Cerro del Pueblo

28/04/26


Por Heriberto Medina

Justicia con avatar

Una buena para la administración de justicia en Coahuila, dirigida por Miguel Mery Ayup: el Poder Judicial se sacó una idea que, en estos tiempos, parece un buen blindaje: usar avatares generados con inteligencia artificial para ocultar el rostro de jueces en audiencias cuando el caso sea de los que muerden. No es poca cosa. En un país donde el expediente de alto impacto se resuelve con amenazas y la toga ya no intimida a nadie, proteger al juez —aunque sea con filtro digital— no suena exagerado.

Además, hay que decirlo: en esto sí hay novedad real. China se fue por la ruta de tribunales digitales y procedimientos en línea; Perú tuvo su etapa de “jueces sin rostro”; México ya aprobó reformas para permitir identidades reservadas en ciertos casos. Pero suplantar la imagen pública del juez con un avatar, eso sí es nuevo. Aquí el juzgador está, decide, habla, pero el público ve una cara de diseño, no la real. Ese pequeño cambio puede significar diferencia entre ejercer y sobrevivir.

Ahora bien: como toda buena noticia en México, viene con su sombra. Porque si necesitamos avatares para que un juez pueda dictar sentencia sin exponerse, es por la grave situación de inseguridad que se vive en el país.

Bueno, cabe destacar que hicimos una prueba —por pura travesura periodística—. Le pedimos a la inteligencia artificial que nos proporcionara el verdadero rostro de quien toma las decisiones importantes en la justicia federal y, en lugar de mandarnos la cara de los ministros de la Corte, nos mandó a un anciano con canas, sentado en lo que parece una finca, en el sureste del país. Qué raro… ¿por qué será?

Digo, tal vez la máquina se confundió. Tal vez el algoritmo tiene nostalgia. Tal vez el modelo se entrenó con demasiada política y poca Constitución. O tal vez solo está reflejando lo que todos sospechan y nadie dice en voz alta: que, a veces, el poder real no se ve en la toga, sino en el retiro cómodo; no en el pleno, sino en la sombra; no en la sentencia, sino en la señal.

Y ojo: la medida puede ser buena, pero la ejecución es la que manda. Un avatar no debe convertirse en excusa para volver opaca la justicia. Que se reserve la identidad por seguridad, sí; que se reserve la rendición de cuentas, no.

Coahuila woke

Tercer tema: avanza en Coahuila lo que muchos llaman “cultura woke”: una atmósfera ideológica donde grupos organizados empujan reformas legales y cambios institucionales con un objetivo —según sus defensores— de ampliar derechos, visibilizar discriminación y ajustar el marco constitucional a nuevas realidades sociales.

Ayer, se aprobó una reforma constitucional en esa dirección, y como siempre, el país se divide en dos bloques: quienes lo celebran como progreso y quienes lo ven como imposición. Aquí conviene parar tantito el pleito de consignas y hacer una pregunta: ¿exactamente a dónde caminamos con estas reformas?

Quienes impulsan y militan en estos movimientos tendrán una postura a favor. Pero esa postura, por definición, no siempre es objetiva: son juez y parte. Y del otro lado, quienes rechazan por reflejo también suelen tener postura de fe: “todo es agenda” y “todo es amenaza”. Tampoco ayuda. Lo que ayuda es mirar resultados en otros lugares donde se implementaron medidas similares y preguntar, con frialdad, qué mejoró y qué empeoró.

El problema de muchas reformas “de moda” no es el objetivo; es el método. Se legisla con prisa, con discurso, con presión mediática, y luego se descubre que la realidad es más compleja: que la ley crea categorías nuevas, que aparecen conflictos de interpretación, que se judicializan temas cotidianos, que se genera polarización social, que se saturan instituciones que no estaban preparadas. En pocas palabras: se cambia el texto, pero no se cambia la capacidad del Estado para administrarlo.

También hay un riesgo político: que el Congreso legisle para quedar bien con un sector —o para evitar el linchamiento digital— y no para construir una convivencia sostenible. Y cuando la ley se diseña para la tribuna, y no para la vida diaria, el resultado suele ser más pleitos, no menos. Ni tanto que queme al santo, ni tanto que no lo alumbre.

Será que ahora tenemos que dejar que nos guie una minoría rebelde y extraviada , si ellos mismos no encuentran su identidad ¿a dónde nos van a llevar?.


Manolo en Texas:

Otra visita del gobernador Manolo Jiménez a Texas para tratar el controvertido asunto de la extracción de gas. Ya se sabe que el fracking va junto con pegado. Ya se sabe que esa técnica —por más que la vendan con moño de “nueva tecnología”— arrastra riesgos, costos y controversias. Ya se sabe que en el subsuelo de Coahuila hay un yacimiento grande. Y ya se sabe, también, que la región vive estrés hídrico.

Aquí conviene mirar a Texas sin romanticismo y sin propaganda. Texas tiene fracking, sí. También tiene industria, sí. También tiene derrama, sí. Pero también tiene conflictos, demandas, derrames, pozos viejos que causan problemas, y un debate constante sobre agua, contaminación y manejo de residuos.

Ahí están historias documentadas por la prensa texana donde propietarios de ranchos y tierras han denunciado contaminación de agua subterránea vinculada a “produced water” (agua producida de la industria) y fallas en pozos o manejo de residuos.

También están reportajes recientes que señalan cómo pozos viejos o de baja producción y reglas permisivas pueden traducirse en contaminación y dolores de cabeza para propietarios rurales.

Y el propio debate público en Texas reconoce preocupaciones por agua, contaminación, sismicidad inducida y supervisión.

Ahora, también hay avances: Texas discute y promueve marcos para tratamiento y posible reutilización de “produced water”, y la industria busca tecnologías para reducir camiones, ruido y consumo de agua.

Es decir: sí hay innovación, sí hay intentos de “hacerlo mejor”. Pero innovación no es magia. Y el fracking no se vuelve inocuo porque le cambies el nombre o le pongas comité.

Por eso la visita a Texas debería tener una sola meta seria: aprender con datos, no con presentaciones. Si los gringos de verdad tienen una tecnología nueva menos intrusiva, con menos agua, con menos químicos, con manejo robusto de residuos, qué bueno. Pero si los granjeros texanos siguen quejándose de daños, si el historial sigue mostrando conflictos por agua y contaminación, entonces qué malo. Porque Coahuila no está para experimentar a ciegas. Aquí, el agua no es “un tema ambiental”: es el factor que determina nuestro futuro.

La peor decisión sería comprar el discurso fácil de “Texas lo hace, entonces aquí también”. Coahuila no tiene el mismo margen hídrico, ni el mismo músculo regulatorio, ni el mismo sistema de vigilancia ambiental. Y aquí, cuando algo sale mal, la respuesta suele ser a destiempo

Si deciden avanzar, háganlo con un principio simple: primero el agua, luego el gas. Porque si se contamina el acuífero se acabó el cuento y nadie va a querer que lo recuerden por ser el responsable de que se envenenara el agua.

Amanecerá y veremos.



Descubre más desde Más Información

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Deja un comentario

Descubre más desde Más Información

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo