Árboles imprescindibles para el futuro

Los árboles escriben la historia del clima y entre los anillos anuales que se dibujan en el interior de sus troncos hay años y siglos de vida que han esculpido los acontecimientos del medio ambiente y el paso del tiempo en la Tierra. Pero, la actuación humana ha provocado gran parte de la desaparición de estos historiadores naturales de los centros urbanos y en los bosques, ignorando que, ante las previsiones de una progresiva subida de las temperaturas, ellos son imprescindibles para nuestra subsistencia.

EFE-REPORTAJES. – El naturalista Ignacio Abella es un estudioso del mundo de los árboles de los que ha escrito numerosos libros, ‘La magia de los árboles’, ‘El bosque sagrado’, ‘Aves familiares’, ‘El hombre y la madera’, ‘La memoria del bosque’, ‘El gran árbol de la humanidad’ y ‘Árboles de junta y concejo, las raíces de la comunidad’, ya que vive entre ellos y a ellos se ha dedicado desde su infancia en la localidad navarra de Urbasa.

‘Grandes árboles para el futuro’ es el libro que recientemente ha publicado el naturalista con la intención de fomentar la plantación de árboles en centros urbanos y en el campo, ante las previsiones que indican que, “en menos de 30 años, las poblaciones alcanzarán temperaturas equivalentes a lugares que hoy se encuentran 1.000 km. al sur”.

En esta última publicación, Abella sintetiza los conocimientos adquiridos sobre plantación, mantenimiento y ubicación porque mantiene que “los grandes árboles y los espacios verdes que pueden mitigar este escenario no se improvisan, pero sí pueden comenzar a cultivarse en las condiciones idóneas, para optimizar su repercusión. Máxime, teniendo en cuenta que su eficiencia en la captura de CO2 es mayor cuanto más cerca se encuentran de la fuente de emisión”.

En el norte de Europa, los libros mitológicos del siglo XV ya hablan del ‘ygddrasil’, un árbol que tiene una gran presencia entre los vikingos y era donde el dios Odin recibía las runas (piedras cargadas de magia). En la imagen, el color amarillo en los árboles se refleja en las aguas calmadas del río Drammen, en Drammen (Noruega), en plena estación de otoño. Foto: LISE ASERUD / PROHIBIDO SU USO EN NORUEGA.

LA VIDA Y LA MUERTE, RITOS ENTORNO AL ÁRBOL

 Ignacio Abella mantiene una larga trayectoria como buscador de las claves que nos ofrecen los árboles sobre la historia de la vida y los recursos que ofrecen, porque indica que “en ellos se encuentran las respuestas a tantas incógnitas de la actualidad como son el cambio climático, la sequía o la falta de recursos alimenticios en grandes zonas del planeta”.

Para el naturalista, históricamente “los árboles han reunido en su entorno a los seres humanos para deliberar, para nacer o para morir, porque las energías que transmiten son reconocidas por todas las civilizaciones y han sido motivo de leyendas, habitáculos de apariciones místicas y receptores de los problemas humanos a los que han sabido dar respuesta y sosiego”.

Desde su juventud, el escritor recorre y se asienta temporalmente en diversas y, casi siempre, apartadas regiones del País Vasco y Asturias (norte de España), entregándose al estudio y vivencia de la naturaleza y al mundo rural en el que se halla “plenamente integrado”.

Imagen de Ahuehuete, de 200 años de antigüedad, ubicado en Chalma, estado de México, ganadora en un concurso de árboles rurales, árbol que forma parte de los testigos de la historia, como lugar de peregrinaje o por sus formas caprichosas. Majestuosos árboles mexicanos que guardan decenas de anécdotas que serán recopiladas en el Inventario Nacional de Árboles Notables, realizado por la organización no gubernamental Reforestamos México, con el apoyo de la Comisión Nacional Forestal (Conafor), y cuenta ya con un total de treinta árboles inventariados. Foto: Tania Escobar.

Para Ignacio Abella, los árboles son los mejores maestros que haya en cualquier escuela. “He aprendido más entre las ‘hayas’ incluso que en cualquier libro o cualquier escuela”.

Entre los árboles que Abella destaca “por su importancia y carisma” se encuentra el ‘tejo’, “el árbol más misterioso de todos los cuentos y una sorpresa dentro del mundo botánico porque tiene características que no comparte con ningún otro árbol”.

El naturalista Ignacio Abella, un estudioso de los árboles, ha publicado recientemente ‘Grandes árboles para el futuro’ con la intención de fomentar la plantación de árboles en centros urbanos y en el campo, ante las previsiones que indican que, “en menos de 30 años, las poblaciones alcanzarán temperaturas equivalentes a lugares que hoy se encuentran 1000 km. al Sur”. Foto: Ignacio Abella.

ÁRBOLES PARA CADA CULTURA Y CONTINENTE

Entre sus peculiaridades se encuentra el de su asombrosa longevidad, ya que puede vivir 2.000 años e incluso, “a los 2.000 años, cuando ya está en decadencia, puede regenerarse a partir de una raíz y crear otro árbol nuevo completamente distinto. Hay muchos tejos que han sido considerados como árboles totémicos e identitarios de cada lugar”.

Entre los árboles especialmente importantes en Europa se encuentran el ‘roble’, el ‘tejo’ y el ‘fresno’. En el norte de Europa, los libros mitológicos del siglo XV ya hablan del ‘ygddrasil’, un árbol que tiene una gran presencia entre los vikingos y era donde el dios Odin recibía las runas (piedras cargadas de magia). Según la mitología nórdica, este árbol sostiene en su copa a los dioses y junto a las raíces, en la tierra, se encuentran los humanos y los reinos subterráneos.

En los países de América, la ‘ceiba’, de origen guatemalteco, se extendió desde México hasta Chile y es uno de sus árboles primordiales, cuya leyenda cuenta que a ella se le pedía permiso para pisar su sombra y se la depositaban ofrendas a sus pies. También es emblemático el ‘ahuehuete’, originario de México; el ‘guanacaste’, icono de la naturaleza de Costa Rica; el ‘bálsamo’ y el ‘maquilishuat’, de origen salvadoreño, y miles de especies más que pueblan los ricos ecosistemas de Iberoamérica.

Tejo milenario en la localidad francesa de Vigeoix. Foto: Ignacio Abella.

EL ÁRBOL QUE SOBRIVIÓ EN HIROSHIMA

En Japón, el ‘ginko biloba’ es un árbol antiquísimo y venerado que se plantaba en sus templos. “Es un árbol santuario en sí mismo y a su alrededor se construían santuarios. Los japoneses lo veneran porque cuando cayó la bomba de Hiroshima, el único ser que quedó vivo de toda la ciudad fue este árbol que rebrotó de su raíz al año siguiente y allí sigue plantado casi en el mismo epicentro donde estalló la bomba, cuando todo a su alrededor había quedad destruido en cenizas”, refiere el escritor.

En la tradición cristiana encontramos muchos árboles en los que en su interior aparece la imagen de alguna virgen, también asoma a su alrededor una colmena, enjambre de abejas, que son elementos legendarios que figuran en bosques o jardines boscosos. Según Abella, estos árboles “tienen como característica común que, cuando la gente intenta trasladar a la virgen, ésta lo impide, como si señalara que el lugar sagrado es ese en el que ella ha aparecido y no otro, y en el que indica que se debe construir una capilla”.

Prácticamente, “los árboles son magos por si mismos, que hacen una magia tan potente como procurarnos el agua que bebemos porque procede de la hojarasca del humus de los árboles que luego nos permite beber agua fresca, hace que las fuentes no desfallezcan y crean suelo del que, al final, comemos”.

LOS ÁRBOLES DEL FUTURO. 

Por todas estas razones, el escritor mantiene que “es hora de poner en marcha la formidable maquinaria de acondicionamiento del aire que representan estos gigantes verdes con su sombra y evapotranspiración; su efectiva función de filtro y descontaminación, su efecto global para mitigar el cambio climático, y sus diversas repercusiones benéficas sobre el estado de salud físico y anímico de los ciudadanos”.

Abella plantea la necesidad de “potenciar todos estos efectos, para dotar al gran árbol o bosque ciudadano de las condiciones ideales para su desarrollo. Unificando experiencia, investigación, conocimientos y medios técnicos para que su desarrollo y eficiencia sean óptimos”.

El naturalista Ignacio Abella concluye que “poniéndonos al servicio del árbol habremos logrado un hábitat más saludable, hermoso, habitable, biodiverso, deseable…”Por Isabel Martínez Pita 


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