Horacio Cárdenas Zardoni
¿Cuánto de nuestra manera de pensar y ver las cosas ha sido influenciada por lo que vemos en las pantallas de la televisión, las tabletas, los celulares?, pensamos que demasiado, y no necesariamente para bien.
Cada vez menos, pero la gente de las generaciones anteriores vivía su vida en función de lo que había visto en las películas, concretamente en el cine, y cuando estas pasaban por televisión. Nuestros abuelos y nuestros padres, incluso nosotros en buena medida, aprendimos cómo había que ser, de como veíamos que eran los personajes en los filmes. Tanto los buenos como los malos, allí aprendíamos gestos, actitudes, formas adecuadas e inadecuadas de comportamiento, aquellas cosas que se premiaban y aquellas otras que se castigaban.
Obvio que los hombres querían parecerse a los héroes de las películas, y las mujeres imitaban todo lo que pudieran a las estrellas del séptimo arte, la culturización ocurría de manera tan insidiosa, en la oscuridad de la sala de cine, que ni cuenta nos dábamos del momento preciso en que dejábamos de pensar como antes, para adoptar ideas, opiniones y conductas que veíamos a gente a la que le atribuíamos una perfección que era toda actuada. Porque esa es la realidad, todo, o la mayor parte de lo que veíamos en la pantalla, había sido diseñado milimétricamente, y nuestra búsqueda por apegarnos a lo que veíamos en la pantalla, estaba condenado al fracaso, ni éramos tan guapos, ni tan fuertes, ni tan inteligentes, ni teníamos la suerte que tenía el personaje principal para salir de tantas broncas en que se metía, lo nuestro era tomar decisiones, que a veces funcionaban y otras no tanto como debieran.
Esto viene a colación porque en muchas películas, sobre todo del cine mudo, vimos verdaderas hazañas, filmadas como cosa de la vida real, y que solo después de intentarlas, con resultados catastróficos la mayoría de las veces, nos dábamos cuenta de que había detrás una parafernalia incomprensible, un hecho que se veía, pero no había existido. Ah, pero allí nos tiene a nosotros intentando las hazañas de Supermán, Batman, del Hombre Araña, o el personaje que le guste más, para resultar lastimados física e intelectualmente, y con una frustración de miedo. Y es que la mayoría de nosotros comenzamos a ver películas cuando carecíamos todavía de la capacidad para discernir realidad de ficción, nos llevaban al cine padres o hermanos mayores, o nos íbamos con la palomilla, y allí veíamos las aventuras más impresionantes, que tomábamos como posibles, ¿y cómo no, si las estábamos viendo en blanco y negro o Tecnicolor?
Hay una escena que vimos en varias películas, de hecho el corto se convirtió al paso de los años en algo más importante que la misma película de que formaba parte. Nos estamos refiriendo a aquella en la que va un carro, recorriendo un camino paralelo a la vía del ferrocarril, y poco a poco va rebasándolo. En determinado momento, el camino se acaba del lado por el que viaja, y cruza la vía para continuar por el otro lado, y como es fácil imaginar, el conductor realiza la maniobra con una precisión increíble, cruza frente al convoy un segundo antes de ser arrollado por este. La escena original data de alguna película del cine mudo, pero luego hubo varias versiones, ya con automóviles más modernos, y también con trenes mucho más rápidos, pero en esencia la aventura era la misma, el héroe, que huía de una persecución policiaca, se libraba de sus seguidores cruzando la vía frente al tren, con lo que este se convertía en automático en cómplice de aquel, pues los policías tenían que detener su marcha, ni que decir que entre gestos que denotaban enojo.
Según un dato aparecido en días pasados en los medios de comunicación, Saltillo ha registrado un promedio de un accidente ferroviario al mes, durante el último año, lo que nos hace pensar que muchos, demasiados saltillenses y visitantes de nuestra ciudad, vieron aquella película, o de perdida aquel corto, en que el héroe huyendo en su carrito, alcanzaba tal velocidad y sobre todo tenía tanta pericia, como para lograr cruzar frente al ferrocarril, sin que este alcanzara a tocarlo siquiera.
Craso error. Ganarle el paso al ferrocarril no es algo sencillo de lograr, como le consta a muchos conductores que lo intentan en Coahuila y en México, y que no lo logran. Aun gente que tiene años y más años de experiencia como conductores, y también entre choferes de transporte de carga y tráileres, ocurre lo mismo, sienten que tienen la habilidad y el dominio sobre sus vehículos como para cruzar la vía antes que llegue el convoy.
El problema no es de habilidad, o siquiera de capacidad de maniobrar un automóvil, que mide unos cuatro o cinco metros de largo, un camión, que mide unos veinte o un tráiler, que es algo más largo, sino la incapacidad de calcular adecuadamente si se puede o no se puede lograr una maniobra equis.
En Hollywood hay especialistas diseñando cada escena. Obvio que lo que se persigue es la espectacularidad, pero que además parezca que es algo fácil de realizar, por lo menos para el héroe, ¿pero para los humanos comunes y corrientes?, pero allí todo está calculado, la velocidad del tren, la velocidad del auto, el tiempo exacto, cronometrado, en que el vehículo estará expuesto a la mole del tren, que debe ser del orden de las décimas de segundo. Ah pero además aunque no lo parezca, el vehículo está arreglado, el conductor es experto, y otros detalles que no conocemos.
¿Uno?, uno se expone con su escasa habilidad, con lo que haya aprendido de física en la secundaria y la preparatoria, y no haya olvidado sobre los temas de aceleración, sistemas de fuerzas, movimiento, inercia, y otros temas, que a la mayoría de nosotros nos parecen tan áridos… en una época en la que lo que lo que menos nos interesa es aprenderlos. ¿resultado? Que queremos visualizarnos como héroes de película, careciendo de la pericia mínima para ello. Quizá si pudieran poner en una fórmula la relación entre la velocidad de X (el tren), Y (mi carro), el ancho de la vía, la distancia de uno y otro al punto probable de colisión… no, somos demasiado flojos para hacer esos cálculos, y menos a la velocidad que se requiere, nos la jugamos a la mexicana… y algunos lo logran, podríamos decir que bastantes, pero otros no. Otra cosa sería, digo ya que no van a instalar plumas… poner a la gente a estudiar física y a ponerla en práctica.
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