El dolor, las náuseas o las convulsiones son algunos de los síntomas de enfermedades graves que pueden aliviarse con cannabis. Esta sustancia suele usarse cuando otros fármacos no han dado resultado
Ciudad de México, 18/04/26 (EFE).- No es legal en todos los países ni su uso está exento de polémica. Por un lado, posee propiedades terapéuticas pero, por otro, implica riesgo de adicción y posibles efectos adversos, sobre todo, en el terreno de la salud mental.
La planta “Cannabis sativa” tiene especímenes masculinos y femeninos. En los femeninos se forman unos cogollos, que es lo que se denomina coloquialmente marihuana. En estos cogollos se produce una resina que contiene unos compuestos llamados cannabinoides. Tales sustancias actúan en nuestro organismo de una manera similar a los endocannabinoides, producidos de manera natural por nuestro cuerpo. De hecho, los endocannabinoides o cannabinoides endógenos son una parte esencial de nuestro sistema endocannabinoide, encargado de regular procesos como el sueño, el estado de ánimo, el apetito, la memoria o el dolor, entre otros.
El “Cannabis sativa” posee decenas de cannabinoides pero los más estudiados son el D9-tetrahidrocannabinol (THC) y el cannabidiol (CBD). La principal diferencia entre ellos es que el THC es psicoactivo y el CBD no. Además, el CBD puede atenuar en parte los efectos psicoactivos del THC.
“Tanto los cannabinoides endógenos como los del ‘Cannabis sativa’ actúan mediante su unión a idénticos receptores específicos localizados en la superficie celular. Son los denominados receptores cannabinoides, de los cuales se conocen dos tipos diferentes: CB1 y CB2. Los efectos de los cannabinoides sobre el sistema nervioso central están mayoritariamente mediados por el ubicuo receptor CB1”, explica Manuel Guzmán, catedrático de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad Complutense de Madrid.
“Este receptor es especialmente abundante en áreas implicadas en el control de la conducta motora (ganglios basales, cerebelo), memoria y aprendizaje (corteza, hipocampo), emociones (amígdala), percepción sensorial (tálamo) y diversas funciones autónomas y endocrinas (hipotálamo, médula), lo que lógicamente explica que el consumo de marihuana afecte a estos procesos.

El receptor CB1 está también presente en muy diversas localizaciones periféricas como las terminales nerviosas periféricas, el tracto digestivo y los aparatos reproductor, cardiovascular y respiratorio. Por el contrario, el receptor CB2 muestra una distribución más restringida y está fundamentalmente presente en el sistema inmune, tanto en células (linfocitos, macrófagos, células dendríticas) como en tejidos (bazo, ganglios linfáticos), pudiendo estar implicado en la modulación de la respuesta inmune”, añade el profesor.
La marihuana terapéutica
La marihuana terapéutica se emplea para paliar los síntomas de algunas enfermedades crónicas o graves, generalmente, cuando otros tratamientos no han sido eficaces. Así, puede utilizarse para disminuir el dolor y atenuar la rigidez en personas con esclerosis múltiple; para aliviar el dolor en pacientes oncológicos y reducir las náuseas y vómitos producidos por la quimioterapia o para inhibir las convulsiones debidas a la epilepsia, entre otros casos.
Existen dos vías principales de administración: la oral y la inhalada. Cuando se ingiere, sus efectos tardan en aparecer alrededor de una hora, pero se mantienen durante varias horas. En cambio, si se inhala, los efectos comienzan a notarse al cabo de unos minutos y suelen durar entre media hora y una hora. Los enfermos que inhalan marihuana terapéutica suelen utilizar vaporizadores.
También hay algunos fármacos a base de cannabinoides, elaborados con compuestos procedentes de la planta “Cannabis sativa” o versiones sintéticas de ellos. Un ejemplo es el dronabinol, una forma sintética de THC, que se emplea para tratar las náuseas y vómitos ocasionados por la quimioterapia, generalmente en pacientes que ya han tomado otros medicamentos para ello sin obtener buenos resultados. El dronabinol también se usa para tratar la pérdida de apetito y peso en personas con sida.
Por su parte, el medicamento Epidiolex consta de CBD purificado. Se utiliza como tratamiento complementario para las convulsiones graves asociadas al síndrome de Lennox-Gastaut, al síndrome de Dravet y a la esclerosis tuberosa. Está aprobado tanto por la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) como por la Agencia Europea del Medicamento (EMA). Hay algunos fármacos más que contienen cannabinoides, aunque no son legales en todos los países.
Los fármacos y productos con cannabinoides pueden producir efectos secundarios, sobre todo, respiratorios, gastrointestinales y relacionados con el sistema nervioso. Las dosis altas pueden tener los siguientes efectos secundarios agudos: boca seca, enrojecimiento de los ojos, aumento del apetito, euforia leve, reducción del estado de alerta, aumento de la frecuencia cardiaca, disminución de la presión arterial y mareos, detallan desde Bedrocan, una empresa con sede en los Países Bajos que produce cannabis para uso medicinal como principio activo y materia prima.
El consumo de cannabis medicinal también puede implicar algunos riesgos. Los principales son: psicosis, cardiopatías, problemas durante el embarazo, enfermedades hepáticas, adicción y sobredosis, señalan desde Bedrocan.
En algunas ocasiones, el consumo de cannabis puede inducir la aparición de psicosis, generalmente en personas con predisposición genética. “Los pacientes con riesgo hereditario de psicosis u otros trastornos psiquiátricos (por ejemplo, esquizofrenia o depresión) y aquellos con afecciones cardiacas o coronarias deben evitar el uso de cannabis y cannabinoides, ya que podrían potenciar estas enfermedades”, destacan desde Bedrocan.

Los cannabinoides no se recomiendan durante el embarazo pues podrían afectar al desarrollo del feto y tampoco durante la lactancia, ya que se excretan en la leche materna. Las personas con enfermedades hepáticas tienen que ser muy cuidadosas con el consumo de estas sustancias. “Deben ser controladas durante la iniciación, con el fin de asegurar que la dosis tomada no excede la capacidad metabólica del hígado”, subrayan los especialistas de Bedrocan.
La adicción es otra preocupación importante en lo relativo al uso de cannabinoides. Este riesgo suele ser bajo cuando se utilizan como medicamento pues las dosis son inferiores a las que suelen emplearse cuando el consumo es recreativo y el proceso está supervisado por un médico. No obstante, este riesgo es más elevado para quienes ya han experimentado un uso problemático de la sustancia.
En cuanto a la sobredosis, no suele implicar riesgo para la vida. Sin embargo, sí puede producir efectos adversos. El más habitual es la ansiedad que, en algunos casos, puede conducir a ataques de pánico. Además, puede aumentar el ritmo cardiaco y se pueden producir cambios en la presión sanguínea. Específicamente, una sobredosis de THC puede resultar en hipotensión y/o taquicardia. También puede haber náuseas, vómitos, diarrea, ojos enrojecidos y boca seca. Además, podría aparecer confusión, sentimiento de pérdida de control o incluso de desamparo.
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