Por Horacio Cárdenas Zardoni
Esta es de esas columnas que uno escribe con anticipación, y que corren el riesgo de volverse obsoletas antes de llegar a los ojos del lector, si es que llegan, pues el asunto que tratan pudo haber quedado resuelto en el tiempo de trámite. Es un riesgo que corremos los periodistas, que le recomendamos al patrón quémala rápido, no sea que pierda validez.
Aunque también existe la posibilidad de que el asunto sobre el que escribimos no se haya resuelto, las cosas sigan igual o todavía peor, y entonces sí, queda uno como el gran enterado, el que tiene olfato y predice por dónde van las cosas. En fin, esta es una de esas, y corresponde al punto crítico en el que entre en operación el sistema de semáforos inteligentes que el Ayuntamiento de Saltillo compró a la que parece que es la única empresa que hay en México que le entiende a los semáforos, SEMEX. De tanto haber visto sus camiones en estos meses, nos llamó la atención que se promocionan como expertos y líderes en tecnología y señalización vial. Que sepamos, desde hace por lo menos cincuenta años es SEMEX la única a la que le compran los gobiernos de las ciudades, comenzando por la de la ciudad de México, y terminando con la que más gorda le caiga, de las otras no tenemos ninguna referencia, aunque a como están las cosas, nos negamos siquiera a pensar que se trate de un monopolio o algún contubernio con la autoridades de todos los niveles, de sitios con suficiente tráfico como para ameritar un semáforo, por primitivo que sea, claro, si no, pues poco o nada hay que hablar con ellos para nada.
Y a lo mejor SEMEX es lo que dice que es… que realmente tiene un grupo, grande, de ingenieros expertos en vialidad, que tiene contratado un sistema satelital para la verificación del tránsito, que tiene robots capaces de analizar la información que captan las cámaras, y tomar decisiones en tiempo real, modificando la programación de los semáforos en un triste pueblo camionetero como lo es Saltillo. Pero por sus resultados, más nos inclinaríamos a pensar que nos está quedando a deber. Y es que los semáforos que estaban allí en bulevar Carranza, los que tumbaron para colocar los nuevos… también habían sido colocados por SEMEX, hace años, y esos también sustituyeron otros de la misma compañía, y así por “n” número de años. a lo mejor sería exagerado decir que este negocio puso el primer semáforo que conoció Adán y Eva en el paraíso terrenal que solía ser Saltillo, pero tampoco sería de sorprender.
Como cientos de miles de saltillenses, somos esclavos del bulevar Carranza. En un día cualquiera, podemos recorrerlo de principio a fin, bueno, de la Margarita hasta Soriana San Isidro tres o cuatro veces. Pero también es posible que lo crucemos diez o más ocasiones, en un sentido o en otro, o de ida y regreso, que es lo más razonable, no nos vamos a quedar allá lejos, tenemos que regresar a casa. No es extraño entonces que, con tanto tráfico que hay, con tan pocas opciones para distraerse en avenidas que conocemos en todas sus cualidades y defectos, nos hayamos puesto a ver si realmente la obra se haya ido reflejando en una reducción en los tiempos de traslado de los conductores, que al final de cuentas, de eso y no otra cosa, es de lo que se trataba.
Ojo, a pesar de que el ayuntamiento haya dicho que en el momento en el que se desconectaron los semáforos viejos y se conectaron los nuevos, no había puesto en marcha todavía el sistema inteligente, sino que estaba el mismo mecanismo computarizado de antes, esto lo dijeron precisamente para que nadie fuera a brincar, a decir que puras fallas.
No, al momento de teclear estas líneas, todavía no se habían atrevido a conectarlo, vaya usted a saber por qué razones. La intención del comunicado fue callarnos la boca, y pues se vale, aunque no se justifica, porque eso de esperarse para dar un “switchazo” único que haga el cambio del cielo a la tierra. Lo normal, lo democrático, pero no, acá se mueven otros valores, que no entendemos muy bien que digamos. ¿Qué ganas de esperarse a inaugurar lo que pudo haber ido quedando de poco a poco, cumpliendo con el objetivo de irle dando confianza a la gente de que su dinero está bien aplicado, así la gente se sentiría bien, le otorgaría un voto de confianza al alcalde y su gente, molestaría menos y se molestaría aun menos, pero cada quien mata las garrapatas según su leal saber y entender?
Lo que sí le podemos decir es que de las “pruebas”, ajustes, o lo que sea que están haciendo, nos ha tocado que las filas, para hablar de un cruce particularmente conflictivo, las de Periférico Echeverría y Carranza, se han duplicado en extensión, y eso es grave.
Tráfico había, se tardaba uno hasta cuatro o cinco luces para cruzar, tanto de poniente a oriente como de oriente a poniente. Los períodos eran cortos, un par de minutos en que volviera a ponerse en verde la luz y poder intentar avanzar. Ahora es mayor el tiempo que permanece el verde… sí… pero también entre una y otra, el tiempo se ha duplicado o todavía más. Nos ha tocado que pasan cinco minutos y la luz no cambia, obvio la gente se desespera, los claxonazos están de a peso, a la hora de arrancar lo hacen a una velocidad inmoderada, y cuando se pone el ámbar… se siguen pasando, hasta que alguien entra en cordura y se decide a sufrir el tiempo de espera.
Para ponerlo en perspectiva. Antes de que comenzaran con sus maniobras, el tráfico a medio día en Echeverría de poniente a oriente, rara vez llegaba hasta el estacionamiento del edificio que está en la esquina, ahora llega hasta donde comienza el paso elevado, tranquilamente tres veces la cantidad de carros. Del otro lado, de oriente a poniente, antes era raro el día en que la fila llegaba hasta el restaurant las Escolleras, en hora pico, ayer nos tocó que la fila llega hasta el Banregio. Más del doble de carros esperando poder cruzar el semáforo.
Y dijera uno, Carranza va más rápido, no lo hemos notado, tal vez porque todavía no acaban de pintar y arreglar los detalles que esperamos que no dejen tirados, pero tenemos nuestras sospechas que no, no habrá mejora en los tiempos de traslado.
No es por echar la sal… cada alcalde en algún momento dice que van a estudiar y ajustar los semáforos, lo hacen y provocan caos. Al rato regresan a ponerlos exactamente como estaban, con un equilibrio más o menos razonable entre el tráfico de la vía principal y las secundarias y alimentadoras. Difícil, casi imposible, pero han terminado rindiéndose. A ver si no les pasa exactamente igual ahora.

