La pavimentación y urbanización aceleran los escurrimientos y disminuyen la absorción del suelo. Plantean frenar el desarrollo sobre zonas ambientalmente sensibles
Por Leslie Zamora
Saltillo, Coahuila, 20/08/2026 (Más).- El crecimiento urbano hacia las zonas cercanas a la Sierra de Zapalinamé ha reducido espacios naturales que cumplen una función clave para la infiltración del agua y la recarga de los acuíferos, advirtió José Antonio Hernández Herrera, profesor e investigador del Departamento de Recursos Naturales de la Universidad Autónoma Agraria Antonio Narro (UAAAN).
El especialista señaló que la expansión de viviendas, fraccionamientos y superficies pavimentadas ha modificado las condiciones naturales del suelo, por lo que una mayor cantidad del agua de lluvia escurre hacia las partes bajas en lugar de infiltrarse al subsuelo. Esta situación, además de comprometer la disponibilidad futura de agua, contribuye al incremento de escurrimientos e inundaciones.
“No se ha realizado una buena planeación en cuanto a dejar las áreas de infiltración, las áreas donde se amortigua, donde se infiltra el agua”, sostuvo Hernández Herrera.
Explicó que sectores como Nueva Teresitas, ampliación Niños Héroes, Mirasierra y otras áreas del sur y oriente de Saltillo se encuentran en zonas que cumplen una función importante para la recarga.
Detalló que las partes bajas de la sierra presentan condiciones que permiten que el agua penetre en el suelo y contribuya a la recuperación de los mantos acuíferos.
La urbanización también altera el comportamiento de los escurrimientos naturales. De acuerdo con el investigador, al cubrir el suelo con concreto, viviendas y pavimento se reduce la capacidad de absorción y aumenta la velocidad con la que el agua desciende hacia las zonas bajas, donde puede provocar daños en viviendas e infraestructura.
“El hecho de que eliminemos un árbol, de que eliminemos el suelo, es una pérdida total”, afirmó.
Hernández Herrera relacionó además el deterioro de las zonas de infiltración con la creciente presión sobre el agua subterránea y expuso que el aumento de la demanda comenzó a ser más evidente a partir del crecimiento de Saltillo desde la década de 1980, mientras que la extracción de los acuíferos ha avanzado a una velocidad mayor que su capacidad natural de recuperación.
Como una señal de ese cambio, mencionó la reducción de los manantiales que históricamente existieron en la región. Recordó que cuando la UAAAN fue establecida, en 1923, existían corrientes y manantiales que permitían conducir agua hacia la ciudad; actualmente, dijo, en las instalaciones de la institución únicamente permanece un pequeño manantial que presenta agua principalmente durante la temporada de lluvias.
El investigador consideró que continuar atendiendo la demanda mediante la perforación de nuevos pozos no resuelve el problema de fondo, debido a que el agua subterránea tiene un límite. Por ello, planteó la necesidad de conocer con precisión la disponibilidad actual del acuífero y desarrollar acciones simultáneas para reducir el consumo y favorecer la recarga.
Entre las alternativas mencionó las zanjas trincheras y distintas obras de conservación de suelo y agua, además de presas de gaviones; sin embargo, señaló que estas últimas pueden ayudar a disminuir la velocidad de los escurrimientos, pero no necesariamente constituyen la solución más adecuada para todos los sitios.
“Mientras nosotros no volvamos a recargar el agua al subsuelo, es como si estuviéramos perdiendo toda la inversión que tenemos ahora”, señaló.
Hernández Herrera también llamó a revisar el crecimiento de Saltillo y a evitar que el desarrollo inmobiliario avance sobre terrenos que cumplen funciones ambientales. Consideró necesario fortalecer la regulación, impedir la venta irregular de predios y exigir que los proyectos urbanos identifiquen previamente los arroyos y escurrimientos naturales.
El investigador sostuvo que las corrientes de agua deben ser consideradas parte de la infraestructura natural de la ciudad, pues conducen los excedentes de lluvia desde las zonas altas hacia las partes bajas. Cuando estas rutas son alteradas por construcciones, el agua puede concentrarse en sitios donde la capacidad de desalojo es insuficiente y aumentar el riesgo de inundaciones.
A la ciudadanía recomendó verificar las condiciones legales y ambientales de los terrenos antes de adquirirlos, incluso cuando se encuentren en sitios atractivos de la sierra. Advirtió que una propiedad ubicada en una zona ambientalmente vulnerable puede representar riesgos tanto para el ecosistema como para la propia inversión de quienes la adquieren.
En el largo plazo, consideró que Saltillo enfrenta el reto de equilibrar su crecimiento económico con la disponibilidad de recursos naturales, particularmente el agua. Señaló que la expansión industrial y urbana no debe realizarse a costa de las zonas que permiten mantener el abastecimiento hídrico de la ciudad.
“Sí, estamos poniendo en riesgo”, afirmó al referirse al futuro de Saltillo ante la disminución de las reservas de agua subterránea y la pérdida de capacidad para producir alimentos y conservar los ecosistemas de la región.
Descubre más desde Más Información
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
