Por Horacio Cárdenas Zardoni
La verdad de las cosas es que la gente es muy desagradecida. Allí tiene usted a los fundadores de los movimientos políticos y sociales recibiendo las más acervas críticas, y burlas de quién es a lo mejor no creen en las bondades de los proyectos que se les ofrecen, o que tienen intereses que pudieran verse afectados, y es por eso que se oponen a las grandes ideas que algunos iluminados generosamente crean, y valientemente impulsan, a un riesgo de su vida.
Pero también es cierto que las utopías brotan como contagio de bacterias en quirófano de hospital público mal lavado, algunas con más potencial que otras, y algunas tienen la suerte de institucionalizarse, uno de los casos más recientes las llamadas utopías de Clara Brugada, con que quieras faltar la Ciudad de México, y otra no menor, la de una nueva escuela mexicana de la que se hayan extirpado todos y cada uno de los dispositivos electrónicos de comunicación, a saber celulares, tabletas y demás.
Recién creado el virreinato de la Nueva España, la metrópoli quiso formalizar una utopía en el nuevo territorio, lo cual intentó materializarse a través del más rudo control de los libros que se permitía que desembarcaran en Veracruz, y de los que se permitía que fueran publicados por las escasas imprentas que funcionaban aquí. A tanto llegaba el control, que correspondía a la santa inquisición conocer y autorizar unos, y terminantemente prohibir otros.
Aquello era censura y no vaciladas, funcionarios del virrey a cada navío antes de que nadie bajara de él, recogían todo lo escrito que quedaba sujeto a examen… Pero aún así se colaban novelas, tratados, y otros materiales indeseables, punto y aparte de los que aquí se escribían. Al rato se probó imposible el control, los libros se leyeron y las ideas se difundieron puntos, lo cual no dejó de ser considerado un triunfo del intelecto, y una derrota de la represión.
Ahora que desde la presidencia de la república Y poniendo como ejemplo una encíclica papal, y la tendencia de muchas naciones a limitar el uso de recursos tecnológicos a niños y jóvenes y sobre todo limitar el acceso a las redes sociales, cabe preguntarse si no estamos meramente intentando repetir disposiciones que hace 500 años resultaron ser poco funcionales.
Lo ha dicho con todas sus letras la presidenta Claudia Sheinbaum, que presume de su formación y se declara científica, y lo ha repetido su secretario de educación Mario Delgado, que se apegan fielmente aquel principio de qué ‘ el que sabe, hace, y el que no sabe enseña’ que en su caso podría llevarse todavía más allá, que el que no sabe nada de enseñanza, le dan administrar el sistema educativo: son los teléfonos celulares los culpables de los pésimos resultados obtenidos por los educandos mexicanos en la aplicación 2025 de la prueba PISA.
Y como aquí, a grandes males se aplican grandes Remedios, a partir del día 3 de noviembre, oficialmente, pero probablemente desde antes, pues así son de aprontados, se prohibirá el uso de dispositivos electrónicos en primaria y secundarias en el país.
Todo esto surge porque, México vio retroceder el puntaje obtenido en los indicadores de lectura y matemáticas, y subir ligeramente en ciencias. Nuestro país, desde que comenzó a aplicarse la prueba PISA, siempre se había mantenido en el sótano, ocupando el penúltimo o último lugar en cada aplicación, pero… Antes no había celulares, y si los había, no estaban al alcance casi universal de los niños y jóvenes, ya eran unos burros, los más burros del planeta, lejísimos de los punteros y bastante lejos siquiera del promedio de la OCDE.
Cosas de estadística, celulares y desempeño escolar no son correlacionables, pero a los aparatitos les están cargando el muerto. Desde aquí nos atrevemos a lanzar el desafío de comprobarlo, la siguiente aplicación de PISA será el 2028 ¿Qué es lo que veremos, que nuestros alumnos a los que se dejó sin aparatos, sin redes sociales, sin acceso a toda la información que se puede obtener a través de ellos, para uso académico y de cualquier otro tipo, tendrán un desempeño superior al obtenido en 2025, permanecerán igual, o habrán ido para peor? Y si optimistamente, como todos los políticos, nos prometen que habrá mejora ¿ de cuántos puntos estamos hablando, 20 puntos, 50 puntos, llegar al promedio, superarlo en cuántos puntos?
Porque para variar, no se están fijando objetivos educacionales. Sí, ya sabemos que para la cuarta transformación las calificaciones son un medio neoliberal de discriminación… Pero si no se fijan objetivos numéricos otra vez están jugando a hacerse tontos solos, hasta que lleguen los resultados de PISA en 2029, y predeciblemente salgamos otra vez hasta el fondo.
Pero hablando de la prohibición… Nada hay más seductor que lo prohibido, Esto va no solo para los alumnos sino también para los maestros y administradores, que se las ingeniarán, faltaba más, para burlar la suprema orden del todavía más supremo gobierno.
Descubre más desde Más Información
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
