Xóchitl, el fenómeno

Por Enrique Abasolo

Eso de que a uno le llamen fenómeno está muy bien, por ejemplo, en el ámbito del futbol: “¡Sos un fenómeno, che! ¡Groso! ¡Tirá a gol! ¡Tirá, la concha de tu madre!”. (Sí, por alguna razón suena mejor en argentino).

Pero que le digan fenómeno a uno en la secundaria o en el circo, pues como que ya no resulta tan atractivo.

En política, pues… Todo depende, ya que no es lo mismo decirle fenómeno a Layda Sansores (que más que fenómeno parece un milagro surgido del taller de marionetas y animatrónicos de Jim Henson), que usar el mismo término para referirnos a Xóchitl Gálvez a propósito de su irrupción en la contienda rumbo a las candidaturas por la sucesión presidencial del próximo año.

En una escena política que parecía completamente dominada por las corcholatas presidenciales, es decir, el juego de las sillitas locas arreglado por el Tlatoani de Macuspana, la aparición súbita de cualquier personaje no invitado por el propio Mandatario le gana en automático la categoría referida.

Hay que ser honestos, es muy prematuro aún para considerar a doña Xóchitl como materia presidenciable, lo notable es la sobre reacción que ha provocado en el líder del cuatroteísmo y en todo su movimiento, pese a que no dejan de regatearle méritos o relevancia.

Si hay alguien detrás del proyecto de la señora Gálvez (ya sea Claudio X. González, Darth Vader o el Doctor Wagner), dudo que la hayan podido hacer crecer tan orgánicamente como lo hizo el propio Presidente desde que le negó a la panista (desobedeciendo un mandato judicial) el derecho de réplica en la mañanera.

Luego, los embates de la batería de moneros de a peso de El Chamuco y los denuestos de los opinólogos del régimen, terminaron de consolidar el perfil de Xóchitl Gálvez como seria contendiente.

Y ya le digo, la señora no me parece una política especialmente colmilluda o experimentada como para una campaña de la envergadura (jijiji) que se nos avecina.

Pero es apenas lo suficientemente tesonera, carismática y libre de escándalos como para evidenciar dos cosas sobre el Movimiento de Regeneración Nacional.

1. Que los precandidatos o corcholatas del oficialismo también andan con el mínimo. Sobre todo la corcholata ganadora, la consentida de su profesor, Claudia “guiñol” Sheinbaum. Es tan pobremente articulada, tan anti carismática (es incluso repelente), provoca tanto “cringe” cuando lo que busca es caer bien, que alguien como Gálvez que insisto, no es ninguna contendiente de categoría Triple AAA, le anda tundiendo a la pobre ex jefa de gobierno, tanto en el ring de las simpatías como en el cuadrilátero de las discusiones.

Y advierto: Quizás Sheinbaum sea una persona mucho más elocuente de lo que demuestra, pero está tan condicionada, tan acotada por el discurso del Mandatario, del que no se puede saltar ni una sola coma, ni una sola pausa dramática, que a la hora de hacer cualquier declaración, es básicamente una pobre tartamuda con taras mentales.

2.- Xóchitl, en este par de semanas, también demostró que la patente del origen humilde, del indigenismo y del pueblo luchón no son de ninguna forma exclusivas de Morena, de la 4T ni de su líder Andrés Manuel López.

Le ha costado mucho a los detractores de Gálvez desacreditarla en sus orígenes autóctonos y no es que no lo hayan intentado.

Pero sobre todo, ha sido el Presidente el protagonista de la argumentación más visceral en contra de la aspirante opositora.

Con toda la maldita sorna de la que hace gala en su show matutino, AMLO se “río” con mala entraña de que Gálvez se transporte en bicicleta, o que en algún momento de su vida haya sido vendedora de tamales.

Y no es que el Presidente la desacredite por ello desde una postura clasista (como tontamente dicen algunos); sino que lo reprueba como táctica populista y se ve en sus ojos y se percibe en su tono de voz que le cae como patada en los macuspanos que alguien más usurpe los atributos de humildad y de identificación con el pueblo que él, en su soberbia, creía que eran de su propiedad y uso exclusivo.

“¡Cómo es posible que alguien aluda a su pertenencia a la base social como argumento político, si esa es mi Marca Registrada!”, exclama  AMLO y procede a reírse, ya le digo, con una sorna infantiloide que da vergüenza y mancha la investidura.

Él, que en una demostración patética de modestia enseñaba los doscientos pesos de su cartera; él que viajaba en Tsuru; él que come en fondas, viste guayaberas y habla en dichos del refranero, no soporta ahora a alguien que vendió tamales, viaje en bici y viste huipiles, porque nadie fuera de su movimiento puede ser auténticamente mexicano, indígena o de orígenes humildes. Si esa es la razón de ser de su régimen, la noción del pueblo contra las castas de privilegio.

Así que tras dedicarle tres o cuatro días en su revista matinal, regatéandole a su adversaria los atributos que sólo puede tener él y aquellos que renacieron en su fe, el iracundo y visceral niño-abuelo que nos desgobierna terminó por consolidar la precandidatura de Xóchitl Gálvez.

Le repito, aún es prematuro para considerar a “doña Xo” seria contendiente, eso se verá en los meses subsecuentes; lo importante de momento es lo que desnuda con un par de simples pronunciamientos: Que la candidata favorita del dedazo no soporta ni la mínima comparación con un perfil medio; y que la pertenencia al pueblo, a las raíces prehispánicas, a la clase modesta y a la mexicanidad, no son ni han sido jamás prerrogativas de Morena ni su basilisco líder Pejelagarto.


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3 comentarios en “Xóchitl, el fenómeno”

  1. Héctor Jesús Acosta Urrea

    La diseccion narrativa de Enrique Abasolo es sencillamente Magistral, relata las penurias humanas del fallido régimen y la primitiva denostacion hacia una contendiente, concediendo puntualmente un marco de avasallante y expresa realidad, Enhorabuena!!!

  2. Que es un comentario tal como ya se había pensando la sra Xo, es ahora la heroína, y va a ser ensalsada de aquí en adelante por todos estos disque periodistas chayeteros.. Aún así no les alcanza jaja jaja jaja jaja jaja jaja jaja.

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