Ciudad de México, 05/08/26 (Más).- La presidenta Claudia Sheinbaum analiza la posibilidad de iniciar pruebas piloto de fracturación hidráulica en Coahuila y Tamaulipas, con el propósito de incrementar la producción nacional de gas natural y reducir la dependencia de las importaciones procedentes de Estados Unidos.
De acuerdo con un reporte de Reuters, elaborado con información de cuatro fuentes conocedoras del tema, el Gobierno federal estudia dos áreas del norte de México que cuentan con importantes recursos de gas no convencional.
Una de las fuentes indicó que las primeras pruebas podrían comenzar en septiembre, aunque hasta ahora la Presidencia de la República no ha realizado un anuncio oficial.
La evaluación se encuentra respaldada por las conclusiones de un grupo de especialistas en geología, ingeniería, disponibilidad de agua y medio ambiente, convocado por el Gobierno mexicano para analizar la viabilidad técnica y los posibles efectos ambientales de la explotación de hidrocarburos mediante fracturación hidráulica.
Sheinbaum anunció en abril la integración de ese grupo de trabajo con el objetivo de reunir elementos científicos y técnicos antes de adoptar una determinación. La presentación de las recomendaciones estaba prevista originalmente para junio, pero fue retrasada debido a diferencias entre los expertos participantes.
Algunos de los especialistas consideran que México todavía no cuenta con las condiciones necesarias para desarrollar esta técnica con afectaciones ambientales aceptables. Otros sostienen que los avances tecnológicos permitirían disminuir el consumo de agua y reducir algunos de los impactos asociados con la extracción de gas y petróleo de formaciones de lutitas.

La revisión del fracking ocurre en medio de la preocupación del Gobierno federal por la dependencia energética del país. México importa aproximadamente 75 por ciento del gas natural que consume, principalmente desde Estados Unidos, una situación que las fuentes consultadas calificaron como “alarmante” ante posibles tensiones comerciales o geopolíticas.
Pemex produce en promedio 4 mil 869 millones de pies cúbicos diarios de gas natural. La empresa estatal también registra una producción cercana a un millón 658 mil barriles diarios de petróleo y condensados, de acuerdo con los datos incluidos en el reporte.
Una de las zonas consideradas para las pruebas piloto se encuentra en Coahuila, dentro de la plataforma Burro-Picachos, cercana a la formación estadounidense Eagle Ford, reconocida por su elevada producción de petróleo y gas de lutitas. Su ubicación permitiría utilizar información geológica acumulada en la región fronteriza.
El área de Coahuila también presenta una baja densidad poblacional, lo que podría reducir conflictos sociales durante las actividades exploratorias. Sin embargo, la disponibilidad de agua representa uno de los principales obstáculos, debido a que la fracturación hidráulica requiere grandes volúmenes del recurso para romper las formaciones rocosas y liberar los hidrocarburos.
La segunda alternativa se ubica en la región de Burgos, en Tamaulipas, donde Pemex ha desarrollado operaciones petroleras convencionales durante varios años. La infraestructura existente y la experiencia acumulada podrían facilitar el inicio de las pruebas, aunque la inseguridad y la presencia de organizaciones criminales representan riesgos para un proyecto que demanda actividad continua.
Las organizaciones ambientalistas mantienen su oposición al fracking por el consumo intensivo de agua, el riesgo de contaminación de acuíferos, las emisiones de metano y la posibilidad de provocar sismos inducidos. También advierten que una nueva inversión en hidrocarburos no convencionales podría retrasar el avance de México hacia fuentes renovables de energía.
México cuenta con antecedentes en el uso de esta técnica. Pemex ha perforado 25 pozos exploratorios mediante fracturación hidráulica en las cuencas Sabinas-Burro Picachos, Burgos y Tampico-Misantla, aunque no se ha desarrollado una explotación comercial de gran escala.
La eventual reactivación del fracking marcaría un cambio relevante en la política energética del Gobierno federal, que deberá equilibrar la necesidad de aumentar la producción nacional de gas con los riesgos ambientales, sociales y operativos señalados por especialistas y organizaciones civiles.
La Presidencia de la República no ha respondido a las solicitudes de comentarios sobre el reporte, mientras que Petróleos Mexicanos tampoco ha emitido una postura oficial acerca de las zonas propuestas ni del posible calendario para iniciar las pruebas piloto.
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