturas de las cadenas de suministro; ante una eventual crisis en territorio estadounidense o una guerra en varios
La cercanía de estos anuncios alimentó preguntas sobre lo que podría estar por ocurrir. El exsubdirector del FBI Dan Bongino contribuyó a amplificar la discusión. En su podcast del 26 de octubre pidió tomar en serio las advertencias, preparar alimentos, baterías, radio y medios para disponer de agua segura. También relacionó la preparación de las bases con la necesidad de proteger los hogares. En sus intervenciones circuló una referencia a 30 días de preparación, muy superior a los tres días solicitados oficialmente por el Reino Unido. Su exhorto fue un comentario de un exfuncionario, no una nueva disposición gubernamental estadounidense.
Algunos titulares trasladaron esa preocupación al terreno de una posible confrontación mundial. El 29 de octubre, el periódico coahuilense Zócalo publicó una nota encabezada “¿Guerra o crisis global?” sobre los llamados a acumular víveres y agua. Un día antes, W Radio presentó las recomendaciones europeas y japonesas con una referencia a “guerras mundiales”. Son ejemplos de cómo mensajes de protección civil se incorporaron a una conversación marcada por el temor a un conflicto mayor.
La inquietud puede surgir incluso antes de que una campaña salga a la calle. En Irlanda, documentos obtenidos por The Journal muestran que los responsables del programa Be Emergency Ready retiraron la referencia expresa a 72 horas después de evaluar posibles reacciones de ansiedad. Algunas personas interpretaban el mensaje como indicio de que el gobierno sabía algo que no estaba diciendo. El folleto finalmente publicado recomienda suministros suficientes, sin fijar días, y recuerda que las autoridades seguirán prestando ayuda.
Pero, por si la inquietud fuera poca, hay que saber que desde 2025 se han lanzado campañas de preparación en varios países. Aunque no existe un registro mundial único que permita presentar todos los anuncios, las listas difundidas estos días reúnen instrucciones nacionales, orientaciones regionales y consejos permanentes de protección civil.
El siguiente recuento identifica los países y las diferencias comprobadas. Las cantidades corresponden a reservas domésticas o equipos de emergencia, salvo donde se indica el caso militar.
En Europa, las recomendaciones varían entre tres días y dos semanas de preparación doméstica. Además del llamado del Reino Unido, Bélgica presentó el 1 de octubre una guía para preparar un kit y un plan familiar, apoyada en la experiencia de la pandemia, inundaciones, tormentas, calor e incendios. Irlanda, cuya campaña comenzó en agosto, recomienda mantener suficientes productos esenciales ante tormentas, inundaciones, ciberataques y problemas de suministro, aunque su folleto final no establece cuántos días deben durar.
Otros gobiernos europeos fortalecieron sus campañas durante 2025. Países Bajos presentó en noviembre un folleto para afrontar 72 horas sin servicios habituales, ante apagones, ataques digitales e inundaciones. Francia publicó ese mismo mes una guía con un kit de 72 horas frente a riesgos naturales, ciberataques y otras crisis. Alemania actualizó en octubre sus orientaciones para reunir reservas de hasta diez días. Polonia difundió un manual que recomienda suministros para un mínimo de tres días ante emergencias y escenarios de guerra, mientras Chequia impulsó su proyecto de 72 horas para responder a inundaciones, incendios y grandes interrupciones de servicios.
En los países nórdicos, varias instrucciones son anteriores. Suecia actualizó en 2024 su folleto sobre crisis y guerra y recomienda cubrir las necesidades básicas durante una semana. Noruega amplió ese año de tres a siete días su orientación para enfrentar fallas de infraestructura y crisis prolongadas. Dinamarca aconseja tres días desde junio de 2024, considerando fenómenos extremos, sabotaje, ciberataques y accidentes. Finlandia mantiene una recomendación de al menos tres días para permitir que las autoridades concentren inicialmente la ayuda en los más vulnerables.
Estonia recomienda reservas para una semana ante interrupciones de servicios y otras crisis de seguridad. Letonia y Lituania plantean al menos 72 horas: la primera incluye amenazas militares y desastres; la segunda destaca posibles fallas de electricidad, transporte, comercio y abastecimiento. En Austria, protección civil recomienda reservas para diez a catorce días. Suiza aconseja alimentos para aproximadamente una semana y una reserva mínima de nueve litros de agua por persona para cubrir interrupciones temporales del suministro. Croacia, por su parte, contempla en el kit oficial consultado alimentos y agua para al menos dos días en caso de evacuación.
La Unión Europea dio un marco común a estos esfuerzos el 26 de marzo de 2025, cuando presentó una estrategia para promover la autosuficiencia de la población durante al menos 72 horas ante riesgos naturales, sanitarios, tecnológicos y de seguridad. La iniciativa no significa que todos sus integrantes hayan emitido simultáneamente una nueva instrucción nacional.
En América, Estados Unidos recomienda a los hogares suministros para varios días ante desastres e interrupciones de servicios. Canadá mantiene una orientación de al menos 72 horas frente a inundaciones, terremotos, tormentas y otras emergencias. México ha difundido desde años anteriores recomendaciones para preparar una mochila familiar de 72 horas, principalmente ante sismos y otros desastres como huracanes e inundaciones.
Chile recomienda provisiones para 48 a 72 horas frente a desastres y pérdida de servicios básicos. En Colombia existen diferencias entre autoridades: Bogotá aconseja un kit de 72 horas y una guía nacional contempla cinco días. Argentina incluye agua y alimentos para un día en la página nacional consultada sobre equipos de evacuación. En Brasil, autoridades estatales recomiendan preparar agua, alimentos, documentos y medicamentos, sin que se haya comprobado un plazo uniforme para todo el país.
En Asia, Japón aconseja suministros para al menos tres días y preferentemente una semana, por la posibilidad de grandes desastres que retrasen la ayuda. Taiwán publicó en septiembre de 2025 una guía que distingue entre reservas domésticas de siete días y una mochila de evacuación de uno a tres días. En Israel, autoridades locales reproducen recomendaciones para permanecer hasta 72 horas en espacios protegidos ante hostilidades. India promueve equipos con alimentos, agua y medicamentos, con plazos que cambian según la autoridad y el peligro; Filipinas recomienda una mochila para tres días, y Singapur impulsa su denominada Ready Bag, que contempla agua y alimentos secos para emergencias y evacuaciones.
En Oceanía, Nueva Zelanda recomienda alimentos y agua para un mínimo de tres días, ampliables ante el riesgo de aislamiento o interrupción de servicios. En Australia, Queensland plantea suministros para tres días frente a tormentas, inundaciones y ciclones, aunque las orientaciones varían entre regiones. En Sudáfrica, autoridades locales y provinciales aconsejan preparar equipos, agua y medicamentos frente a inundaciones, calor extremo y fallas de servicios.
La comparación muestra que no todos recomiendan las mismas cantidades ni actúan por la misma amenaza. Tampoco las 72 horas constituyen una promesa de que cualquier crisis terminará al cuarto día, sino que representan un margen inicial para que las familias cubran necesidades mientras se organiza la respuesta.
Los avisos aparecen en un panorama que reúne guerras, tensiones militares, daños ambientales, brotes y presiones económicas. Al revisar noticias de todo el mundo se encuentran casos como la evacuación humanitaria de Oleshki, en Ucrania; la erupción del Mayón, en Filipinas, y el avance del ébola en la República Democrática del Congo.
En Oleshki, una tregua localizada permitió entregar alimentos y medicinas y evacuar habitantes de una ciudad afectada por escasez y caminos peligrosos. La operación no significó el final de la guerra. Es una muestra concreta de cómo un conflicto puede convertir el acceso a productos cotidianos en una necesidad humanitaria urgente.
Las tensiones en Oriente Medio también tienen efectos más allá del campo de batalla. En sus conclusiones de octubre, los líderes europeos advirtieron del riesgo de interrupciones duraderas en las cadenas de energía, fertilizantes y alimentos.
En el ámbito climático, la Organización Meteorológica Mundial advirtió el 21 de octubre que el fortalecimiento de El Niño puede agravar sequías, lluvias extremas, inundaciones y calor. El fenómeno es una oscilación natural que actúa sobre un planeta que se ha calentado. Sus efectos pueden presionar cultivos, agua y servicios de salud, especialmente donde ya existen conflictos o desplazamientos.
Los peligros geológicos siguen su propia dinámica. El 30 de octubre, una erupción del Mayón llevó a las autoridades filipinas a elevar la alerta y recomendar evacuar su zona de peligro de seis kilómetros. No todos los desastres responden al cambio climático, aunque sus consecuencias puedan coincidir y exigir recursos al mismo tiempo. Erupciones volcánicas y sismos han estado a la orden del día en múltiples países y de manera cada vez más visible.
En salud, el brote de ébola del Congo superó las cinco mil muertes, según datos gubernamentales recogidos por Reuters. Los conflictos, la detección tardía y los servicios sanitarios desbordados han dificultado su control. Eso no significa que todos los países enfrenten el mismo riesgo de contagio; sí demuestra cómo una emergencia sanitaria empeora cuando coincide con otras vulnerabilidades.
La economía añade otra presión. El FMI proyecta que el crecimiento mundial se desacelere a 3.1% en 2026 y que la inflación global alcance 4.7%. Entre los riesgos menciona la escalada de conflictos, nuevas tensiones comerciales y debilidades fiscales. No pronostica una paralización económica mundial, pero describe un entorno donde las crisis del costo de vida reducen el margen de las familias para enfrentar imprevistos.
La preparación doméstica no es ajena a México. Cenapred publicó, por ejemplo, el 15 de noviembre de 2019 una recomendación para que la mochila familiar incluyera alimentos, medicinas, baterías y abrigo suficientes para las primeras 72 horas posteriores a un desastre. El argumento era poder cubrir necesidades cuando se dañan instalaciones o resulta difícil acceder a servicios.
Hay mensajes recientes. El 19 de septiembre de 2026, la Secretaría de Agricultura volvió a recomendar agua y alimentos ligeros, duraderos y sin necesidad de refrigeración. El 30 de octubre, Protección Civil de la Ciudad de México difundió un exhorto para preparar la Mochila de Vida con suministros para 72 horas después de una emergencia o sismo.
El país está expuesto a sismos, huracanes, inundaciones, sequías, incendios y erupciones, además de accidentes y contaminación. La amenaza concreta depende de cada lugar. Conocer los riesgos de la colonia, las rutas de evacuación y los refugios resulta tan necesario como guardar una despensa. Afortunadamente hasta ahora los llamados en nuestro país corresponden a protección civil; no acreditan una instrucción nacional nueva para acumular víveres ante una guerra inminente.
Guardar agua y alimentos permite ganar tiempo para tomar decisiones, atender a la familia y ayudar a alguien más. Su utilidad depende también de tener información confiable, conocer a los vecinos y saber cuándo permanecer en casa o evacuar.
La enseñanza de estas advertencias es que la vida cotidiana depende de servicios que pueden interrumpirse, pero también que sus consecuencias pueden reducirse. Como señaló la Organización Meteorológica Mundial en su llamado de octubre, los fenómenos extremos no tienen por qué convertirse inevitablemente en emergencias humanitarias o pérdidas de vidas. Hoy ya existen conocimientos, alertas y medidas para proteger a la población.
Una despensa organizada, un tratamiento protegido y una comunidad que sabe cuidarse no resuelven todos los peligros. Sí pueden cambiar la manera de atravesarlos. Prepararse desde la calma deja más espacio para la solidaridad cuando llega la dificultad.
México no está en guerra, pero es quizá uno de los países más asediados por desastres naturales y es a lo que estamos acostumbrado. Sin embargo, sigue en el aire la respuesta a una pregunta fundamental: ¿Por qué los llamados de los países a sus poblaciones para tomar medidas de acopio se han dado tanto en el último año? Soy de los que cree que, efectivamente, los gobiernos y las grandes empresas saben algo que no nos han dicho.
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