Guadalajara, México, 23 mar (EFE).- El legado del arquitecto mexicano Luis Barragán se mantiene vivo a través de iniciativas que preservan sus espacios y los convierten en centros culturales, como una serie de actividades organizadas para conmemorar el natalicio de quien en 1980 se convirtió en el primer latinoamericano en recibir el Premio Pritzker, considerado el Nobel de la arquitectura mundial.
La ciudad de Guadalajara no sólo vio nacer a Luis Barragán en 1902, también fue el laboratorio donde el único mexicano ganador del Premio Pritzker dio rienda suelta a su lenguaje arquitectónico con la construcción de edificios que se han vuelto íconos de esta urbe.
A diferencia de otras casas ideadas y construidas por Barragán que fueron demolidas, la “Casa rosa”, antes conocida como “Casa Arriola”, y la “Casa González Luna” han sido convertidas en centros culturales que reúnen a la población en torno a una arquitectura que privilegia el minimalismo y lo vernáculo mexicano.
“Buscamos transformar el espacio en una casa museo en donde cualquier persona se pueda acercar para conocer el lugar. Abrir el espacio para la comunidad y crearlo junto con ellos a través de programas educativos, programas artísticos”, afirmó a EFE Norma Falcón, fundadora del proyecto cultural en la “Casa rosa”.
Este edificio construido en 1952 y ubicado en la colonia Chapalita, al poniente de la Guadalajara, fue el último proyecto que Barragán realizó en la ciudad y se distingue por haber sido concebido bajo la corriente del modernismo puro. “Esta casa tenía la vocación desde su esencia de ser promotor cultural a través del abogado José Arriola y nuestra misión es retomar esa esencia que tenía”, dijo Falcón.

Explicó que la “Casa rosa” contiene muchos elementos que hicieron famoso a Barragán a nivel mundial, la monumentalidad de sus muros, el color rosa, junto a morados y amarillos, que cambian de tonalidad conforme el sol se desplaza y la introspección con un diseño que incluyó un jardín secreto y patios centrales que conectan el interior con el exterior.
Con actividades artísticas y culturales, que se mantendrán de forma permanente, para celebrar el natalicio del arquitecto el 9 de marzo, los promotores de la casa quieren devolver el aire intelectual que este lugar tuvo durante años y acercar a la población al igual que los turistas.

Un arquitecto contemporáneo
Para comprender la obra de Barragán, es necesario retroceder a la Guadalajara de principios del siglo XX donde la vida transcurría en contacto con el paisaje rural.
El arquitecto Pablo Vázquez recordó que la infancia de Barragán en el sur de Jalisco fue determinante para que después privilegiara los espacios abiertos y lo mexicano tanto en las formas como en los colores.
“Es una arquitectura muy humana, muy relacionada a nuestras tradiciones y costumbres, pero desde una perspectiva contemporánea”, explicó.
El encargado de la conservación de la Casa González Luna, ahora conocida como la Casa Clavigero luego de que la universidad Iteso la rescatara y preservara desde el año 2000, destacó que Barragán también estuvo influenciado por sus viajes por Andalucía, España y el norte de África cuyas tipologías arquitectónicas resonaban con las de Jalisco.
Consideró que esa casa es una “de las obras cumbres” de la arquitectura local que utilizó materiales y mano de obra regional. En la actualidad es visitada por turistas, pero también por estudiantes que quieren aprender de la visión barraganiana, además de albergar actividades culturales.
A diferencia de otras casas que fueron demolidas, “el Iteso la restauró y la adaptó como un centro cultural. Fue una suerte que corrió esta casa y sigue estando en buen estado de conservación”, dijo.
Vázquez destacó el legado de Barragán quien fue también un urbanista que creó ciudad en su natal Guadalajara y también en la Ciudad de México al ser uno de los responsables de proyectos como el fraccionamiento El Pedregal o Ciudad Satélite, y más tarde diseñando jardines y parques.
“Ha sido un pilar importante en la formación de varias generaciones de arquitectos que vieron a él un gran faro, un gran líder en cuanto a la arquitectura y a su visión (de ella)”, concluyó.
Entre sus mayores obras se encuentran: “Casa Luis Barragán”, construida entre 1947 y 1948 en Tacubaya; “Casa Gilardi”, último proyecto del arquitecto; “Los clubes en Atizapán de Zaragoza”, conjunto que incluye caballerizas; la “Casa Egerstrom” y la “Fuente de los amantes”, concluido en 1969; “Casa Franco” en Guadalajara, influenciada por el estilo morisco europeo; “Capilla de las capuchinas” en Tlalpan, con colores cálidos y luz particular; “Jardines del Pedregal”, zona volcánica de Ciudad de México, diseñada en 1945.

Filosofía y premios
En 1980, se convirtió en el único mexicano ganador del Premio Pritzker, por su acto sublime de imaginación poética, con jardines, plazas y fuentes de belleza inquietante.
Durante su discurso en Washington D.C., aseguró que el premio era a todo aquél que ha sido tocado por la belleza, lamentando la desaparición de palabras como serenidad, silencio, intimidad y asombro en la arquitectura contemporánea.

Existen numerosos libros dedicados a su vida y obra, entre ellos: “El aire es azul: Reflexiones sobre arte y arquitectura en torno a la obra de Luis Barragán de Hans Ulrich”, “24 horas con Luis Barragán”, de Adolfo González, y “Luis Barragán Arquitecto de la luz y del silencio”, de Ediciones Tecolote.
En 2015, la artista estadounidense Jill Magid creó un anillo con parte de las cenizas de Barragán, montadas en un diamante azul de 2.20 quilates con la inscripción “Soy sinceramente tuyo”. La pieza fue exhibida en el Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC) en 2017, generando gran controversia en la sociedad.
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