Washington, 04/06/25 (Más).- El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó este miércoles que mantiene una opinión favorable sobre su homólogo chino, Xi Jinping, pero reconoció que es “muy duro” y que resulta “extremadamente difícil” alcanzar un acuerdo con él.
Las declaraciones fueron difundidas a través de su red social Truth Social, en medio de un contexto de tensiones comerciales renovadas entre ambos países.
“Me gusta el Presidente Xi de China, siempre me ha gustado y siempre me gustará, pero es MUY DURO y EXTREMADAMENTE DIFÍCIL LLEGAR A UN TRATO CON ÉL”, escribió Trump.
El mensaje fue publicado poco después de que su gobierno anunciara un incremento sustancial en los aranceles al acero y al aluminio importado, medida que complica aún más las negociaciones comerciales en curso con China, así como con la Unión Europea y otros socios económicos.
El incremento arancelario duplica los gravámenes previos hasta alcanzar el 50%, según la orden ejecutiva firmada por el mandatario. El argumento central de la administración Trump para aplicar esta medida ha sido la necesidad de proteger la seguridad nacional frente al impacto de las importaciones extranjeras en sectores considerados estratégicos. “Estas importaciones no deben amenazar con perjudicar la seguridad nacional”, señala el documento.
Los nuevos aranceles afectarán de forma directa a países como Canadá, uno de los principales proveedores de acero y aluminio a Estados Unidos, así como a México, Brasil, Corea del Sur, Vietnam y China, que figura como el segundo mayor exportador de aluminio hacia el mercado estadounidense.
La portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, declaró el martes que el presidente Trump y el mandatario chino Xi Jinping sostendrán una llamada telefónica esta misma semana. El objetivo del contacto, según Leavitt, será intentar destrabar las negociaciones entre ambos gobiernos. Hasta ahora, el gobierno de China no ha confirmado oficialmente la realización de dicha comunicación.
La relación entre ambas naciones ha estado marcada por una serie de disputas comerciales desde el primer mandato de Trump. Durante su presidencia previa, el republicano impuso una serie de tarifas a productos chinos, lo que desencadenó una guerra comercial que impactó en los mercados globales. Aunque en años recientes se alcanzaron acuerdos parciales, los puntos de fricción estructural –como la propiedad intelectual, el acceso a mercados y el subsidio estatal a industrias chinas– no han sido resueltos.
En este nuevo periodo presidencial, Trump ha intensificado su retórica proteccionista y ha retomado medidas económicas unilaterales que han generado inquietud en sectores industriales y comerciales. La reciente decisión de aumentar los aranceles también ha sido interpretada como una señal a su electorado, en medio de un ciclo político donde la política económica exterior vuelve a ocupar un lugar prioritario.
Mientras tanto, la comunidad internacional observa con atención el curso de las relaciones entre Washington y Pekín. Algunos gobiernos europeos, así como organismos multilaterales, han manifestado su preocupación por el efecto que las nuevas medidas arancelarias puedan tener en las cadenas globales de valor y en la estabilidad de los mercados.
La respuesta oficial de China ante los comentarios de Trump y las nuevas medidas económicas se mantiene en reserva. Pekín ha adoptado, en ocasiones anteriores, una postura de retaliación gradual en este tipo de situaciones, combinando respuestas diplomáticas con acciones comerciales dirigidas.
En este contexto, el mensaje de Trump sobre Xi Jinping revela tanto un reconocimiento de la complejidad diplomática del vínculo bilateral como una reafirmación de su estrategia de presión económica directa. Las implicaciones de este nuevo episodio se medirán tanto en el terreno de la economía como en el del equilibrio político internacional.
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