VERDES Y BLANCOS

Horacio Cárdenas Zardoni


Dicen que los seres humanos somos una especie gregaria. Lo dicen porque según, somos una especie que tiende a permanecer unida en grupos pequeños o grandes, a diferencia de otros animales que son más proclives a la soledad, o al aislamiento. Puede ser que sí, seamos gregarios, y como lo dicen los científicos del comportamiento, esto se debe en buena medida a nuestra incapacidad para obtener cada uno por su lado los satisfactores para mantenernos vivos en un medio ambiente hostil. Como sabemos, los seres humanos al nacer, somos de los animales más dependientes, en tanto que otros seres nacen listos para mantenerse en pie, caminar o caminando, los humanos tardamos varios años en alcanzar un mínimo de capacidad física e intelectual como para valernos por nosotros mismos. No digamos la cantidad de cosas que la mayoría de nosotros no podría hacer como individuos, pero que como conjunto, no nos significan mayor problema, y por esto incluimos cazar, pescar, sembrar, cosechar, defendernos de depredadores y enemigos, un oso puede, un felino puede, nosotros difícilmente.


Pero esto no quiere decir que como comunidad seamos felices o estemos mínimamente contentos, pareciera que es al contrario, viviendo en sociedad estamos siempre compitiendo los unos con los otros, tratando de demostrar y demostrarnos que somos más y mejores que el hermano, que el primo, que el vecino, que el de la otra ciudad, de otro estado o de otro país. Por su parte, aquel intenta exactamente lo mismo, y entonces, esta vida que podría ser plácida, se convierte en un infierno de desprecios mutuos, de competencia por afirmarnos ante los demás y antes el espejo que nos refleja.


Ni que decir que esto es notorio, para quien quiere verlo, en todas las relaciones humanas. El regionalismo es uno de los peores vicios de nuestra especie, que por vivir en tal sitio somos mejores que en cualquier otro, por el solo hecho de que nosotros somos de acá. Esto se aplica también a los gremios, que dan una impresión de solidez hacia el exterior, pero hacia el interior, la cosa puede ser una auténtica pesadilla, de la que los más suertudos logran huir, la mayoría se acostumbra, y no pocos sucumben.
Todo este largo paseo viene a cuento porque nuestro país está viviendo una cuestión sumamente compleja en materia de seguridad, ojo no de inseguridad que es uno de nuestros principales problemas, si no el que más, sino el contrario, el que se encarga de controlar aquella y en un ideal imposible, que deje de existir completamente. Resulta que por efecto de la reforma constitucional promovida por el ejecutivo el sexenio pasado, la Guardia Nacional pasa a hacerse cargo de la seguridad pública en territorio mexicano, eso no es novedad, cada mandatario promueve las reformas a la administración pública que piensa que serán las adecuadas para solucionar los problemas, la diferencia es que en el caso de Andrés Manuel López Obrador, creó más complicaciones que las que pretendió resolver.


Todo comenzó con el pie izquierdo, cuando menospreciando a la Policía Federal por ser corrupta, el entonces presidente procuró su traslado a la nueva corporación nacida de su intelecto, la Guardia Nacional, a la cual al paso de los pocos meses, vaya a saber si por análisis propio o porque lo convencieron los generales, llegó a la conclusión de que la única manera en la que su creación no se corrompiera, es que pasara a control del Ejército, de la Secretaría de la Defensa Nacional, pues, como si esta fuera absolutamente incorruptible y hubiera dado muestras de ello.


Los militares que llegaron del Ejército a crear la GN, de entrada establecieron distancia y diferencia con los policías federales, tratándolos con la punta de la bota, cuando no con toda la suela. Los denigraron, los mancillaron, los ningunearon, y viendo que de todos modos no lograban que se fueran por su propio pie, giraron un oficio de que todos causarían baja a partir de determinada fecha, lo que fuera de ellos, les importaba muy poco. Así se hizo y en la Guardia quedaron puros militares y algunos escasos civiles que llegaron en respuesta a las convocatorias que hubo para ocupar las plazas.
¿Pero quienes eran y quienes son los guardias nacionales encargados de la seguridad pública en el país?, ¿tienen una formación adecuada para la tarea?, la triste realidad es que no, formación básica de soldados, la tienen los de rango más bajo, y de oficiales, la tienen en las escuelas militares y navales, pero así que hallan llevado instrucción policiaca como tal, pues no.
Son infantes, artilleros, de caballería, pero lo que es policías, no.


Y es que haciendo referencia a lo que decíamos al principio, los militares siempre han despreciado a los policías, pese a que estos se la rifan, rifaban antes que los corrieran, a diario con situaciones potencialmente peligrosas, los militares tendrían que esperar una situación que cupiera en las tres misiones encomendadas: protección de las fronteras, guardar la paz interior y auxiliar a la población civil, que como podían ocurrir, podían no presentarse jamás, sobre todo la primera, porque guerra, nomás no.


Lo que ha pasado en las primeras semanas del sexenio es un ejemplo claro, la Guardia Nacional incorporada al Ejército, como militares que son vestidos de blanco, se portan como eso, militares. Disparar porque no se detuvo, disparar sus poderosos fusiles de asalto contra vehículos que a todas luces se ve que no son blindados, como tampoco lo son los cuerpos de los que viajan en ellos, ha conducido a asesinatos de civiles, por una falta total de criterio de los militares que están chambeando de policías, sin la debida preparación, y sin la debida formación para contenerse hasta no haber comprobado que efectivamente es una situación violatoria de alguna ley o que pusiera en peligro su vida.


No tardarán en surgir fisuras al interior del “instituto armado”, como le llaman algunos colegas, porque salvo que todos los militares roten como guardias nacionales, se establecerán diferencias inconvenientes, los guardias la harán de chotas, quedando expuestos día y noche, y los otros presumirán que están para defender la soberanía nacional.


Que no debió hacerse, ¿qué importa?, ya se hizo, ahora, si se puede y se quiere, a reparar el daño, enseñarles a los militares cuándo y bajo qué circunstancias se puede disparar, eso para no hablar del uso de fuerza no letal, en lo que los policías eran expertos. Mientras… ándese con cuidado, porque estos no distinguen amigos de enemigos, todos son enemigos para ellos, a los muertos nos remitimos.


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1 comentario en “VERDES Y BLANCOS”

  1. JUVENAL ARIAS VAZQUEZ

    Que articulista tan estupido, ahora resulta que los policías eran expertos en el uso de la fuerza no letal, supongo ya str amigo a vivido en el país de ALICIA EN EL PAÍS DE LAS MARAVILLAS

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