Por Horacio Cárdenas Zardoni
Nos cayó de sorpresa la noticia de que el ayuntamiento de Saltillo estaba pensando en actualizar el reglamento de tránsito, la sorpresa no porque los señores integrantes del cabildo se hayan puesto a atender un asunto de los muchos que son de su competencia, sino porque dentro de las discusiones, se quiso meter un tema que por lo general, se deja de lado, el del ruido.
Ah, pero no cualquiera o todo ruido, sino el ruido que hacen las motocicletas, no como vienen de fábrica y se venden en las tiendas, sino cuando las modifican, les quitan, les hacen más grande, o quién sabe qué es exactamente lo que le hacen al escape, de manera que algo, que es razonablemente soportable en el ambiente urbano, se convierte en una molestia, y más que eso, en algo que puede hasta perjudicar la salud, tanto la auditiva como los nervios de las personas expuestas.
Es de esas cosas, los ricos sufren de cosas distintas que los que son menos afortunados que ellos. En sitios como Saltillo es muy común que los vehículos, de cierta gama para arriba, vengan equipados con aire acondicionado, como también es lo normal que, si lo trae instalado, pues que los conductores lo usen. Cuando uno viaja en un vehículo oficial, de los que no son utilitarios, claro que hacen uso del famoso aire acondicionado, es más ¿se ha fijado en las patrullas de la policía y del GRS?, traen los vidrios arriba, con frío o con calor traen el aire prendido, ¿y si están paradas en cualquier sitio en espera de lo que sea?, también tienen el motor prendido, quemando gasolina para tener el clima funcionando, faltaba más, que sean los jodidos los que recurran a la antigua y muy económica práctica de bajarle a los cristales de las ventanas para que entre el fresco, y ni pensar en pararse en la sombrita de los árboles ¿pues cuál en este pueblo?
Por eso es que las autoridades son los últimos en enterarse de que las motocicletas hacen un ruido desproporcionado, y que lo hacen en mayor medida porque sus conductores gustan de hacerse notar, perjudicar a sus semejantes, y en muy raras ocasiones, porque saltó una piedra y les rompió el escape, y a quienes les pasa… son de los pocos que las llevan a arreglar para traerlas al centavo.
Okey entonces que el municipio va a entrarle a combatir el ruido, pero ¿y porqué solamente el de las motos?, eso se nos hace hasta discriminatorio, porque habiendo otros agentes contaminantes por ruido, se nos hace sospechoso que se centren en solo uno, más bien que se ensañen, mientras que a los otros los dejan es santa paz.
No, no estamos exagerando. ¿Ha escuchado el silbato del ferrocarril?, eso sí que hace ruido, probablemente veinte o cincuenta veces más que el de una motocicleta. Si usted escucha el silencio nocturno de la todavía medio bucólica ciudad de Saltillo, lo único que lo rompe con una frecuencia tan irregular como sus horarios, es el paso del tren, de los muchos trenes que pasan por aquí. Hemos postulado toda clase de teorías respecto a porqué los conductores se cuelgan del hilo del silbato, que si son sordos de nacimiento, que si tienen algún trauma, que si odian a todo el mundo que lo quieren tener con los nervios de punta, que si le están avisando a la novia o a la esposa que ya llegaron, son meros ejercicios de ideación, totalmente inútiles, lo sabemos, pero es que de veras… si usted está, o vive a diez kilómetros de distancia en línea recta de la vía del tren, se oye, y se oye muchísimo, quizá pudiéramos aumentar la distancia veinte kilómetros, pero ya es menos molesto.
Dijera uno, le están avisando a los vehículos que cruzan las intersecciones con las vías, pero esto no se justifica, a la velocidad que se mueve el convoy, con el puro ruido de las máquinas diesel se entera uno, además de que voltear funciona mejor que el cálculo de la distancia en función de la velocidad a la que se propaga el sonido. Contra el tren no hace nada, una reunioncita con los de Canadian Pacific Kansas City southern serviría para pedirles que le digan a sus empleados que no se columpien del silbato, serviría más para la paz de Saltillo que una modificación al reglamento de tránsito.
Y lo más gordo: las fiestas, los reventones, las reuniones con música en vivo, esas que organizan los saltillenses en sus casas y cocheras, importándoles un rábano que molesten a sus vecinos cercanos y no tan cercanos. ¿sobre eso no van a regular nada?, porque los esfuerzos que hace la policía ambiental ni siquiera merecen el membrete de esfuerzo, son apenas un manazo que les duele lo que la patrulla llega a la esquina, y todavía le suben más al volumen. Esto sí que calienta, y de esto no vemos iniciativas prácticas, ni de reglamento, ni de nada.
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