UNA MANITA DE PINTURA    

por Horacio Cárdenas Zardoni 

La anécdota es famosa en algunos círculos, y debería serlo en todos lados, sobre todo en aquellos que involucran al ciudadano y su relación con el gobierno. Se atribuye a John Glenn, uno de los astronautas del Programa Mercury de la NASA, respondiendo a la pregunta de un periodista. Habría dicho Glenn: Me imagino que la pregunta que más frecuentemente me hacen es ¿Cuándo estás sentado en aquella cápsula escuchando la cuenta regresiva, cómo te sientes?, y bueno, la respuesta a eso es muy fácil, me siendo exactamente como si estuvieras listo para el despegue, y estuvieras sentado en un aparato de dos millones de piezas, todas construidas por el contratista más barato en un contrato con el gobierno…
En su momento la cita no le hizo ninguna gracia a sus jefes en la NASA, pero luego se convirtió en una referencia obligada, tanto en la NASA como en cualquier oficina gubernamental, donde se aplica un presupuesto público para la compra de los artículos más diversos, de los cuales hay que sacar el mejor partido posible, si no por otra cosa, porque de aquí a que los vuelvan a surtir… mejor cuidar lo que nos compran, porque no habrá más que eso por mucho tiempo.

Incidentalmente, y es que luego no encuentra uno donde contar otra anécdota también de la NASA: cuando se diseñó la misión del Apolo 11, la nave que por primera ocasión llevaría a un hombre a la Luna, a caminar sobre ella, se contempló que se realizarían tres intentos de alunizaje, luego de los cuales, si no se lograba por las razones que fueran, la misión se abortaría, y los astronautas regresarían a la Tierra. Con tan buena suerte, que al primer intento las cosas salieron tan bien, tan estrictamente apegadas a lo que se había planeado, con los escasos recursos de información de que se disponía, que el alunizaje se logró sin ningún inconveniente. Así deberían hacerse todas las cosas, y así deberían funcionar, y nos estamos refiriendo a cosas personales, a empresas y por supuesto a las cuestiones de gobierno. Si se planea bien, se tiene en cuenta todas las contingencias posibles, se da un margen para correcciones, las cosas no tienen porqué salir mal.

Bueno, estas elegantes consideraciones se topan con la realidad de quienes habitamos el planeta tierra y que tratamos con gobiernos de lo más pedestre. Por esas cosas de la vida, nos tocó ver cómo la administración municipal de Saltillo, luego de largas y complicadas gestiones, aceptó hacer algunas mejoras, por lo demás elementales, en la Colonia Ángeles, al norte de la ciudad. Nada del otro mundo… pero que hacen, o podrían hacer un mundo de diferencia en la vida de los vecinos de esta zona.

¿De qué se trataba?, pues que por lo complicado que se ha venido poniendo el tránsito sobre la avenida principal de la colonia, una calle a la que todos llaman avenida, Adolfo López Mateos, se pidió al municipio que se pintaran líneas en las esquinas, lo que en otros países conocen como paso cebra, por aquello de las rayas blancas sobre el asfalto negro, y es que en las inmediaciones de esa avenida hay dos escuelas, un kínder y una primaria. Los vecinos se quejaban de que, sobre todo en las mañanas, cruzar la calle es peligroso para los niños y para los adultos que los acompañan, y ante la dificultad de que se pusiera un semáforo, pues mínimo que se pusieran las señales (señalética que le dicen ahora) de cruce, y sobre el pavimento las correspondientes rayas blancas, amarillas y rojas para indicarle a los conductores dónde pueden estacionarse y por dónde deben circular con precaución.
Todo bien hasta allí. Llegó la cuadrilla de trabajadores del municipio, y diligentemente pintaron las rayas amarillas y blancas sobre Adolfo López Mateos, en el cruce con la calle Sauce, una de las más conflictivas de la colonia. Los vecinos poco menos que hicieron fiesta, de tan contentos como estaban, hasta los topes los pintaron de amarillo, lo nunca visto, pues, y si lo habían visto nadie lo recordaba, porque todo aquello era de color negro de la calle.
Pero la alegría les duró poco, poquísimo si se nos permite el superlativo, a la hora, sesenta miserables minutos de que habían pintado y que conste, ya estaba seca la pintura, se veía sucia, grisácea, a los dos días ya había áreas en las que parecía que no se había aplicado pintura, y a las dos semanas, solo en los extremos, junto a las banquetas, queda algo del color blanco, en el resto del tramo, ya desapareció por completo. Lo mismo en los topes… ¿qué fue lo que ocurrió?, se preguntan desencantados los vecinos, desencantados antes de enojarse, porque la opinión generalizada es que el problema no se solucionó, fue un desperdicio de tiempo de los trabajadores, un tiradero de dinero en una pintura que salió corriente como ella sola.
La gente comenzó a comentar que hay calles, en la misma ciudad de Saltillo, donde la pintura ha durado por años, diez o quizá más, y se ve en mejores condiciones que la que pusieron en López Mateos. Otros recordaron que sobre la carretera Monterrey Saltillo, una de las más transitadas del país, la pintura blanca y amarilla no ha desmerecido nada, en algunos puntos se ve hasta nueva, y también tiene varios años de que la aplicaron. No faltó el que recordara que de esa pintura pusieron en algunas desviaciones provisionales, mientras hacían alguna reparación, y como no había manera de quitarla, de plano le pusieron pintura negra encima, de la misma, y allí están, la negra tapando la blanca, y se ve lo que se hizo, pero el material permanece, a lo mejor cuando recarpeteen completo, solo así salga.
Regresamos a la anécdota de John Glenn, efectivamente la NASA era y sigue siendo una dependencia del gobierno de los Estados Unidos, que se rige por los mismos principios de astringencia en el gasto, de evitar la corrupción, de sospecha de componendas, que acá. Siempre se van por el postor más barato, esperando que cumpla con los estándares exigidos, que por supuesto, no son fáciles de lograr y dejan un margen de ganancias más bien escaso.

Yo no se si el municipio de Saltillo compra la pintura más barata, o si haya chanchullo, si es el negocio de un cuate o compadre, lo que sí es que utilizan una pintura que no es la adecuada para el asfalto. No dura nada, le hablamos del tiempo que duró allí en la Colonia Ángeles, y así es en todos lados donde la aplican, en lo que constituye un desperdicio de dinero en material inadecuado y en el tiempo de trabajo de las cuadrillas, además de las molestias al tránsito, a los vecinos y el incumplimiento de las expectativas de todos.

Tienen años comprándole un material que no es, a un proveedor que no debería ser, y nomás no hay manera de exigirle que venda lo correcto. Solo nos queda agradecer que no provee partes para cohetes, que si no, se caían…

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