Múzquiz, Coahuila, 19/06/26 (Más).- En el norte de Coahuila, a los pies de la Sierra de Santa Rosa de Lima y cerca de la frontera con Estados Unidos, sobrevive una comunidad cuya historia es única en México. Se trata de los Negros Mascogos de El Nacimiento, un pequeño poblado que alberga a los descendientes de esclavos africanos que escaparon del sur de Estados Unidos y encontraron refugio en territorio mexicano durante el siglo XIX.
De acuerdo con un reportaje publicado por El País, alrededor de 250 habitantes mantienen viva en esta localidad una identidad forjada por la resistencia, la migración y la lucha por la libertad.
Los murales que decoran algunas viviendas muestran el largo recorrido de sus antepasados, desde África hasta Florida y posteriormente México, reflejando una historia transfronteriza que ha marcado a generaciones enteras.
Los orígenes de la comunidad se remontan a los desplazamientos forzados ocurridos durante la primera mitad del siglo XIX, cuando esclavos africanos y grupos indígenas fueron expulsados de Florida y otros estados del sur estadounidense hacia Oklahoma. Este proceso formó parte de uno de los episodios más dolorosos de la historia de Estados Unidos, conocido como el Sendero de Lágrimas. De esa convivencia surgió la identidad mascoga, cuyo nombre deriva de una deformación de muskogee, lengua hablada por algunos pueblos indígenas de la región.
Posteriormente, la persecución de quienes intentaban recapturar a los antiguos esclavos llevó a muchos de ellos a cruzar el río Bravo en busca de libertad. Encabezados por John Horse, conocido en México como Juan Caballo, negociaron con las autoridades mexicanas el establecimiento de una colonia en las cercanías del río Sabinas; a cambio de tierras, los mascogos colaboraron en la vigilancia de la frontera norte frente a incursiones provenientes de Texas.
Con el paso de los años, la comunidad mantuvo una estrecha relación con grupos asentados al otro lado de la frontera. Aunque algunos regresaron a Estados Unidos tras la abolición de la esclavitud en 1865, otros permanecieron en Coahuila, consolidando una identidad binacional que persiste hasta nuestros días.

Cada 19 de junio, los habitantes celebran el Juneteenth, fecha que conmemora el fin de la esclavitud en Estados Unidos y que sigue siendo una de las expresiones culturales más importantes para los mascogos.
Durante décadas, la comunidad permaneció prácticamente al margen de las políticas públicas mexicanas. Fue hasta 2017 cuando el Estado mexicano reconoció oficialmente a los Negros Mascogos como pueblo indígena; sin embargo, este reconocimiento también generó debates internos debido a que muchos integrantes rechazan ser identificados únicamente como afromexicanos, al considerar que su historia y trayectoria son distintas a las de otras comunidades afrodescendientes del país.
Para líderes comunitarios como Raúl Torralba, la identidad mascoga representa un legado de lucha heredado de generaciones que enfrentaron la esclavitud y el desplazamiento. El sentido de pertenencia está profundamente ligado al territorio donde sus ancestros construyeron una nueva vida y donde descansan sus restos. Esa conexión con la tierra se ha convertido en uno de los principales elementos de cohesión comunitaria.
La preservación cultural enfrenta importantes desafíos. El paso del tiempo, la discriminación histórica y la migración provocaron la pérdida de numerosas tradiciones, así como del idioma conocido localmente como “cascajo”, una mezcla de inglés y español que alguna vez caracterizó a la comunidad. Muchos de los conocimientos ancestrales dejaron de transmitirse entre generaciones, situación que ha impulsado esfuerzos recientes para rescatar la memoria colectiva.
Uno de los proyectos más significativos en esta tarea es la Casa de la Cultura de El Nacimiento, inaugurada en 2021. Desde este espacio se promueven actividades destinadas a recuperar la historia oral, los cantos tradicionales y las expresiones culturales que distinguen a los mascogos. Jóvenes como Arely Vázquez han asumido un papel activo en estas iniciativas, impulsando la enseñanza de las tradiciones y fortaleciendo el orgullo por sus raíces.
Las mujeres desempeñan un papel fundamental en la conservación de la identidad comunitaria. Son ellas quienes han transmitido recetas, costumbres y cantos que han permitido mantener viva la memoria de generaciones anteriores. Entre las expresiones culturales más representativas se encuentran el sosque, un atole tradicional elaborado con maíz, y el tetapú, un pan de camote que continúa preparándose siguiendo métodos heredados de sus antepasados.

A los desafíos culturales se suman problemas ambientales que amenazan el futuro de la comunidad. La sequía prolongada que afecta al río Sabinas, junto con la deforestación y la extracción de materiales de su cauce, ha reducido la disponibilidad de agua y afectado actividades agrícolas que durante décadas sostuvieron a numerosas familias. Esta situación ha contribuido al éxodo de habitantes hacia otras ciudades de Coahuila y hacia Texas en busca de mejores oportunidades.
Pese a ello, algunos integrantes han optado por regresar para fortalecer a la comunidad y defender su patrimonio histórico y natural. Para ellos, permanecer en El Nacimiento representa una forma de honrar el legado de quienes lucharon por la libertad y garantizar que la historia de los Negros Mascogos continúe viva. En una región marcada por la migración, la preservación cultural y la defensa del territorio se han convertido en los pilares de una comunidad que sigue escribiendo su propia historia más de siglo y medio después de su llegada a México.
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