Cuajinicuilapa, Guerrero, 11/04/25 (Más).- Las cabezas de tres hombres aparecieron el sábado en un crucero de la comunidad de Montecillos, a escasos 200 metros de la vivienda familiar. Corresponden a un hombre de aproximadamente 90 años y a sus dos hijos. Dentro de la casa, los cuerpos decapitados de los tres fueron hallados junto al de la madre, también octogenaria, asesinada como ellos. Los agresores, además, incendiaron la vivienda.
El multihomicidio se suma a una escalada de violencia que afecta a Cuajinicuilapa, municipio de la Costa Chica de Guerrero. El mismo sábado fue asesinado el líder ganadero Armando Añorve, horas antes de celebrarse las elecciones de la asociación ganadera local. Un día antes, el viernes, fue ejecutado Ángel Medel, comisario de una comunidad del mismo municipio.
La comunidad de Montecillos, donde ocurrió la masacre familiar, se caracteriza por su aislamiento. La identidad de las víctimas no ha sido confirmada oficialmente por las autoridades, que hasta el cierre de esta edición no han ofrecido una versión pública de los hechos.
Abel Barrera, director del Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan, con sede en Tlapa, explicó que la violencia en la región se incrementó tras un cambio en la administración municipal. “Cuajinicuilapa y la Costa Chica, en general, fueron hasta hace pocos años un bastión del PRD”, señaló. Según su análisis, la llegada al poder del Partido Verde Ecologista de México (PVEM) en octubre de 2023 rompió equilibrios establecidos y facilitó la irrupción del grupo criminal conocido como Los Rusos.
La elección de Hildeberto Salinas como alcalde marcó un punto de quiebre. Salinas solicitó licencia apenas un mes después de asumir el cargo, alegando amenazas de muerte. Desde entonces, el municipio ha sido escenario de balaceras, incendios de viviendas y secuestros de funcionarios. “Cuaji se ha vuelto un pueblo sin ley. Hay escuelas cerradas, niños sin clases, y la disputa entre grupos se ha extendido a las comunidades”, sostuvo Barrera.
No está claro si la familia asesinada en Montecillos tenía vínculos con algún grupo delictivo. “Hay ya un patrón de ajusticiamiento, de estos grupos armados que aparecen con información, veraz o no, en el sentido de que las personas de la comunidad están con un grupo u otro”, explicó el defensor de derechos humanos.
La violencia no se limita a Cuajinicuilapa. Hace poco más de una semana, once personas fueron asesinadas en Tecoanapa, a unas tres horas de distancia. En ese municipio opera otro grupo criminal, identificado como Los Ardillos. El patrón, sin embargo, es similar: violencia extrema, ajustes de cuentas y presencia de estructuras criminales que disputan el control territorial.
El interés de los grupos criminales trasciende los recursos municipales. La región sur de Guerrero, incluida la Costa Chica, es estratégica en el tráfico de drogas. Su litoral, menos desarrollado y vigilado que otras zonas costeras del país, ha sido históricamente utilizado como ruta para el traslado de cocaína proveniente de Sudamérica.
Este lunes, la Secretaría de Seguridad informó sobre el decomiso de más de cuatro toneladas de cocaína frente a este tramo de costa guerrerense. El operativo confirma el papel que juega esta región en la logística del narcotráfico internacional.
El contexto general en Guerrero, agravado por los asesinatos de líderes sociales y políticos, detenciones o muertes de jefes criminales, y la reconfiguración de grupos armados, mantiene en vilo a comunidades enteras. En muchas de ellas, como en Montecillos, el crimen organizado ha logrado imponer un control que rebasa las capacidades de las autoridades locales y estatales.
Mientras tanto, la población vive con miedo y con escasa atención institucional. El caso de la familia asesinada no solo revela la brutalidad de la violencia, sino también la fragilidad del Estado en vastas zonas del país, donde la criminalidad ha sustituido al poder político y la justicia parece inalcanzable.
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