Cerro del Pueblo

16/04/26

Por Heriberto Medina

Datos que gritan

Más pronto cae un hablador que un cojo«. La frase viene como anillo al dedo —AMLO dixit, versión memoria colectiva— porque no pasaron ni 24 horas de que la presidenta Claudia Sheinbaum sacara el violín para cantarnos que el fracking ya no es lo que era, que ahora es “otra tecnología”, más segura, menos intrusiva y que, básicamente, el gas shale se va a extraer casi con guantes de seda… cuando la realidad le metió el pie.

En esta era de la inteligencia artificial —donde el ciberespacio te pone en la mano lo que en otros tiempos estaba guardado en bibliotecas gringas— sostener una narrativa que se aleja mucho de la verdad y se acerca mucho a la mentira se volvió deporte de alto riesgo. No porque el político haya cambiado, sino porque el ciudadano ya no se traga tan fácil el cuento. Usted puede decir “no pasa nada”, pero allá afuera hay documentos que dicen “sí pasa”, y encima están publicados por quienes, en teoría, tienen la obligación de medir, advertir y documentar.

Para empezar, el comité que se presentó como “garantía” ya nació con inclinación. Se anunció como un grupo científico que evaluará la viabilidad del fracking y que en dos meses dará una orientación.

Es decir: primero dijeron “vamos a analizar”. Luego dijeron “Coahuila es donde hay más factibilidad”. Y luego, ya con el pastel servido, nos prometen que nadie va a pasar por encima de las comunidades.

Además, mientras el gobierno vende la idea de “nuevo fracking”, la evidencia oficial de Estados Unidos —la misma que revisó nuestro compañero Zitamar Arellano Trueba en su trabajo periodístico— no se presta a romanticismos. El propio Zitamar documentó que la EPA (Environmental Protection Agency) la Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos concluyó que actividades del ciclo del agua del fracking pueden impactar recursos de agua potable bajo ciertas circunstancias como extracción intensa en zonas con poca disponibilidad, derrames, fallas en integridad de pozos, manejo inadecuado del flujo de retorno y aguas residuales.


Eso no es un panfleto ambientalista: es una advertencia técnica, y si a esa advertencia le sumamos que en Coahuila hay estrés hídrico, entonces lo que tenemos es una situación de alto riesgo.

Más todavía: el NIEHS (Instituto Nacional de Ciencias de la Salud Ambiental, EUA) reconoce que los sitios de perforación pueden generar impactos comunitarios negativos como ruido, luz, tráfico y presión adicional sobre infraestructura y recursos locales, además de cambios en el carácter de las comunidades.


En castellano: aunque el pozo esté “lejos”, los efectos no. El camino, los camiones, el tránsito pesado, el ruido, los servicios… todo llega.

Y si alguien cree que el costo sólo es ambiental, en Estados Unidos también existe documentación oficial sobre riesgos laborales en la industria de extracción de petróleo y gas la misma galaxia operativa del fracking. El CDC (Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades) publicó un informe sobre una base de datos de fatalidades en extracción de petróleo y gas, con patrones de muerte por incidentes vehiculares y contacto con equipos, entre otros.


NIOSH, (Instituto Nacional para la Seguridad y Salud Ocupacional) mantiene un programa específico porque reconoce que es una fuerza laboral con elevada tasa de lesiones fatales y múltiples peligros.

Y el dato más impactante lo da el BLS que es la Oficina de Estadísticas Laborales de los Estados Unidos, dependencia que muestra como entre 2020 y 2024, industrias estadounidenses dedicadas al fracking en actividades de extracción, perforación y servicios de pozo registraron 328 muertes laborales debido a diversas causas como explosiones, incendios, caídas, ambientes peligrosos, traslados y otras.

O sea: inofensivo, inofensivo… lo que se dice inofensivo, no es.

Con ese contexto, ¿qué se supone que debemos sentir los coahuilenses cuando nos dicen que seremos los primeros en probarlo “si el comité lo recomienda”? Exacto: preocupación. Por eso también se registró el rechazo de ambientalistas a que Coahuila sea usado como laboratorio. Y con razón: ya nos tocó el golpe económico de AHMSA; ahora el golpe puede der ambiental.

Cuando el gobierno te promete que “no es como antes”, lo que te está pidiendo es fe. Pero fe sin datos es marketing. Fe sin monitoreo abierto es propaganda. Fe sin consecuencias penales cuando algo sale mal es impunidad. A otro perro con ese hueso.

Si de verdad van a empujar esto, el piso mínimo debería ser brutalmente simple: línea base pública del agua, monitoreo independiente, publicación de sustancias, volúmenes, fallas, incidentes y sanciones reales.

Porque, si la práctica resulta perjudicial, los dañados seremos los de Coahuila. Usted disculpe las molestias, pero es por el progreso.

Admiten el abatimiento

Ayer el Gobierno Municipal de Saltillo reconoció lo que ya era un secreto a voces: algunos pozos que abastecen la ciudad se están abatiendo. Se está sacando agua como si el acuífero fuera eterno, y no lo es.

Y esto no es nuevo. Los documentos técnicos de Conagua llevan años diciendo lo mismo: se extrae más agua de la que se recarga. Más Información ha documentado con datos oficiales que el acuífero Saltillo–Ramos Arizpe está en veda y, aun así, se han autorizado y registrado concesiones; y que, conforme al estudio oficial, no existe volumen disponible para otorgar nuevas concesiones y se reporta un déficit de 54,912,811 metros cúbicos anuales.

Si eso no es alarma, entonces ¿qué es?

Y no estamos hablando de teorías: el propio trabajo de investigación de Más describe cómo Conagua autorizó 356 concesiones en acuíferos clave pese a la veda o sobreexplotación, favoreciendo a políticos y empresarios mientras agrava la crisis hídrica regional.

Ahora bien, si el acuífero ya está en déficit y en veda, lo menos lógico del mundo es seguir “resolviendo” con más perforaciones en el mismo sistema. Peor aún si —como se ha señalado— ya se agotó el volumen amparado por la concesión vigente para extracción.

La factura por la sobrexplotación ya está aquí y tenemos que pagarla con: presión baja, cortes, tandeos, pipas. Más ha contado, con casos concretos, cómo mientras empresas tienen concesiones cuantiosas, miles de familias batallan con escasez y cortes. No es normal. Lo normal sería que el agua se administre con justicia.

Por eso es clave eel proyecto del Pánuco. Ya no estamos en el “a ver si”. El propio historial que se ha publicado en Más retrata la indecisión institucional: en 2022 CEAS decía que sí era viable, Conagua respondía que no había proyecto para Saltillo, luego apareció un plan federal enfocado en Monterrey y Tamaulipas dejando fuera a Coahuila, y el gobierno estatal admitió que “desconocía” el proyecto.

Hoy, si el gobierno federal ya aceptó financiar parte del esquema para traer agua del Pánuco hacia el norte (aunque el diseño inicial no nos incluya), lo que hace falta es altura de miras: que el alcalde Javier Díaz González y el director general de Aguas de Saltillo, Iván José Vicente García, se sienten con el gobierno de Nuevo León y construyan el acuerdo político y financiero para que una parte del caudal también llegue a Saltillo.

Pensar como estadista implica algo muy concreto: dejar de actuar como si el acuífero pudiera aguantar “un pozo más” cada vez que la presión baja. Pensar como estadista es entender que Saltillo sigue creciendo, que la industria sigue llegando, que la vivienda sigue expandiéndose, y que sin agua todo eso es propaganda. Pensar como estadista es poner el tema del agua por encima del “quedamos bien”.

Porque mientras se siguen deshojando la margarita —“sí, no, quién sabe”— los acuíferos se abaten y la ciudad crece. Y cuando el golpe sea irreversible, a muchos ya no les va a tocar. A los que sí nos va a tocar es a los que vivimos aquí.

Así que, por favor: Si van a apostar por fracking, primero aseguren el agua (y demuestren cómo la van a cuidar). Si van a apostar por Saltillo como ciudad industrial, primero aseguren el agua (y dejen de perforar como si el subsuelo fuera piñata). Y si el Pánuco es opción, dejen de titubear y empiecen a negociar con seriedad.


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