Durante 2025 hubo en el país 8,846 muertes autoinfringidas, 38% más de las ocurridas en 2016. Advierten que hay subregistro y persisten carencias en detección temprana
Ciudad de México, 09/09/26 (Más).- México registra prácticamente un suicidio cada hora, una frecuencia que refleja el crecimiento sostenido de este problema de salud pública durante la última década y que afecta de manera particular a jóvenes, adolescentes y hombres.
Durante 2025 se contabilizaron 8 mil 846 fallecimientos por esta causa, lo que equivale a una muerte cada 59 minutos, mientras especialistas advierten que las cifras oficiales podrían representar solamente una parte de la dimensión real del fenómeno.
De acuerdo con información publicada por Animal Político, los suicidios aumentaron 38 por ciento en el país entre 2016 y 2025, al pasar de 6 mil 370 a 8 mil 846 casos anuales.
El nivel más alto de la década se presentó en 2023, cuando fueron documentadas 9 mil 72 muertes; aunque posteriormente se observó una ligera reducción, las cifras permanecen por encima de las registradas durante los primeros años de la pandemia de covid-19 y muy lejos de los niveles observados antes de 2020.
Las estadísticas de 2025 significan un promedio de alrededor de 24 suicidios diariamente. De ellos, al menos 19 correspondieron a hombres, población en la que se concentra la mayor cantidad de fallecimientos.
Las personas jóvenes también representan una proporción importante: el grupo de 20 a 25 años registra el mayor número de casos y, en conjunto, quienes tenían entre 20 y 34 años representaron alrededor de 40 por ciento del total nacional.
La situación también alcanza de manera significativa a niñas, niños y adolescentes; en el último año disponible se reportaron 280 suicidios entre menores de 10 a 14 años, aproximadamente uno cada 31 horas.
Las autolesiones intencionales entre personas de 5 a 14 años se encuentran entre las principales causas de fallecimiento de ese sector; entre adolescentes de 15 a 19 años, durante 2025 ocurrió en promedio un suicidio cada nueve horas, convirtiendo a ese rango de edad en el cuarto con mayor cantidad de casos.
Especialistas consideran además que las estadísticas oficiales pueden estar subestimando la magnitud del problema.
Alejandro Molina López, de la Asociación Psiquiátrica Mexicana, señaló que no todas las muertes llegan a clasificarse como suicidio en los registros civiles, ministeriales o forenses y que algunas pueden terminar asentadas bajo otras causas.
“No se registran el 100% de las muertes por suicidio; es decir, no todas se registran en el Registro Civil o en el Ministerio Público o en el forense. Muchas veces se cambia por ‘accidente’ o por ‘causa natural’, o simple y sencillamente no hay un acta de defunción. Lo grave no son las muertes, lo grave son las conductas que no se ven en el INEGI”, explicó.
La dimensión del fenómeno resulta todavía mayor al considerar la ideación y los intentos de suicidio. Según estimaciones citadas por especialistas a partir de criterios de la Organización Mundial de la Salud, por cada suicidio consumado pueden presentarse entre 20 y 25 conductas que abarcan desde pensamientos suicidas hasta intentos.
La Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco 2025 reportó, además, que 2.5 por ciento de la población mexicana de entre 12 y 65 años ha tenido pensamientos o deseos recurrentes de morir o quitarse la vida.
Entre adolescentes de 12 a 17 años la problemática adquiere características todavía más preocupantes: la prevalencia de intentos de suicidio aumenta de 0.7 por ciento en la población general a 1.5 por ciento entre quienes pertenecen a ese rango de edad.
El incremento es especialmente marcado entre las mujeres adolescentes: la ideación suicida pasa de 2.5 por ciento entre mujeres de todas las edades a 5.1 por ciento entre las de 12 a 17 años, mientras los intentos suben de 0.8 a 2.3 por ciento.
El psiquiatra Julio César Oliveros Orozco explica que existe una diferencia entre hombres y mujeres que especialistas han denominado “la paradoja del género”: aunque las mujeres presentan una mayor cantidad de intentos, los hombres concentran una proporción superior de suicidios consumados. Entre los factores que influyen se encuentra el estigma que todavía limita que muchos hombres comuniquen problemas emocionales, además de una mayor presencia de consumo y abuso de sustancias en esta población.
Los expertos sostienen que no existe una sola causa que explique un suicidio; entre los factores asociados aparecen los trastornos de salud mental, experiencias de violencia, abuso sexual infantil, consumo de alcohol y drogas, pobreza, maltrato, acoso escolar, ciberacoso, discriminación, problemas familiares, aislamiento y exposición a determinadas dinámicas en redes sociodigitales.
En el caso de niñas, niños y adolescentes, los efectos acumulados desde la pandemia también son considerados un elemento relevante por el incremento de síntomas relacionados con ansiedad, depresión, irritabilidad y dificultades emocionales.
Rosario Valdez, especialista del Instituto Nacional de Salud Pública, ha señalado que experiencias como el abuso sexual durante la infancia pueden incrementar de forma considerable el riesgo de un intento de suicidio.
A este escenario se suma que numerosas situaciones de violencia no son conocidas por las propias familias o llegan a ser minimizadas cuando son reveladas. El consumo de sustancias constituye otro factor de riesgo que ha llevado a especialistas a desarrollar programas preventivos dirigidos particularmente a adolescentes.
Especialistas insisten en que hablar del suicidio de manera informada permite conocer factores de riesgo, elementos de protección y señales que podrían facilitar una intervención oportuna.
También señalan que expresiones relacionadas con desesperanza, deseo de morir o la percepción de que otras personas estarían mejor sin alguien deben ser atendidas y no minimizadas.
El estigma en torno a la salud mental sigue siendo una barrera para solicitar ayuda, especialmente cuando los trastornos emocionales son reducidos socialmente a una falta de voluntad.
Michelle Judd, quien ha hablado públicamente de sus experiencias con intentos de suicidio, cuestionó que parte de la atención institucional y social todavía reproduzca prejuicios contra quienes atraviesan estas crisis.
“Lo más preocupante es pensar que cada vez personas más jóvenes están intentando suicidarse y no solamente lo intentan sino que lo logran; entonces estamos hablando de que las estrategias de salud mental no están funcionando y tampoco están bien focalizadas, no están llegando a los públicos que tienen que llegar porque vuelven a reproducir estos estigmas”, afirmó.
La respuesta de las instituciones también ha sido cuestionada frente al crecimiento acumulado durante los últimos años.
La Comisión Nacional de Salud Mental y Adicciones fue creada en 2023 y el gobierno federal presentó hasta 2026 un programa nacional dirigido específicamente a enfrentar el problema, después de una década de incremento y de las alertas emitidas desde la pandemia; sin embargo, programas preventivos destinados a comunidades escolares todavía tienen una cobertura limitada y persisten déficits de personal, infraestructura y atención especializada.
Para los especialistas, ampliar la prevención, la atención médica y psicológica, la detección de factores de riesgo y la capacidad institucional de responder ante una crisis resulta indispensable para modificar una tendencia que continúa representando miles de muertes cada año.
Aunque las proyecciones oficiales contemplan una ligera disminución para 2026, con una estimación cercana a 8 mil 511 casos, la frecuencia permanece en niveles que significan, en términos estadísticos, que aproximadamente cada hora una persona pierde la vida por suicidio en México.
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