Por Horacio Cárdenas Zardoni
Recién tomó posesión José María Fraustro Siller, luego de la desvelada que le ocasionó el vacile ese de treparse en la aplanadora, con la que dizque se puso a tapar baches en las calles desde el primer momento de su pazguata gestión, no a él, sino a uno de sus subordinados, se le ocurrió opinar respecto a la peatonalización del Centro Histórico de Saltillo, dando las peores noticias que uno podía imaginar.
Seguramente con su venia, porque esas habladas no se sueltan sin contar con el permiso del superior inmediato y del mero patrón, aquel cuate de cuyo nombre no queremos ni acordarnos, salió con que sí, existían proyectos importantes para recuperar el centro histórico para los ciudadanos, pero que esto no podría ocurrir de manera inmediata, y ya entrando en gastos de desfachatez, soltó que sería hasta el 2030 cuando se concretarían estos proyectos… algunos.
¿Y sabe qué fue lo peor de todo?, que la administración que calificamos de pazguata en el primer párrafo, cumplió. Lo único que hizo en el terreno de la recuperación, fue la faramalla del Paseo Capital, que consistió, usted lo puede constatar, si no es que lo sufrió en carne propia o lo vive con las complicaciones de tráfico a que dio lugar, en el cierre de tres calles… dos tramos de la calle Juárez, desde Bravo hasta Allende, y luego brincando Allende, uno más en el principio de la calle Victoria. Eso fue todo, y se gastó cuarenta millones de pesos, en un desperdicio de recursos que no aguanta una auditoría, ciudadana u oficial, porque ni siquiera se puso el piso al nivel que tenía la calle antes, se ahorraron el movimiento de materiales, se usó puro material de segunda o tercera, y en fín, usted lo puede ver, por más que le provoque una muina.
En su momento lo dijimos ¿qué se necesita para convertir en peatonal una calle con tránsito vehicular?, una cadena amarrada a los postes, uno de esos tambos color naranja, u otro obstáculo similar. Ya que se vea bonito, ah, eso implica trabajo y gasto, pero sobre todo el interés, la voluntad, las ganas de los vecinos y de la autoridad por hacer las cosas, y es allí donde nos quedan y nos quedamos a deber, porque… si no hubiéramos dejado que se deteriorara una determinada área urbana, no se necesitaría rescatarla a costos millonarios, pero, en fin, ese es otro cuento.
De lo que estamos hablando es de la poca ambición de parte de las autoridades, para plantear proyectos y realizarlos. Hombre, si lo que se quería, o se quiere, es convertir a Victoria en peatonal en toda su longitud, pues lo podrían haber hecho en cualquier momento, y no solo no se hizo, sino que no se ha vuelto a mencionar el asunto, ni para bien, ni para mal. Quizá, mera especulación, se está esperando que, quien sea alcalde por allá por 2029 o 2030, si tiene el interés, la iniciativa y el dinero, retome este proyecto, que de proyecto no tiene nada, era una pura hablada de un funcionario municipal, que no nos extrañaría que de aquí a allá entre y salga de la administración dos o tres veces, como lo ha venido haciendo en décadas pasadas.
Viene a cuento porque en días pasados se informó que había un proyecto para convertir el complejo que alguna vez albergó a la empresa Zincamex, en una sola área, y no como está ahorita, que una parte es propiedad y responsabilidad del municipio, y la otra, de la Universidad Autónoma de Coahuila.
Seguramente cuando se desvinculó del gobierno federal aquella empresa, y entre que se pensaba qué hacer o qué no hacer con aquellos terrenos contaminados con minerales pesados, se decidió entregarlo a las autoridades locales, y con un sesgo de justicia o para mejor aprovechamiento, se hizo la división, que es lo que ahora se pretende revertir.
Vaya usted a saber si es la ubicación, las comunicaciones, algún resto de temor, el caso es que esta área no es, ni remotamente, el parque más concurrido de la capital de Coahuila, y ahora que lo mencionamos, ninguno de los escasos parques que hay, pueden calificarse de saturados. El que más, es la Alameda Zaragoza, pero ni la Unidad Deportiva, ni la unidad Venustiano Carranza, ni los biblioparques norte y sur, son los sitios de convivencia que uno imaginaría y desearía para la población. Vaya a saber porqué, pero a los saltillenses no les gustan los parques, rasgo de comportamiento que valdría la pena estudiar.
Bueno, pues el asunto de juntar el biblioparque norte con la unidad deportiva de la UAdeC, que según yo apenas necesitaría la firma de un convenio elaborado por los jurídicos de la universidad y del municipio, y ya, ¿tu te haces cargo?, ahí te entrego las llaves, pues sí, pero pues no. Nos salen con que no, que se tardará como mínimo cinco años en concretarse, y que ameritará la realización de varias etapas sucesivas, cada una de las cuales consumirá suficiente tiempo para que el proyecto no cuaje, y como en el inter se vienen por lo menos dos cambios en la alcaldía, uno de la gubernatura y otros dos en la universidad, puede ocurrir cualquier cosa, desde que se cancele, se olvide, se abandone, o poco probable, que se le dé velocidad.
No sé si no tenían otra cosa de qué hablar o presumir, pero anunciar algo que se va a hacer en un futuro tan distante, no viene al caso, resulta hasta contraproducente. Todavía estamos esperando que llegue octubre para lo de los nuevos camiones, gratuitos con aire acondicionado y wifi, y lo del biblioparque lo mandan a dentro de cinco años… en ese lapso, la mitad de los que pudieron haber hecho uso del tal parque, ya crecieron y se divertirán con otra cosa.
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