Por Enrique Abasolo
-¡Mirá que si era humilde el Papa Francisco, boludo! ¡Si hasta tomó el nombre del Santo más pobre para ejercer su apostolado!
-¡Che, lo que pasa es que no le dejaron tomar su primera opción!
-¿Y esa cuál era?
-Jesús II.
Cumplida la cuota humorística de esta columna, entramos de lleno al tema que nos ocupa: la horrenda gestión papal de Francisco I (aunque ya me dijeron que el numeral sólo se utiliza a partir del 2, como la Segunda Guerra Mundial, supongo… porque nadie le llamaba primera a la Primera).
Me resulta increíble que aún en ciertos círculos laicos e intelectuales se esté encomiando “el legado” de don Jorge Mario Bergoglio sólo por una serie de oportunas pero contradictorias declaraciones que lo pintaron como progre y reformista.
Me da a pensar que los análisis pecan de superficiales, pues si tuviésemos que juzgar al hombre por sus declaraciones, haciendo algo de “cherry picking” y descartando un puñado de desafortunadas frases podridas que muy lamentablemente escupió, podríamos ingresarlo al santoral “ipso chingam”.
Justo ese fue uno de los mayores logros de Francisco, convencer a fieles e infieles, progres y conservas (para su júbilo y enojo respectivos) de haber abierto la homilía católica a personas homosexuales. Según su propia declaración: “Si una persona gay busca al Señor y tiene buena voluntad… ¿quién soy yo para juzgarla?”.
De acuerdo con Su hoy extinta Santidad, no es pecado sentir atracción sexual o romántica por una persona del mismo sexo, peeeeero…. Otra cosa muy distinta es ya sostener un encuentro físico, en cuyo caso sí es motivo de condenación eterna.
O sea que Francisco avaló a la comunidad gay para ser homosexual, pero sólo de pensamiento. Una caricia, un besito, un “sin respeto” y al Infierno.
Sin embargo, cayó en doble contradicción cuando rechazó categóricamente que los homosexuales se preparasen para la ordenación sacerdotal (pese al voto de castidad implícito en ello). Y es que según él esto no es aconsejable porque en los seminario “…ya hay demasiado mariconeo”, (Papam Dixit).
O sea que Francisco sí juzgaba severamente a las personas gay y además las excluyó de la oportunidad de vivir la presunta vida de celibato sacerdotal que sería -según su propio precepto- un medio para la salvación y el servicio a Dios.
Criticó luego que más de 30 países criminalicen hoy día a la homosexualidad y que diez de estos la castiguen bajo pena de muerte.
¿Se atrevió a nombrar dichos países?, ¿a instar por su nombre a los respectivos gobernantes para hacerlos recapacitar sobre estas salvajes políticas medievales?
¡Obvio no! Que ya le digo que prefería mejor llevar la fiesta en paz. Francisco siempre fue omiso e indiferente ante la ejecución de homosexuales por regímenes dictatoriales y no pocas veces solapador de los mismos. Pero necesitamos pasar ya a otra cosa:
Algo de lo que en cambio muy poco se habla es de la persecución de católicos y cristianos en diversos paíse, principalmente teocráticos aunque no necesariamente.
En Corea del Norte, por ejemplo, la represión es brutal si se descubre a un cristiano practicando su fe o en posesión de objetos de adoración (no olvidemos que el único culto permitido allá es la adoración a su mandatario). En India y en Egipto ha habido también diversos atentados con numerosos muertos en razón exclusiva de la fe de sus víctimas. ¿Su fe? La católica.
En Nicaragua, ese santo de la democracia llamado Daniel Ortega también emprendió una campaña de difamación, acoso y encarcelamiento contra miembros del clero por ser “desestabilizadores del país”.
Está ocurriendo todo esto en pleno Siglo 21: La gente está muriendo defendiendo su fe, la fe cristiana ni más ni menos, pero por poco espacio que esto ocupe en los titulares noticiosos, lo inaceptable y escalofriantes es la falta de solidaridad más absoluta que exhibe el Papa Francisco, quien no le dedicó a sus propios mártires ni un triste aviso parroquial, igual que hacía AMLO con los muertos de su sexenio en cada mañanera.
A propósito de nuestro País, Francisco fue también muy timorato y tibio ante los atentados, acoso y asesinatos sufridos por sacerdotes mexicanos en el narcorrégimen lopezobradorista.
Al menos diez sacerdotes fueron privados de la vida durante el sexenio de Andrés Manuel López, entre ellos los dos sacerdotes de Cerocahui. La mayoría, por no decir todos, hacía alguna forma de activismo incómodo para el Gobierno o para el Crimen Organizado, que para el caso en México es lo mismo
Un concilio de obispos desesperados hasta se ofreció a negociar con los cárteles para ingenuamente tratar de moderar la violencia, a lo que el anciano perverso e insensible de Palacio Nacional sólo dijo: “Pues estaría muy bien…”.
Pero si del viejo acedo de Macuspana no nos extraña ya nada, ¿Qué dijo el Papa al respecto? Lea:
“A México el Diablo lo castiga con mucha bronca por esto (señalando un cuadro de la virgen de Guadalupe)… Creo que el Diablo no le perdona a México que Ella haya mostrado ahí a su Hijo!”
“¡Ah, bueno, Su Santidad!”, exclamó México en el argot de los memes, “¡Chingo a mi madre, pues!
Así trivializó Francisco nuestro mayor dolor, el que más gravemente nos fustiga, el que más horror nos provoca y el que más vidas nos cobra. Redujo toda la violencia, maldad y descomposición social e institucional a un relato teológico infantil que no se atrevería a impartir por pudor la catequista más mocha, virgen y panista de toda la parroquia.
Y antes que verlo haciendo un pronunciamiento realmente valioso en contra de la violencia o sus perpetradores, tuvimos a Francisco haciendo el ridículo en un chocarrero mensaje alusivo al Super Bowl LI, en 2017, cosa que me pareció tremendamente barata y de mal gusto. Pero así debió estar la limosna de la NFL, porque es obvio que el Pescador de Almas no da brinco sin sandalia. ¿O por qué cree que el Papa le da audiencia a tanto pinche político y candidato? ¡Porque le caen bien seguramente! ¡No me haga reír! Convencido ya estaba de que el Vaticano es la gran Ramera de Babilonia, pero Francisco me hizo ver que se ha vuelto más impúdica la muy zorra.
Francisco no puso a disposición de las autoridades a ningún agresor sexual, ni las arcas vaticanas a disposición de ninguna causa o catástrofe; no le concedió más derechos a la mujer, ni siquiera la gracia del aborto para menores de edad en caso de violación.
“Elaborto es siempre una aberración y el médico que lo proporciona es un sicario”, según dijo Paco I.
Tal es su legado o una tenue pincelada de lo que se dejó ver.
Tengo más para rostizarlo, pero no puedo dedicarle diez artículos (salvo que los lectores así lo soliciten). Pero no salgan por favor con la monserga de que por estar en calidad de occiso no se puede defender y es por tanto injusto criticarlo, que toda persona que haya ejercido el poder debe ser evaluada escrupulosamente.
Pobres de aquellos que buscaron en él a un reformador, lo cual es impensable desde que los pilares ideológicos de su doctrina son eminentemente cavernícolas. Vale entonces parafrasear al otro líder carismático de la secta local: No puede haber Papa progre con religión retrógrada.
Entonces: ¡Ciao, Francisco, see you in hell!
Descubre más desde Más Información
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
