Ciudad de México. Agosto 29.- El pintor mexicano José María Velasco vuelve a ocupar un espacio protagónico en el panorama internacional con la exposición José María Velasco, A View of Mexico, presentada en la National Gallery de Londres. Se trata de un hecho histórico, pues es la primera vez que la institución británica dedica una muestra individual a un artista latinoamericano, un reconocimiento que subraya la relevancia cultural de Velasco como uno de los paisajistas más importantes del siglo XIX.
De acuerdo con información publicada por BBC Mundo, la iniciativa partió del artista británico Dexter Dalwood, quien reside en México y propuso a la galería realizar una exposición dedicada al pintor. La propuesta coincidió con la conmemoración de los 200 años de relaciones diplomáticas entre México y Reino Unido, lo que facilitó su aceptación. Daniel Sobrino Ralston, cocurador del evento, explicó que Velasco encaja en la serie de exhibiciones sobre paisajes nacionales decimonónicos organizadas por la National Gallery, en las que hasta ahora solo habían participado artistas europeos o angloparlantes.
“Velasco es un pintor muy eminente del México del siglo XIX, y pensamos que encajaba muy bien con el arte que tenemos en la galería, sobre todo con las exposiciones sobre paisajes nacionales de ese siglo. Esta es la primera vez que dedicamos una muestra a un artista latinoamericano”, destacó Sobrino.
La exposición estará abierta en Londres hasta el 17 de agosto de 2025, y a partir del 27 de septiembre viajará a Estados Unidos, donde se exhibirá en el Minneapolis Institute of Art.
El triunfo de un pintor mexicano en el mundo
Velasco firmaba con orgullo “José María Velasco, mexicano. Pinto México”, como lo hizo en su célebre obra Vista del Valle de México desde el cerro de Santa Isabel (1877), concebida para la Exposición Universal de París de 1878. Con esa declaración dejaba claro que no solo presentaba su nombre, sino también a un país joven que apenas una década antes había dejado atrás el efímero imperio de Maximiliano de Habsburgo.
En vida, Velasco acumuló importantes reconocimientos. Recibió distinciones de manos del propio emperador Maximiliano en 1864, ganó medallas de oro en las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes de México en 1874 y 1876, así como en la Exposición Internacional de Filadelfia. Su éxito en París fue tal que le pidieron copias de sus cuadros; una de ellas fue entregada al papa León XIII. En la Exposición Universal de 1889 presentó 68 obras que sorprendieron al público europeo y le valieron la Condecoración de Caballero de la Legión de Honor.
También dejó huella como docente en la Escuela Nacional de Bellas Artes (ENBA), donde formó a generaciones de artistas, entre ellos un joven Diego Rivera, desde 1868 hasta 1903.

Olvido y reivindicación en México
A pesar de su éxito internacional, en sus últimos años Velasco fue relegado de la atención pública. Su muerte, ocurrida en 1912, apenas fue reseñada en la prensa mexicana dos días después. Solo El Imparcial y El Diario reportaron el fallecimiento, aunque este último destacó que había dado prestigio al arte nacional en exposiciones de París, Viena, Madrid, Italia, Milán y Chicago.
El olvido fue breve: pronto las autoridades mexicanas lo reivindicaron mediante exposiciones, homenajes y conmemoraciones, asegurándole un lugar insigne en la cultura oficial por sus dotes artísticas y su contribución a la construcción de la identidad nacional.
Un estilo sobrio y científico
Nacido en Temascalcingo, Estado de México, en 1840, el mismo año que Claude Monet, Velasco no siguió las corrientes innovadoras de Europa. Discípulo del pintor italiano Eugenio Landesio en la Academia de San Carlos, adoptó un estilo romántico con inclinaciones realistas y científicas. Aunque contemporáneo de los impresionistas, Velasco fue aceptado en los salones oficiales de Francia gracias a su sobriedad y rigor académico.
Sus obras exaltan la naturaleza mexicana, particularmente el Valle de México, donde integró símbolos históricos y patrios como la Basílica de Guadalupe, vestigios prehispánicos o el águila y el nopal, emblemas de la fundación de Tenochtitlan. Como observó Octavio Paz, en su obra el ser humano es un intruso que aparece solo para remarcar la grandeza de la naturaleza.
Además, Velasco incorporó conocimientos científicos en sus pinturas. Estudió botánica, zoología, geografía y arquitectura, lo que le permitió reproducir con precisión rocas, plantas y cielos. En 1876, una de sus obras fue utilizada por la geóloga María Lamberson para ilustrar una conferencia en Estados Unidos.

Entre la historia, la ciencia y el arte
El pintor también dejó aportes en la investigación científica. En 1881 fue nombrado presidente de la Sociedad Mexicana de Historia Natural y realizó estampas sobre la evolución de la flora y fauna, utilizadas como material de estudio. Obras como El Gran Cometa de 1882 reflejaron no solo fenómenos astronómicos, sino también la situación política de México en vísperas de la Revolución.
Velasco siguió pintando hasta sus últimos días, aunque en formatos más pequeños. De acuerdo con testimonios familiares, en agosto de 1912 pintó un cielo en una tarjeta postal por la mañana y murió horas más tarde.
Redescubrimiento internacional
Hoy, más de cien años después de su muerte, la exposición en la National Gallery no solo devuelve a Velasco al escenario mundial, sino que lo posiciona como referente del arte latinoamericano en Europa. Sus paisajes, impregnados de historia, ciencia e identidad mexicana, dialogan ahora con los grandes maestros europeos del siglo XIX.
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