Apuntes para el insomnio
Manuel Fragoso Álvarez
Vivimos en un mundo en donde el caos y la violencia se han enseñoreado, EUA e Israel han comenzado una guerra que no sabemos cómo ni cuándo terminará, pues atacaron a un país de Arabia con el mismo cuento de siempre, “eliminación de armas de destrucción masiva”. Hace unos días, nuestro país literalmente se incendió, 23 estados de esta nuestra que(h)erida república mexicana fueron violentados con actos terroristas, causando daños al patrimonio de la ciudadanía y a la propia seguridad de las personas, dichos actos fueron causados por “civiles armados”, al saber de la muerte de su jefe, a manos de las autoridades federales con ayuda de algunos miembros del ejército de los estados unidos, esta fuerza conjunta logró desvivir a uno de los objetivos más buscados, tanto de EUA como de otros países pues era considerado como uno de los más grandes “generador de violencia”, como le llaman ahora, eufemísticamente los medios a los malandros. Como podemos observar, hay muchos y muy graves actos de violencia manifiesta y no hay ni visos de terminar pronto con ella.
A propósito de esto que ocurre en el mundo, el filósofo español Fernando Savater dice, que las cosas están muy mal y reconoce que éstos son tiempos de incertidumbre, pero que nadie va a venir a salvarnos, y que por esta razón nuestra decisión es simple: o se elige ser un ciudadano comprometido que busca hacer algo para que las cosas cambien o se opta por ser un vasallo que sólo calla y obedece. Es por eso que hay que encontrar soluciones, estudiar más, comprometerse, criticar, pensar, pero sobre todo actuar más.
Es innegable que hoy por hoy nuestro planeta entero vive una nueva realidad; cambios sociales vía la inmigración, caídas de gobiernos y gobernantes (tanto de derecha como de izquierda) y grupos armados dentro de nuestro territorio, lo que causa que día con día haya más violencia e inseguridad.
La ética en la actualidad se enfrenta con un escenario complejo el cual hemos normalizado, se trata de defender la dignidad humana, la empatía y la responsabilidad ante agresiones que abusan de los vulnerables. La violencia se convierte en un producto de consumo y una relación de poder, donde la cosificación de personas rompe con la valoración del «otro» como ser humano.
En pleno siglo XXI observamos una serie de cambios en nuestro planeta y los que tenemos más de cincuenta años los vemos con una mezcla de incredulidad y miedo, hoy la inteligencia artificial es de uso cotidiano, la charla es por medio de “chats” y todo es meramente virtual: hay mascotas virtuales, viajes virtuales, sexo virtual, juegos de guerra y amigos virtuales. Perros robots cuidan las instalaciones de los estadios de futbol donde se llevará a cabo (¿?) el próximo mundial y robots de vigilancia hacen lo propio, drones invaden nuestro espacio aéreo e irrumpen la privacidad de nuestras vidas, pero esta es la libertad que concedimos en pro de la “seguridad”. El uso de estas inteligencias artificiales y su rápida difusión crean nuevos retos éticos para nuestra seguridad y privacidad.
¿Cómo deberá de ser la “nueva” moral? ¿Habrá que crear nuevas reglas basadas en los valores actuales? O es que este hombre del siglo XXI está destinado a vivir con una moral más flexible? La vida actual se ve inmersa en problemas que llevan a la necesidad de una ética que regule la actividad humana, porque el hombre no debe actuar como si sólo lo impulsara “la ley de la selva”, debe de hacerse una disposición moral inscrita en los seres humanos. No debemos dejar que la ciencia se convierta en un estudio especializado de meras cuestiones técnicas y ponga de lado los razonamientos éticos, alejándose de los problemas reales, pues al final sólo nos darían una visión fragmentada de la realidad, como si el espejo en donde se reflejara el mundo se hubiese roto en mil pedazos.
Se necesita tener una imagen global de lo que es el universo y lo que es la vida, de lo que somos nosotros y lo qué queremos ser, hay que replantear la estructura social, hay que reflexionar y hacer valer, tanto la ética como las normas sociales que tenemos para vivir en una mejor sociedad, una ética que nos ayude a buscar en todo momento la verdad y el progreso de los seres humanos en general. Se trata de cambiar o fenecer, de mejorar el entorno o abandonarlo y destruirnos a nosotros mismos. Sin cartillas morales que no proponen más que ideologías retrógradas, sino una ética participativa con un enfoque basado en la no violencia, fomentando la prevención, el respeto a la dignidad y la solidaridad, en sí tratar de ser mejores seres humanos.
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