Por Leslie Zamora
Saltillo, Coahuila, 10/10/2025 (Más).- En Saltillo, Casa Rosa se ha convertido en un símbolo de acompañamiento y solidaridad para mujeres que enfrentan el cáncer. Fundada hace casi siete años por la arquitecta Briseida Hernández, la asociación nació con el propósito de brindar apoyo integral a pacientes que atraviesan procesos oncológicos, ofreciendo orientación médica, emocional y humana.
El proyecto surgió a partir de la experiencia de Hernández dentro de la Secretaría de Salud, donde trabajó durante cinco años en programas de detección y atención del cáncer. Tras conocer de cerca las necesidades de las pacientes y las carencias del sistema, decidió emprender una iniciativa que les ofreciera un espacio de contención y esperanza.
Con recursos limitados y el impulso de su fe, la fundadora comenzó a construir Casa Rosa en 2019. El primer inmueble fue una casa abandonada que logró acondicionar con el apoyo de amigos y una rifa que organizó para reunir fondos. Con los 10 mil pesos recaudados y las donaciones de muebles, la asociación abrió sus puertas a mujeres diagnosticadas con cáncer, marcando el inicio de una red de apoyo que hoy continúa creciendo.
Desde entonces, el centro ha ofrecido acompañamiento gratuito, canalización médica y orientación psicológica a pacientes y sus familias. Además, brinda talleres y actividades que promueven la autoestima y el bienestar de las mujeres durante su tratamiento. Una de sus acciones más representativas es la elaboración de pelucas oncológicas con cabello donado, que simbolizan un gesto de empatía y fortaleza compartida.

Briseida Hernández explicó que, en un inicio, las pelucas se entregaban sin costo, pero con el tiempo establecieron una cuota simbólica de 300 pesos para fomentar el compromiso y la valoración del trabajo que hay detrás de cada pieza. Detalló que la elaboración es completamente artesanal y que cada peluca representa una historia de lucha y superación.
Casa Rosa ha logrado sostenerse gracias a la colaboración ciudadana, las ventas de bazar y las donaciones que recibe de manera constante. La directora subrayó que el crecimiento del proyecto ha sido posible por la confianza y el respaldo de la comunidad, que ha encontrado en este espacio una causa noble a la cual sumarse.
A lo largo de estos años, la asociación se ha consolidado como un refugio de esperanza para decenas de mujeres coahuilenses. Su labor combina la empatía con la acción, ofreciendo un acompañamiento que va más allá del tratamiento médico. “Dios siempre manda a las personas correctas en el momento correcto”, dice Hernández, convencida de que la solidaridad sigue siendo la fuerza que mantiene vivo el espíritu de Casa Rosa.
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