Por Miguel Villarello
Sin contar la zona de tolerancia, que debe su nombre precisamente a que es un espacio delimitado en las afueras de la mancha urbana en el que se toleran algunas conductas, Saltillo cuenta con dos áreas también delimitadas en cuanto a sitios de convivencia y diversión conocidos como “antros”.
Estos antros llamados así por el colectivo ciudadano se dividen en restaurantes, restaurante-bar, bares, cantinas o restaurantes con venta de bebidas alcohólicas y que, pese a estar bien localizados por la autoridad y la ciudadanía, reflejan dos problemáticas.
Uno de ellos está ubicado en la zona centro y parte del centro histórico de la ciudad, presenta el problema de ruido y cierre de funcionamiento, en algunos casos, fuera del horario permitido; mientras que el otro sitio ubicado al norte, en una amplia extensión residencial, se caracteriza por la constante problemática que causan a vecinos principalmente familias en cuanto a saturación de estacionamientos en vía pública y hechos de violencia fuera de los establecimientos.
Mientras que la situación es reconocida por dos regidores del ayuntamiento que coinciden en que la problemática está hasta cierto punto controlada por la autoridad, corre el rumor en los pasillos del Municipio de que no se puede “limitar u obstruir” el fomento al empleo y reactivación económica y, en consecuencia, preferentemente se otorgan los respectivos permisos de funcionamiento a este tipo de establecimientos en ambas zonas de la localidad.
Al respecto, una fuente interna de la Dirección de Desarrollo Urbano explica que siempre y cuando el empresario o inversionista cumpla con los requisitos para iniciar la actividad en estos rubros, pues es autorizado y empieza a funcionar su negocio.
Mientras tanto, la ciudadanía, principalmente familias y adultos mayores, quienes viven cerca del círculo de acción de estos lugares de esparcimiento, se quejan en la zona centro del ruido los fines de semana, que inicia el jueves por la noche y hasta los domingos por la madrugada, aunque esporádicamente uno que otro abre los domingos por la tarde.
Y en el caso de la zona residencial al norte de la ciudad la queja es porque los consumidores con sus vehículos obstruyen las áreas de estacionamiento, principalmente cocheras de las casas aledañas, riñas esporádicas y ruido en las áreas exteriores de los establecimientos por parte de grupos de jovencitos al momento del cierre de los antros.
Otra arista de la problemática es que la sospecha de los quejosos o afectados, más bien, es que la mayoría de los restaurantes-bar o cantinas son propiedad de empresarios ligados a políticos de la comarca y con relaciones con familias de dinero a quienes difícilmente se les puede sancionar como se debiera en caso de aplicar la ley por el supuesto de que los clientes o asistentes al antro quebranten la ley cometiendo algún tipo de falta administrativa.
REQUISITOS
Carlos Orta Canales, 13 regidor del Municipio de Saltillo, habla en lo general sobre permisos de uso de suelo y licencias de funcionamiento para un negocio comercial o bar, restaurante, restaurante-bar, cantina, antro.
Reconoce que sí ha recibido quejas de la ciudadanía o vecinos de este tipo de giros empresariales.
“Siempre se reciben quejas, esto es algo de la vida diaria, porque hay quienes exceden en cuanto al tema del ruido, hay quienes exceden o incumplen con la normativa con la venta, por ejemplo, de la edad a quienes les permiten consumir alcohol o que están sobrepasando los límites de ocupación que existen.
Pero se han ido modificando ahora también con el tema de la pandemia o COVID-19 y que ha provocado que se practiquen protocolos y restricciones diferentes a las que marcan los reglamentos por comunes acuerdos entre Federación, Estado y Municipio”, explicó.
Vuelve a las quejas y expresa que, además del ruido: “está el que se quedan en horarios excedidos de lo que marca la propia Ley de Alcoholes en el Estado, que ya no se permite la venta ni el consumo después de las 2 de la mañana y todos estos establecimientos de cerrarse, pero bueno, esas quejas son precisamente para hacer llamado a la autoridad y que vaya y haga una revisión física”.
Orta Canales aborda otra arista y dice que se trata de una serie de requisitos municipales que deben cumplirse principalmente: “primero es el uso de suelo, checar si el lugar donde se quiere poner el establecimiento o se piensa de alguna manera poner un antro, bar o lugar de expendio con bebidas alcohólicas siempre se requiere cumplir con lo que marcan los ordenamientos y el Reglamento Municipal, que es que se encuentre en un corredor que así lo permita cuando se trate de la venta o consumo de alcohol”.
Posteriormente del uso de suelo, se requiere de la licencia, es un trámite que se debe hacer juntamente con la Dirección de Alcoholes en coordinación con la Dirección de Desarrollo Urbano; pero en sí son una serie de requisitos, obviamente deben de contar con una licencia también tramitada a través de Alcoholes por medio de una cervecería, que normalmente son quienes las otorgan por que el costo de la licencia es muy alto.
Y en último, una vez cumpliendo con todo lo que marca la normatividad que son muchas cosas en materia de Protección Civil y otros ordenamientos que hay que cumplir, ya vendría lo último que es la licencia de funcionamiento; esto simplemente es que, una vez que se solicitó bajo algún giro y que ya va a operar, pues que la propia Dirección de Desarrollo Urbano verifique que efectivamente los usos para los cuales se solicitó la licencia son bajo los que van a operar”, señaló Orta Canales.
¿Qué quiere decir esto?, cuestiona el regidor: “pues que todos aquellos requisitos que yo le solicité que debía cumplir o las recomendaciones, una vez que abra, efectivamente se estén cumpliendo cabalmente y que el giro sea precisamente el que se solicitó”.
Y advierte que: “lo que aquí hay que cuidar mucho es que se respete el lugar donde se van a poner y el permisible, obviamente lugares donde se le dé vida a zonificaciones como lo viene siendo el Centro Histórico, por un lado, y que cumpla también con la normatividad que marca Ecología y Protección al Ambiente”.
Ello también en el tema de bares, explica finalmente: “porque entran ciertos requisitos y apegarse a normatividad en materia de ruido y, por otro lado, en materia de protección civil y que la instalación de todos ellos siempre sea en avenidas o lugares donde efectivamente se deben de colocar”.
HECHOS VIOLENTOS
Entre las problemáticas que presentan este tipo de establecimientos en ambas zonas y que pudiese catalogarse como de alto riesgo, están los hechos violentos que en muchas ocasiones y bajo ciertas circunstancias devienen en sucesos muy violentos.
El más reciente se registró hace apenas un día cuando, la madrugada del viernes, dos personas supuestamente se liaron a golpes luego de una discusión dentro de un bar ubicado en los límites de la Zona Centro de Saltillo.
Se trata de una cantina en el sitio que conforman las calles Matamoros y Rafael de Cepeda, donde los dos sujetos salieron del establecimiento y continuaron la pelea, la mala suerte llegó para uno de ellos al recibir una puñalada de su agresor y, luego de caminar unos pasos, cayó muerto mientras la otra persona emprendía la huida; hasta el momento la autoridad abrió una carpeta de investigación para dar con el posible sospechoso e imputarle el hecho de violencia por alcoholismo.
DESARROLLO URBANO
Vamos con Desarrollo Urbano, en este caso la fuente interna pide el anonimato para no exponer su fuente de empleo y “no estar autorizada”, pero confirma la investigación de este medio.
En el caso de establecimientos como restaurantes, restaurante-bar, bares, cantinas o restaurantes con venta de bebidas alcohólicas, incluso salones de fiestas en las dos zonas, centro o al norte por el bulevar Pedro Figueroa, primordialmente, se trata de dos permisos en esta área municipal: licencia de uso de suelo y trámite de funcionamiento según el uso de suelo y que van desde los 500 pesos hasta los 5 mil.
“Ello dependiendo de la superficie y que son otorgados por cierto tiempo, pues su vigencia es anual; además existen otros permisos y licencias, pero éstas son otorgadas por Protección Civil, Alcoholes, Ecología y Medio Ambiente, entre otros y dependiendo del giro y características del establecimiento”.
RECORRIDO Y SUBDIVISIÓN POR SECTORES
Se puso en práctica un recorrido para ubicar toda esta gama de “antros” o sitios de convivencia y se constató lo siguiente: en una amplia extensión de la zona centro que abarca el Centro Histórico en que en ocasiones se utilizan viviendas muy antiguas, claro en pleno respeto a la arquitectura que la dirección del centro histórico otorgó el permiso correspondiente, están las calles Bravo, Hidalgo, Zaragoza, Allende, Acuña, General Cepeda, Ramos Arizpe, De la Fuente, Pérez Treviño, Lerdo y Corona.
Un ejemplo es la calle Nicolás Bravo en la que se encontraron cerca de 10 bares, antros, cantinas o restaurantes-bar, pero sólo en una cuadra que conforman Bravo entre De la Fuente y Juárez existen, en una misma acera, cinco establecimientos, dos de ellos juntos y por lo menos 15 familias viven frente a estos en dicha cuadra.
Y la extensión que conforman el bulevar Pedro Figueroa y un segmento en su cruce con los bulevares Venustiano Carranza y Eulalio Gutiérrez, ahí los establecimientos tienen su fachada o construcción parecida a un galerón tipo palapa con áreas exteriores tipo terraza; sólo en unas seis cuadras de Pedro Figueroa se ubicaron cerca de 12 establecimientos de este tipo.
Después de que algunos funcionarios municipales coincidieron en que la ciudad se divide en las dos zonas mencionadas: el Centro y Centro Histórico, y el bulevar Pedro Figueroa al norte de la ciudad; faltaría contabilizar el área que comprenden las calles Lerdo de Tejada y Pérez Treviño, desde Allende hasta Obregón, pero en este caso se trata de cantinas y, a decir de clientes o consumidores, lugares de prostitución disfrazados de loncherías las más; ello sin contar la Zona de Tolerancia muy al sur-oriente de la mancha urbana.
Y, entre las problemáticas detectadas, la principal es el ruido a altas horas de la noche, faltas a la moral y riñas fuera de los establecimientos, contingencias que inician desde la tarde-noche del jueves para extenderse al viernes y sábado o, en ocasiones, hasta los domingos.
EL CENTRO
Como ejemplo de esta problemática se expone lo citado por una ama de casa, adulta mayor, y que vive en una de estas céntricas calles, que fue amplia y corroborada con los vecinos en la zona centro.
Aunque la mujer pide el anonimato por temor a represalias de los “antreros” o dueños de bares, y platica que: “aquí a la vuelta hasta están tumbando una casa, nadamas que el Municipio la detuvo porque ahí está un sello de clausura”.
“Pero más adelante está otro lugar que va muy avanzada la obra, parece que será un restaurante-bar, pero está muy cerca de dos escuelas, una secundaria y un instituto de medicina”, comentó.
Al respecto sostiene que los vecinos andan recolectando firmas: “porque no se puede, pues trastoca la tranquilidad del barrio; pero ya la obra va muy avanzada, creo que pagaron para que no les revisaran la obra o no se las suspendieran”.
Pero aparte del ruido están las faltas a la moral, se le informa, y cuenta que: “pues ya ve como salen después del antro, los vecinos no hemos visto nada de eso porque a esas horas estamos dentro de casa, pero de todas maneras percibimos el ruido, los gritos por las discusiones o trifulcas en la calle una vez que abandonan los bares”.
Vuelve al que está por abrirse, pues muestra su preocupación ante la cantidad de establecimientos en el área habitacional: “pero de algunos que están por abrirse, los vecinos de ciertos sectores andan pidiendo firmas a ver si es posible que se detenga la obra, porque en ocasiones hasta de noche están trabajando en la reconstrucción y, por ejemplo, es tan buen negocio que uno de estos bares que está por aquí -y señala Bravo hacia el norte, se va a cambiar para allá, por calle De la Fuente”.
La señora, quien dice vivir con su familia, sostiene que: “empiezan desde el jueves, es ese día, viernes y sábado, aunque alguno de ellos tiene permiso, me parece, de abrir los domingos porque esos días también está abierto; pero los que llegarán nuevos de ambas construcciones que van a abrir acá por De la Fuente, nos parece que ya es mucho antro por este sector que anteriormente se caracterizaba por su tranquilidad”.
Mientras que los demás vecinos cuestionan que no es posible que estén cerca de las escuelas, afirman que la autoridad no ha hecho caso, no obstante que el reglamento dicte que en 300 metros a la redonda de una escuela no debe haber ni cantinas, ni antros, ni bares, ni sitios de baile o diversión, ni siquiera la venta de fritangas o alimentos chatarra; pero nadie hace caso y las autoridades no dicen nada con eso de que son centros de fomento al empleo e ingresos económicos para las familias de quienes en ellos trabajan.
La adulta mayor va más allá, está bien enterada y menciona que por General Cepeda, entre Juárez y De la Fuente, está la Clamatina, un bar y está frente a la plaza San Francisco a unos 100 metros de dos iglesias y al lado de una escuela, “y no han hecho caso de eso”.
Respecto a que estos bares o antros sean propiedad de hijos de funcionarios públicos o connotados políticos de la región, sostiene desconocer tal versión: “francamente no sabemos de quién sean, por ello no podemos testificar, pero me parece que tendrían alguna palanca y por eso los van a abrir o algo así”.
Y es que muchas veces es gente de dinero y les dan cierta cantidad para que libren los requisitos y obtengan los permisos, reconoce de inmediato y vuelve a cuestionar lo ya dicho: “dicen que deben estar a una cuadra o más alejados, no sé cuánta distancia, de las escuelas y los ponen casi en seguida y nos preguntamos ¿cómo está eso?”.
RESTRICCIONES A BARES
Finalmente queda la amplia explicación emitida por un regidor en la que comenta que “hablamos de tres puntos. Son 3 puntos en el tema de licencias de alcoholes donde actualmente hay una restricción para la autorización de licencias de alcoholes para bares, no restaurantes, es en Pedro Figueroa, ahí lo único que podemos autorizar son restaurantes con venta de bebidas alcohólicas”.
“Hay que diferenciar los tipos de licencias: hay para restaurante con venta de bebidas, hay restaurantes-bar, hay cabarés, hay bares, entonces es dependiendo de la preponderancia que tiene cada uno de los giros”, explicó.
El regidor Jorge Alberto Leyva, también secretario de la Comisión de Alcoholes del Ayuntamiento de Saltillo sostiene que en el caso de restaurante con venta de bebidas alcohólicas pudiera ser un restaurante donde va cualquier familia, niños y personas.
“En el caso de restaurante-bar es cuando hay en un bar venta de alimentos, entonces esto quiere decir que estamos hablando o denominarse de algunas cantinas o algunos centros donde se expenden bebidas alcohólicas abiertas, pero con alimentos.
Pero el bar es exclusivamente para venta de bebidas alcohólicas y los centros nocturnos o cabarés son otro tipo de giros, antros, etcétera también son otro tipo de giros”, añadió.
Donde sí habíamos tenido un número importante de quejas, continúa Alberto Leyva, era en el tema de Pedro Figueroa: “ahí se habían exponenciado de manera importante las licencias con restaurante-bar y bares, y el problema no era solamente el ruido, sino el estacionamiento entre los fraccionamientos y por eso se decidió hacer una restricción en toda esa vialidad para que ya no se lleve a cabo”.
En el caso del Centro Histórico y la Zona Centro tenemos un problema distinto o se han presentado quejas distintas, comenta el edil, ahí sí tenemos o hay licencias desde hace más de 60 años; entonces aquí es una situación que está fuera de nuestro control porque la ley no puede ser en perjuicio del ciudadano o propietario del giro comercial.
“Te repito, estamos hablando de cantinas tradicionales, solo por mencionar algunas el Bar Mi Oficina o El Casinito que son cantinas que se podría decir que ya forman parte del patrimonio cultural de la ciudad, en el mejor sentido de la palabra”, afirmó.
Entonces esas licencias de alcoholes son muy antiguas y así pasa con la mayoría de las licencias que hay en el centro de la ciudad, corrobora.
Y precisa que tenemos otro fenómeno: “las nuevas licencias ya están limitadas y condicionadas, por ejemplo a la fecha ya hay muchas solicitudes de licencias con restaurantes-bar o bares exclusivamente, también con destilados y mezcales, es decir, con otro tipo de giros en los cuales ellos para poder abrir un nuevo negocio tienen que contar con la licencia de funcionamiento, la licencia correspondiente para poder operar, la licencia de alcoholes obviamente, la municipal y estatal, el estacionamiento garantizado para ingresar al lugar”.
Yo creo que en el caso del centro histórico es donde se ha crecido un poco más en virtud de las nuevas distintas ofertas que tienen los restauranteros, los propietarios de los bares por los diferentes conceptos, afirma el regidor: “ahorita yo sí creo que como secretario de la Comisión de Alcoholes es importante tener muy cuidado el crecimiento del número de licencias”.
“Otra cosa típica, el año pasado cerraron muchos restaurantes, estamos hablando del 30 por ciento de restaurantes y bares que cerraron definitivamente y que hoy apenas se están reincorporando a la venta de licencias; eso corresponde al Municipio y yo ¿qué haría en este aspecto?, y qué pondría a disposición por medio de comunicación si hay alguna petición particular sobre el ruido que nos ha llegado y que hemos atendido sobre los estacionamientos que ha llegado y se ha atendido, pues sí tener muy claro e identificado en dónde.
Por ejemplo, el caso de centro, sí hay muchos lugares nuevos, los cuales están muy bonitos, están muy bien cuidados y alternativos, con una oferta culinaria y de bebida, entonces sí se le da un nivel.
Aquí un segundo tema me parece que es el gran reto y me refiero al de los estacionamientos en el Centro Histórico, porque no cierran a la hora que cierran los establecimientos y se presenta la problemática de la salida con operativos de la Policía Municipal para el desalojo de estos, el desalojo vial de la misma zona.
Entonces de lo que hablamos en cuanto a unas licencias activas donde participan dos marcas (de cerveza) algunas son propias, entonces se ha desechado o limitado un poco el padrón de licencias de venta de alcoholes en el cual radican alrededor de 500 a 600 que están operando activamente en la ciudad.
Esto también, obviamente, corresponde a otro aspecto que es el giro, la venta de bebidas alcohólicas en envase cerrado, en los supermercados, en expendios, tiendas de conveniencia, pero particularmente en restaurantes, restaurantes-bares, bares, incluso la zona de tolerancia y hablamos de un padrón de aproximadamente 500 lugares en donde se expenden este tipo de situaciones y en donde queda abierta” detalló.
El secretario de la Comisión de Alcoholes del Ayuntamiento habla de las quejas y afirma que: “hemos tenido aquí también a muchos restauranteros, muchos ciudadanos con diferentes quejas que hemos tratado de solucionar con el paso del tiempo”.
En cuanto a un estimado de cuántos son los antros, restaurantes, bares en específico, reconoce que no se tiene, que: “se tiene como una cifra total e incluye restaurante, restaurante-bar, restaurante con venta de bebidas alcohólicas en toda la ciudad, con esos giros particularmente, porque si no obviamente están los que tiene licencias de supermercado, tienda de conveniencia ya es mucho mayor”.
“Aunque hay que destacar que muchos ya no operan, está la propia licencia, es decir, no necesariamente están operando esos 500 que te menciono, pero sí aproximadamente ese es el número de licencias en estos giros que te declaré”, comentó.
En cuanto al costo de la licencia, dice que depende del giro: en restaurante con venta de bebidas alcohólicas, por ejemplo, la licencia tiene el costo menor debido a que su actividad preponderante no es el alcohol, “estamos hablando de que unas fluctúan entre los 100 hasta los 300 mil pesos porque si es con licor o cerveza, pues hay muchas modalidades entre estos dos tipos de bebida, licor, cerveza, vino, restaurante, restaurante-bar, bar”.
“Por lo que refiere a las quejas, sí se han recibido entre los regidores, el tema de ruido, pero nuestra facultad como Comisión de Alcoholes corresponde a cosas muy limitadas, hay que recordar que el inspector de alcoholes verifica licencia, los permisos vigentes de protección civil, permisos de desarrollo urbano, la licencia vigente, los derechos pagados y demás.
Se ha cerrado por esta causa o falta de algún requisito y sí nos llegaba quejas; nos llegaban antes de la pandemia porque ahorita casi no llegan, pues pensamos que se debe a que apenas se están reactivando estos giros”, explicó.
Pero definitivamente, reconoce el funcionario: “es una realidad, antes de la pandemia, por ejemplo, nos llegaban reportes de que el fin de semana se cerraba tal lugar porque no se cerró a tiempo, porque hubo altercados, porque hubo violencia, sí pasaba y particularmente en Pedro Figueroa y algunas partes, pero casos muy aislados, del centro de la ciudad, en la calle Lerdo particularmente, pero ahí se hace el procedimiento respectivo, se cierra y se paga la multa.
Y después tuvimos los operativos de pandemia donde yo directamente participé junto con Desarrollo Urbano, con el presidente de la Comisión de Alcoholes del cabildo, el director de Alcoholes y sí cerramos un número importante de antros porque la afluencia estaba muy limitada, se cerraba por afluencia porque, la verdad, la gente salía a un desfogue social ante el encierro a causa del Coronavirus” expuso.
Luego de platicar, anecdótico, el cierre de un salón de bailes por avenida Presidente Cárdenas, “que era un centro de baile en el que la gente en plena pandemia acudió al bailongo y estaba a todo lo que daba, entonces se tuvo que clausurar ese y varios espacios más”, Jorge Alberto Leyva sostiene que: “ahorita por ser la pandemia sí ha estado muy limitado, los problemas de ruido se pasan directamente a la Policía Ambiental y se hace el procedimiento respectivo, no es competencia del inspector de alcoholes verificarlo, pero sí de atenderlo en determinado momento”.
En cuanto e un promedio de quejas que atiendan, dice que les llegan bastantes: “hasta antes del COVID-19 hablamos entre 25 y 30 quejas por semana, y que, ojo, muchas veces era la misma, porque cuando pasaba algo en determinado establecimiento en la Zona Centro las mismas o varias personas hablaban o se quejaban del mismo hecho en particular”.
Afirma que ya tenían muy detectados los establecimientos: “y también en la prensa los han cubierto, por ejemplo -recuerda-, la cobertura de varios decesos en establecimientos por parte de los medios de comunicación, muertes atribuidas a peleas en el Centro Histórico, riñas en establecimientos del norte, pero que son hechos muy aislados y que suceden y, por lo mismo aislado se transforman para el dominio público y social”.
Finalmente, ¿independientemente si es suspensión o cierre definitivo, la sanción implica una multa?, se le cuestiona y el integrante de la Comisión de Alcoholes del Cabildo saltillense responde que en caso de: “un establecimiento que se cierra debe pagar multa, por ejemplo, por cierre o suspensión en pandemia hablábamos de multa de 50 mil pesos y ese pago correspondía también a la posibilidad de poder reabrir y obviamente para que quede un antecedente en contra del establecimiento”.
En la pandemia no se hizo por otra cosa más que por aforo ese cierre, reconoce, es decir, sobrecupo a lo sugerido por el Comité Técnico Regional de Salud Sureste: “nunca por violencia, ni otra falta administrativa, más que por el aforo o se excedían los límites del aforo; y antes de la pandemia sí se cerraron varios establecimientos donde se aplicó la multa respectiva de acuerdo con los lineamientos jurídicos respectivos y se llevó a cabo la suspensión y hasta que pagaran la multa se reabrían”.
El tema de alcoholes las últimas reformas al reglamento es ser muy rigurosos, confirma el regidor: “en el tema de que estamos en una ciudad de casi un millón de habitantes obviamente el alcohol es un tema del que no podemos tapar el sol con un dedo.
“Si bien también se convierte en un problema social, sí es un problema social definitivamente, también son cosas que la gente la ve como una necesidad social que no se justifica en ningún momento, pero que como cabildo trataremos de seguir cuidando el crecimiento de las licencias para que sea controlado, medido y para que sea bien establecido”, concluye.
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