Ciudad de México, 11/08/26 (Más).- El uso de herramientas de inteligencia artificial generativa para estructurar y redactar discursos políticos comienza a incorporarse en procesos electorales y plantea interrogantes sobre el papel de la tecnología en la formulación de mensajes dirigidos a los ciudadanos.
De acuerdo con la columna publicada por El País del filósofo y ensayista Éric Sadin analiza este fenómeno a partir de casos registrados en elecciones recientes, entre ellos los comicios municipales de Francia de 2026, en los que algunos candidatos reconocieron haber utilizado sistemas de inteligencia artificial para organizar sus discursos, mientras otros admitieron que recurrieron a estas herramientas para redactarlos.
El autor plantea que esta práctica introduce una situación en la que un representante público puede pronunciar, con su propia voz, palabras elaboradas previamente por un sistema artificial. Sadin compara este proceso con un ventrílocuo mecánico, al considerar que la tecnología puede intervenir no solo en la forma del discurso, sino también en la manera en que se construyen las ideas destinadas al electorado.
El análisis señala que los sistemas de inteligencia artificial no necesariamente se limitan a trasladar las intenciones del usuario al lenguaje escrito. También pueden ser utilizados para analizar las expectativas de determinados grupos de destinatarios y, posteriormente, generar mensajes adaptados a los parámetros identificados.
Según Sadin, esta dinámica supone un doble cálculo automatizado: primero se analizan las opiniones o preferencias de los receptores y después se utilizan esos datos para producir un lenguaje diseñado para obtener una mayor aceptación. El procedimiento llevaría a una nueva etapa de las estrategias de comunicación política que durante décadas han recurrido a técnicas de marketing para incrementar la receptividad de los mensajes electorales.
El autor considera que la incorporación de inteligencia artificial profundiza la prioridad concedida al receptor sobre la libertad de quien emite el discurso. Desde esta perspectiva, la tecnología podría convertir las campañas políticas en procesos de adaptación permanente de los mensajes a los estados de opinión detectados mediante sistemas automatizados.
Sadin también advierte que la influencia tecnológica sobre la política no se limita a la participación de las empresas digitales en decisiones públicas. El riesgo, plantea, se encuentra también en que las herramientas tecnológicas comiencen a intervenir en la definición de prioridades políticas y en la formulación de los programas que deberían surgir de convicciones y decisiones humanas.
En su análisis, el autor cuestiona el uso del término “tecnofascismo” para describir estas transformaciones y plantea la necesidad de desarrollar conceptos específicos para fenómenos asociados con la inteligencia artificial. En su lugar, propone la idea de un autoritarismo algorítmico “blando”, cuya expansión estaría relacionada con distintos niveles de dependencia respecto de sistemas automatizados.
La primera dimensión de ese fenómeno sería el desarrollo de sistemas de realidad artificial cada vez más capaces de procesar información y establecer criterios, lo que podría reducir progresivamente el espacio para la evaluación humana y para procesos transparentes de deliberación.
Una segunda dimensión estaría relacionada con la normalización de herramientas desarrolladas por empresas privadas. Sadin sostiene que el uso cotidiano de estos dispositivos puede llevar a que los esquemas estadísticos y económicos de las compañías tecnológicas adquieran un peso creciente dentro de la razón política, aun cuando los objetivos del sector privado y los del ámbito público respondan a lógicas diferentes.
El texto también aborda el denominado “capitalismo lingüístico” asociado con las empresas de inteligencia artificial generativa. De acuerdo con el autor, estos sistemas incorporan sesgos derivados de la búsqueda de eficiencia y del cálculo económico, elementos que podrían influir progresivamente en la manera en que las personas formulan sus ideas y toman decisiones.
Una tercera dimensión correspondería al uso de estas tecnologías por parte de la población. Sadin advierte que la generación masiva de programas, análisis y contenidos presentados como verdades objetivas puede incrementar la fragmentación de la sociedad y dificultar el diálogo entre grupos con posiciones diferentes.
El autor sostiene que la política no consiste únicamente en formular propuestas o perspectivas, sino también en considerar las condiciones concretas necesarias para hacerlas viables. En ese sentido, advierte que una dependencia excesiva de sistemas automatizados podría generar propuestas desconectadas de las condiciones materiales y sociales necesarias para llevarlas a cabo.
El análisis retoma además una reflexión del psicoanalista Jacques Lacan sobre la relación entre el ser humano y la palabra. Sadin plantea que cuando una persona habla públicamente en su propio nombre, pero sus palabras son resultado de procesos tecnológicos y económicos externos, puede producirse una separación entre quien pronuncia el mensaje y quien realmente intervino en su elaboración.
Para el autor, el problema también alcanza a los ciudadanos, debido a que el público podría tener mayores dificultades para distinguir entre expresiones elaboradas directamente por una persona y aquellas producidas mediante sistemas de inteligencia artificial. Esto modificaría la relación tradicional entre los representantes políticos y sus electores.
Sadin considera que asumir como neutral el uso de discursos generados o prefabricados mediante inteligencia artificial implicaría desconocer sus posibles efectos sobre la actividad política. En su interpretación, la política requiere preservar la expresión libre y plural de opiniones, la separación entre los ámbitos público y privado y la posibilidad de revisar constantemente las decisiones en función del interés general.
El autor descarta como escenario principal una eventual toma del poder por parte de las máquinas y plantea una hipótesis distinta: que las propias sociedades terminen cediendo progresivamente capacidad de decisión a sistemas tecnológicos. En ese escenario, la pérdida de poder no ocurriría por una imposición directa de las máquinas, sino por la dependencia creciente de herramientas capaces de intervenir en la formulación de ideas y decisiones.
Sadin advierte que esta transformación adquiere relevancia ante próximos procesos electorales, entre ellos las elecciones presidenciales de Francia y Estados Unidos. Desde su perspectiva, la incorporación de inteligencia artificial a la comunicación política obliga a discutir los límites de su utilización antes de que estas herramientas se conviertan en un componente habitual de la elaboración de programas, discursos y mensajes dirigidos a los ciudadanos.
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La IA LA MISMA PALABRA LO DICE “ES INTELIGENCIA” por lo tanto te ayuda a preparar no nada más discursos si no cualquier tema que el usuario tiene que mejorar y que lo use para lograr objetivos,Mientras que inteligentemente lo uses y cumplas con lo que prometes! Cual es el problema .?????????
Se entiende que la mayoria de los discursos sobretodo en los políticos se los prepara personal que tienen en su campaña Y/o su mandato, Los más negativos son los que dicen lo que la gente quiere oír y después no se cumplen los compromisos.
Los políticos en países avanzados tienen o tenían personajes auténticos pero aún ASI GENERALMENTE TAMBIÉN SON REDACTADOS SON POCOS LOS QUE SON IMPROVISADOS.
En los países sub desarrollados se dice que un buen político es el,que tiene : MAYOR CAPACIDAD DE ENGAÑO.