Apuntes para el insomnio
Por Manuel Fragoso Álvarez
¿Por qué ese afán del ser humano de medir todo en ciclos? En etapas, en años, meses o días, lustros, décadas. Ocho años, catorce años, mil años, cincuenta, sin cuenta.
Siempre he tenido mis reservas con ciertas palabras. No me gusta decir, por ejemplo, “el mañana”, “el futuro” “el tiempo lo dirá” etc, tengo el prejuicio que los que así hablan no tienen nada que ofrecer, es una frase sin sentido (y si lo tiene es completamente hermenéutico).
Me molesta escuchar las palabras; «nuevo milenio», «visión futurista», «viendo a futuro» y otras afines, -que ahora nos machaca el gobierno a cada momento en los medios de comunicación- pues tengo el convencimiento que eso denota una conducta escapista, y pone de manifiesto una incapacidad para cumplir con los compromisos del día a día.
Ya lo decía San Agustín, “no hay mañana, no hay ayer, sólo existe el hoy”
Y así es, el futuro no nos pertenece, no hay «mañana», porque cuando llega se convierte en hoy. Si nosotros viviéramos un «ahora» de calidad, vendrían buenos resultados. Ya Borges, en uno de sus poemas decía «Viví muy obsesionado construyendo cosas para el futuro y descuidé el «día de hoy», ese error no lo volvería a cometer… ¡Si volviera a vivir! Yo amo el “hoy» y mis «ahoras» se prolongan por 24 horas y quedo conforme con ellos.
Cada día hay que recibirlo con alegría, a pesar de todas esas ideas finmundistas que nos han inculcado 500 años de religiosidad castrante. El 2012 del que tanto se habló, fue un buen año, conocí el paraíso y a Dante.
Y finalmente, no llegaron ninguno de los acontecimientos vaticinados; un asteroide, el fin del mundo, 3ª guerra, y los cuatro apocalípticos jinetes haciendo de las suyas.
Vivir pensando en el mañana, nos impide vivir el presente, nos hace construir una rutina parecida a la no-vida, nos aferramos al mañana para escapar de lo que tienes que hacer hoy y te aprisionas en una rutina intrascendente, en una vida vacía.
Seguir pensando en un «nuevo futuro» nos mutila espiritualmente. Es muy triste esa ansiosa espera de algo tan ignoto. Pasamos esclavizados pensando en el futuro, contando cada día, cada año: «Cuando se gradúen mis hijos», «cuando termine de pagar mi casa», «cuando me jubile», ¡por fin viviré una vida tranquila, y feliz! Ahora sí…
Mientras tanto se nos fueron los mejores momentos de nuestra vida en el ansia de esperar cada año y perdimos la oportunidad de disfrutar ese subirse al tren, sin saber adónde va, o a qué horas sale, ser pasajero solamente por el mero gusto de «el viaje’‘en sí mismo.
En nuestro afán de luchar por un futuro mejor, ¿O ignoto?, nuestro y de nuestros hijos, nos olvidamos de vivir, no nos damos cuenta que ellos dejarán de ser niños y que buscarán su felicidad propia.
Cierta autora escribió lo siguiente, “Solo por hoy me adaptaré a las circunstancias, sin pretender que las circunstancias se adapten a mis deseos». Hay que vivir cada día de la mejor manera, sin temores, ni miedo de disfrutar lo que es bello y de creer en la bondad y en el amor.
Y No olvidamos ese bello Salmo 118:24 «Este es el día que Dios hizo para mí, lo disfrutaré y me alegraré en él».
Epicuro decía que no había que temer ni a los dioses, pues estos están muy puestos que “todo bien y todo mal residen en la sensibilidad y la muerte no es otra cosa que la pérdida de sensibilidad”. La muerte en nada nos pertenece pues mientras nosotros vivimos no ha llegado y cuando llegó ya no vivimos.
Por último, tampoco tiene sentido el temer al futuro, puesto que: “el futuro ni depende de nosotros, ni tampoco nos es totalmente ajeno” de modo que no debemos esperarlo como si hubiera de venir infaliblemente ni tampoco desesperarnos como si no hubiera de venir nunca. Hagamos un alto en el camino, tratemos de clarificar nuestra mente y encontrar el equilibrio en nuestro corazón, no es el peso de hoy lo que enloquece a las personas, sino los lamentos del «ayer» y los miedos del «mañana».
El temor y la angustia son dos ladrones que nos roban el goce del día de hoy.
Hay que darle valor a cada día que falta de nuestra vida, hay muchas pequeñas cosas se pueden hacer como: pasear, escuchar un poema o una canción, hablar con un amigo, visitar algún enfermo, llamar por teléfono a personas solitarias, o cosas así.
No pierda tiempo en deshojar el calendario, -ni margaritas- viendo como corren las agujas del reloj rogando que lleguen ciertas fechas: abril, junio, octubre.
Porque nadie merece ser feliz si no ha sabido disfrutar o apreciar cada día lo que la vida le ha brindado.
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