Por Francisco Ortiz Pincheti
Me temo que Claudia Sheinbaum Pardo dejará pasar la gran oportunidad de asumir las culpas de Morena y emprender, por fin, un saneamiento a fondo de ese movimiento fundado por Andrés Manuel López Obrador, cuyas entrañas están sumidas en la corrupción.
Puede la Presidenta cambiar la bandera demagógica y electorera de la defensa de la soberanía ante una amenaza externa inexistente por la de la honestidad verdadera, cabal, y atender la insólita exigencia del Senador morenista Higinio Martínez Miranda, actual presidente del Senado mexicano, de impulsar y encabezar una verdadera cruzada anticorrupción con medidas “más enérgicas y contundentes”, luego del escándalo que culminó por ahora con la renuncia de la presidenta del Instituto Nacional Electoral (INE), Guadalupe Taddei Zavala. Es la autocrítica.
Sin embargo, la mandataria que primero advirtió que “no debe haber sombra de corrupción en ningún lado del país, tampoco en el INE”, ahora parece inclinarse por la vía propuesta por el también Senador morenista Gerardo Fernández Noroña, el impresentable, de deslindar a la hoy expresidenta del INE de su partido y a la vez desviar el tema hacia la falacia de que la corrupción en el órgano electoral viene de atrás, desde hace al menos 20 años. A través de una transmisión en redes sociales, el controvertido legislador calificó los cuestionamientos contra Taddei Zavala como una “campaña ruin” de la derecha y el neofascismo sectores que, afirmó, buscan debilitar la credibilidad de la autoridad electoral a meses de las elecciones de 2027. Es el cinismo.
Malo que Claudia secunde las intenciones de deslindar a Morena del escándalo en el INE, al marcar una supuesta distancia con la expresidenta del organismo, cuando se sabe que ésta fue públicamente avalada por el expresidente López Obrador, que aseguró que se trataba de una persona “honesta y confiable”, cuando fue impuesta en el cargo y cuando están las evidencias de que Taddei Zavala era absolutamente incondicional del gobierno de la autollamada Cuatroté.
Su gestión al frente del INE quedó marcada por una incondicionalidad total hacia el gobierno, dinamitando desde las entrañas la autonomía del arbitraje electoral. La ruptura deliberada del orden legal comenzó la noche misma del 2 de junio de 2024, día de la elección federal: en abierta violación al Reglamento de Elecciones (Art. 356), la consejera presidenta utilizó la Cadena Nacional del Conteo Rápido para proyectar un rango de curules en el Congreso, invadiendo las facultades de los Cómputos Distritales (Arts. 297 a 312 de la LGIPE) antes del conteo acta por acta y vulnerando la reserva de asignación que la Ley (Art. 54) sujeta a la resolución de impugnaciones. Con este albazo mediático, Taddei Zavala pisoteó los principios de certeza y objetividad del Artículo 41 constitucional para sembrar la narrativa de un hecho consumado, avalando semanas después el retorcimiento del tope del ocho por ciento por partido individual que entregó una indebida mayoría calificada a Morena y sus aliados. Como recompensa a esa subordinación, la mayoría oficialista en el Congreso aprobó reformas a la LGIPE que le otorgaron «superpoderes» unipersonales, desmantelando el carácter colegiado del instituto al permitirle nombrar directores, mandos ejecutivos y asignar contratos a su libre arbitrio sin requerir el voto aprobatorio del Consejo General.
Ese sometimiento al guion oficialista se profundizó durante el atropellado proceso de “elección” de jueces y magistrados de 2025. Lejos de garantizar equidad, el INE respaldó la farsa comicial validando listas de aspirantes abiertamente alineados al régimen y normalizando trampas estructurales como el uso masivo de «acordeones» promovidos por el oficialismo para dirigir el voto. En cada decisión crucial —desde la fiscalización de recursos hasta la organización operativa— el órgano electoral actuó como una oficialía de partes del Ejecutivo. La sumisión llegó a su fin en octubre de 2026, cuando Taddei dimitió cercada por las carpetas de investigación de la Auditoría Superior de la Federación (ASF) por desvíos, presunto conflicto de interés y anomalías en las contrataciones administrativas realizadas bajo el amparo de facultades extraordinarias que le otorgó la mayoría morenista a cambio de su incondicionalidad.
Y eso, por supuesto, debe tenerlo bien claro la Presidenta Sheinbaum Pardo, que ahora pide auditar no sólo la gestión de la renunciante sino también la de su antecesor, Lorenzo Córdova Vianello, –el eternamente odiado por AMLO–, como una manera de diluir la responsabilidad de su protegida.
En contraste con la propuesta mentirosa de Fernández Noroña para de hecho exculpar a la expresidenta del INE, el presidente del Senado asumió de manera insólita la realidad actual del movimiento iniciado por López Obrador para proponer una batalla verdadera contra la corrupción en el mismo. En medio de las acusaciones de corrupción y tráfico de influencias que inevitablemente alcanzan a Morena y sus cómplices, Martínez Miranda destacó que se tiene que ir a fondo en contra de esas prácticas que no sólo persisten en el órgano electoral sino también en gobierno estatales y municipales.
En conferencia de prensa, criticó que como ocurrió en el caso del INE, sean los medios de comunicación los que presenten los hechos de corrupción y no como debiera ser los órganos internos de control y de fiscalización de las entidades públicas. También estimó que debe modificarse el Sistema Nacional Anticorrupción porque actualmente “no sirve para nada, sirve nada más para que una bola de inútiles esté cobrando dinero”. Como se encuentra en la actualidad es para reírse. “Da vergüenza”, enfatizó.
Martínez Miranda, cuya trayectoria política, hay que decirlo, se remonta a la izquierda democrática del Partido Mexicano de los Trabajadores (PMT), fundado por Heberto Castillo, consideró que las denuncias sobre la actuación de Taddei Zavala y su decisión de dejar el cargo deben llevar a una reflexión más profunda sobre la persistencia de la corrupción en las instituciones mexicanas. “La corrupción, el despilfarro, los enjuagues económicos y la ambición desmedida por el dinero público”, enumeró en una publicación en la red social X, al describir lo que calificó como “una terrible enfermedad” que el país no acaba de curar.
Pienso que Sheinbaum Pardo se encuentra todavía a tiempo de optar por la vía de la honestidad cabal y tomar una decisión radical que, de paso. repararía en gran medida las posibilidades electorales de su causa, indudablemente mermadas por el escándalo del INE. Entiendo, por supuesto, que ello implicaría tocar obvios intereses de su mentor tabasqueño, lo que no es sencillo. Está, sí, en una difícil encrucijada. Su dilema es entre la autocrítica y el cinismo. Válgame.
DE LA LIBRE-TA
EL MITO CUAUHTÉMOC. Hay que reconocerle al recién fallecido Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano el quiebre histórico que significó su salida del PRI en compañía de los demás integrantes de la llamada entonces Corriente Democrática. Sin embargo, de ahí a considerarlo el autor principal o promotor de la democratización de este país hay un trecho bien largo. Habría que mencionar a otros personajes cuyo papel fue más trascendente para la transición, hoy en lamentable retroceso. Todo en su justa medida, digo yo.
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