Editorial

Coahuila atorado


Por Horacio Cárdenas Zardoni


Llegando y tumbando caña, y así precisamente llegó Donald Trump a su segundo periodo como presidente de los Estados Unidos.


No, decían los optimistas, de ninguna manera va a cumplir con sus amenazas, se trataba según ellos de puras bravuconadas, que de eso ha hecho su personalidad política y también por si fuera poco, la suya de negocios.


A lo mejor es que se pensaban que los Estados Unidos es México, el país donde nunca pasa nada y cuando pasa tampoco pasa nada. Pero allá sí pasa, y mucho, y además pasa rápido.


lo había advertido el nuevo presidente, no es de esos que llegan la primera semana a hacer portaditas para sus cuadernos de cada materia. El primer día de su mandato iba a firmar alrededor de 200 órdenes ejecutivas, mediante las cuales trazaría la línea a seguir durante su administración. Algunos analistas comentan que en menos de 24 horas Donald Trump revirtió prácticamente la totalidad de las reformas de su de su antecesor Joe biden. puesto así, es como si de un solo plumazo hubiera desaparecido la gestión de este presidente demócrata. cuestiones relativas a la seguridad social la equidad la igualdad el cuidado del medio ambiente el tránsito hacia las energías limpias incluso el liderazgo de los Estados Unidos en materia de salud y ecología desaparecen en sus respectivas órdenes ejecutivas.


todavía optimistas los críticos dicen que no, que lo de impulsar la creación de aranceles del 20% a los productos mexicanos exportados hacia los Estados Unidos había quedado en bravata, pero no, simplemente no dio inicio el día 20 de enero como tantas otras decisiones ejecutivas suyas, sino que lo dejó para el primero de febrero, como dando oportunidad a los potenciales afectados, a saber, el gobierno de México, para que reflexionen o dicho en términos más coloquiales que se doble a sus exigencias, de lo cual por descontado se conocen suficientes antecedentes.


Lo manejaron como una nota de color, y sin embargo tiene su importancia, inmensa vale decir. En vez de actualizarla, desapareció la página web en español de la Casa Blanca, como si ningún interés hubiera en dirigirse a los hispanos, de la misma manera que desapareció la app mediante la cual los aspirantes asilados políticos en los Estados Unidos, podían solicitar su cita al departamento de seguridad nacional.
Si todavía quedaban dudas, recogieron los reporteros testimonios de migrantes, quienes ya contaban con la cita y recibieron un correo electrónico en el que se les comunicaba que está había quedado cancelada, no pospuesta, no reprogramada, cancelada.


Lo que sí cumplió Donald Trump, no solo de inmediato sino desde antes, fue con el inicio de su programa de deportaciones masivas, quizá el de mayor impacto inmediato para nuestro país y en especial para los estados de la frontera norte, entre los cuales por supuesto se encuentra Coahuila.


Ahora sí que de los encantos de pertenecer a una federación, para la que significamos poca cosa aparte de los impuestos que pueda recaudar de la población, y empresas asentadas en nuestro territorio, nos enteramos que si no de derecho, sí de hecho, vamos a quedar como vanguardia del programa Quédate en México o México tercer país seguro, lo cual no deja de tener sus humor involuntario.


Cabe preguntarse ¿qué hace México por los migrantes en comparación con qué hace Coahuila, y para el caso nuevo León, Tamaulipas, Chihuahua, Sonora y Baja California por esta población flotante mucha de la cual ni siquiera ostenta la ciudadanía mexicana? Ah porque esa es otra de las delicias a la hora de la repatriación de deportados, México recibe del coloquial chile, dulce y manteca, ciudadanos de cualquier país, además del nuestro, cuándo qué el país deportante debería ocuparse de remitirlos con seguridad y comodidad a su nación de origen,y no nada más barrerlos al patio trasero, que por enésima ocasión se prueba ser México para los Estados Unidos.


es difícil de calcular, sin embargo hay estimaciones de que el gobierno norteamericano pudiera deportar hasta 500,000 personas hacia México. quienes manejan estas cifras no aclaran si esta sería el total, de los más de 10 millones de connacionales que se estima viven allá, o sí corresponde a medio millón de personas deportadas cada año, conforme vayan cayendo en las garras de la temible migra.


Estamos hablando de que una proporción significativa de esos cientos de miles pudiera llegar por los por los puertos fronterizos coahuilenses Piedras Negras y Ciudad Acuña. Si a esas vamos, los deportados podrían fácilmente alcanzar y rebasar el número total de habitantes de cada una de estas poblaciones, ni qué decir que los municipios carecen de la infraestructura física para darles la atención mínima indispensable.


¿Qué entendemos por atención mínima indispensable? piense usted en un techo bajo el cual guarecerse durante los meses de intenso frío del invierno, y los otros meses de intenso calor del verano, que el norte mexicano desconoce lo que son términos medios. Eso es lo esencial, pero está la alimentación con tres comidas al día, suficientes para sustentar la vida, atención médica, entre otros elementos.


Se ha hablado de preparación, pero se ha visto poco. Alguno de los municipios mencionados ha avanzado en la habilitación de bodegones para al menos resolver la primera parte del problema para los primeros que pudieran llegar en calidad de deportados, y durante el tiempo que se tarden en abandonar la población con rumbo a sus regiones de origen, si son mexicanos, o sus países, si es que son extranjeros, eso por supuesto considerando que no vayan a intentar la aventura de pretender cruzar la frontera con los Estados Unidos de regreso en las nuevas condiciones planteadas por Trump, de las cuales apenas hemos tenido un esbozo en las boyas colocadas en el Río Bravo por el gobierno del estado de Texas, multiplicado exponencialmente por los patrullajes ya no de personal civil, sino de la guardia nacional norteamericana, y el ejército de los Estados Unidos. las peores condiciones serían como curiosamente dice el himno mexicano, en la conocida referencia al ‘más si osare un extraño o enemigo, profanar con su planta tu suelo’ en este caso suelo estadounidense.


La pregunta es meramente retórica ¿está Coahuila preparado para recibir decenas de miles de migrantes repatriados sin más elementos de subsistencia que lo que traen puesto encima? la respuesta es sencilla, es que no lo está. La diferencia con la federación es que aquí, parecemos estar más preocupados que lo que lo están en los centros de poder en la capital del país.


Tan sencillo como que las heridas que causen en el tejido social las hordas de migrantes, tanto benignas como perjudiciales, dejarán hondas cicatrices en la forma de ser de los coahuilenses del presente y del futuro inmediato algo que por supuesto tiene totalmente sin cuidado a las autoridades federales. Alguien que tenía hecha su vida en los Estados Unidos, familia, casa, trabajo, ingresos y de repente es deportado sin siquiera poder despedirse, o capitalizar lo que deja, regresa en condiciones psicológicas y emocionales que seguramente tendrán como primer blanco a los contactos coahuilenses que los reciban.
Literalmente los coahuilenses y los migrantes estaremos entre el río y el desierto sin opción segura de salir adelante sino si nos adentramos en uno o en otro, y no estamos hablando solo figurativamente.


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