Actividad industrial de Coahuila retrocede a niveles críticos

Freno en el motor del Norte

Datos del INEGI confirman que el estado perdió casi 20 puntos en su indicador manufacturero entre 2023 y 2025. La transición hacia la electromovilidad y la debilidad en la demanda de Estados Unidos sitúan al indicador en su punto más bajo desde 2021, desafiando la narrativa de bonanza por relocalización.

Por Juan Rocha

Saltillo, Coahuila, 10/03/26 (Más).- El motor industrial de Coahuila ha comenzado a perder compresión. Tras haber rozado el umbral de los 100 puntos a principios de 2023, el Indicador Mensual de la Actividad Industrial por Entidad Federativa (IMAIEF), publicado por el INEGI, revela una caída sostenida que situó la actividad productiva apenas por encima de los 82 puntos hacia el cierre del ciclo 2025.

Este ajuste, que representa el nivel más bajo en el último quinquenio, marca el fin del «rebote» elástico post-pandemia y evidencia las grietas estructurales en la cadena de suministro de una de las economías más relevantes del país.


La volatilidad que caracterizó a 2021 y 2022, con picos de hasta 105 puntos, parece haber quedado en el pasado. Durante aquel periodo, la reapertura económica y la urgencia de la industria automotriz por normalizar sus inventarios mantuvieron al corredor industrial de Saltillo, Ramos Arizpe y Arteaga en una efervescencia que hoy se lee como transitoria.

Aunque entre finales de 2022 y los albores de 2023 se alcanzó una estabilidad envidiable —impulsada por la recuperación de la demanda en EE. UU. y las altas expectativas del nearshoring— el indicador comenzó un descenso gradual pero incesante en la segunda mitad de 2023. Lo que inicialmente se interpretó como una fluctuación estacional se ha consolidado como un cambio de tendencia estructural.


La desaceleración industrial en Estados Unidos ha golpeado directamente al corazón exportador de Coahuila. Sin embargo, el análisis agudo de las cifras sugiere que los factores externos no son los únicos responsables. Las elevadas tasas de interés han moderado la inversión productiva, pero es la reorganización global de la industria automotriz la que está dictando el nuevo ritmo.

La transición hacia vehículos eléctricos (EV) ha obligado a las armadoras instaladas en la Región Sureste a realizar paros técnicos prolongados y ajustes en sus líneas de producción.

Esta metamorfosis tecnológica, sumada a la reorganización de las cadenas globales de suministro, ha generado un bache productivo que el indicador del INEGI refleja con crudeza: una trayectoria suavizada que pasó de los 95 a menos de 90 puntos en 2024, para finalmente romper el suelo de los 83 puntos en 2025.


A pesar del escenario contractivo, la industria coahuilense no enfrenta una caída abrupta, sino un proceso de ajuste «a fuego lento». Especialistas del sector señalan que, aunque los niveles de 82 puntos son alarmantes en términos comparativos, la infraestructura consolidada y la integración profunda con el mercado norteamericano actúan como un soporte que evita un colapso mayor.

El desafío para el cierre de 2026 radica en si la atracción de nuevas inversiones vinculadas a la relocalización industrial logrará compensar la pérdida de volumen en los sectores tradicionales. Por ahora, la manufactura estatal atraviesa un periodo de moderación obligada, donde la eficiencia operativa será la única moneda de cambio para sobrevivir a un ciclo de crecimiento bajo.


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