Madrid, España, 21/05/26 (Más).- El cáncer es una de las consecuencias biológicas de la complejidad de los organismos multicelulares, aseguró el biólogo computacional Itai Yanai, quien sostiene que las células cancerígenas poseen una capacidad de adaptación y aprendizaje mucho más sofisticada de lo que la ciencia había imaginado hasta ahora.
El investigador explicó que los tumores no solo crecen de manera descontrolada, sino que también aprenden a resistir los tratamientos mediante mecanismos evolutivos internos.
Durante una entrevista publicada por EL PAÍS, Yanai expuso que las investigaciones más recientes apuntan a que las células del cáncer pueden desarrollar inmunidad a los tratamientos incluso sin necesidad de mutaciones genéticas.
El científico, fundador y primer director del Instituto de Medicina Computacional de la Universidad de Nueva York, explicó que esta nueva línea de estudio representa una de las grandes fronteras actuales en la investigación biomédica.
El especialista, originario de Haifa, Israel, destacó que las células poseen una capacidad de aprendizaje basada en la activación selectiva de genes. Según explicó, aunque todas las células contienen la misma información genética, cada una decide qué genes utilizar dependiendo de las condiciones y necesidades del entorno.
Comparó este proceso con una “navaja suiza”, donde existen múltiples herramientas disponibles, pero solo algunas se emplean en cada momento.
Yanai señaló que las células toman decisiones constantemente, pese a no tener conciencia o voluntad. Indicó que dentro de ellas existe un sistema de variación y adaptación parecido a los principios de la evolución planteados por Charles Darwin. En ese sentido, explicó que las células buscan reducir el estrés y probar diferentes mecanismos hasta encontrar el más eficiente para sobrevivir.
El investigador también abordó el desarrollo de los llamados atlas celulares, proyectos científicos que buscan mapear célula por célula el cuerpo humano.
Gracias a estos estudios, se han identificado nuevos tipos celulares que antes eran desconocidos para la ciencia. Yanai comparó este proceso con las expediciones naturalistas del siglo XIX, cuando exploradores y científicos recorrían continentes enteros buscando nuevas especies y construyendo las bases de la teoría evolutiva.
Afirmó que el gran desafío actual no es solamente identificar células sanas, sino comprender qué ocurre cuando estas entran en estados “infelices”, es decir, cuando desarrollan enfermedades.
Para Yanai, cada enfermedad representa una forma distinta de alteración celular, y el objetivo de la ciencia moderna consiste en descubrir los principios que explican esos cambios.
Respecto al cáncer, el científico explicó que las células tumorales utilizan el mismo genoma que las células normales, pero reorganizan y “pliegan” esa información genética de formas completamente distintas. Comparó el genoma con una figura de origami capaz de adoptar estructuras diferentes según cómo se doble. En el caso del cáncer, dijo, las células explotan al máximo esa capacidad de transformación para adaptarse, sobrevivir y resistir terapias.
“El coste de ser seres complejos, multicelulares, es el cáncer”, sostuvo Yanai al explicar que un organismo humano está formado por alrededor de 37 billones de células, lo que incrementa enormemente las posibilidades de que algunas de ellas cambien de comportamiento y se vuelvan malignas. Añadió que el cáncer aprovecha la plasticidad natural de las células para utilizar los propios genes del cuerpo en su contra.
Aunque reconoció que estos descubrimientos podrían influir en futuros tratamientos, el investigador pidió cautela sobre las expectativas médicas inmediatas.
Recordó que proyectos científicos históricos, como el Proyecto Genoma Humano, prometían revolucionar completamente la medicina, pero décadas después aún existen numerosas enfermedades sin cura definitiva.
Además de su trabajo científico, Yanai impulsa un podcast llamado “Ciencia de noche”, donde explora la parte creativa e intuitiva de la investigación científica. Explicó que, además del rigor metodológico, los descubrimientos importantes requieren imaginación, apertura mental y la capacidad de formular nuevas preguntas, incluso aquellas que parecen ilógicas o improbables.
El científico también manifestó preocupación por el impacto de los recortes presupuestales y la politización de la ciencia en Estados Unidos. Consideró que los investigadores deben mejorar su comunicación con la sociedad para explicar la relevancia de sus descubrimientos y evitar que las nuevas generaciones pierdan interés en dedicarse a la investigación científica.
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