Tres años a la sombra

ENRIQUE ABASOLO

En medio del caos que impera en el País, en el marco de la peor crisis de gobernabilidad que ha afrontado el gobierno de AMLO, celebró hoy (es sólo un decir) su tercer año tras las rejas doña Rosario Robles Berlanga, quien desde 2019 se encuentra en prisión preventiva para determinar su participación y responsabilidad en la llamada Estafa Maestra.

    Y si a usted se le hizo largo y agobiante el confinamiento durante la pandemia, pregúntele a doña Chayo, a quien un buen día de agosto hace tres años le dijeron “necesitamos que se presente con su copia del INE vigente y su hoja rosa del seguro, nomás para aclarar algo de su documentación”. Y muy quitada de la pena, doña Rosario se apersona y -¡Bolas!- que nos la entamban. 

Como ya hemos comentado antes, desde hace décadas se hizo costumbre que los gobiernos busquen, como una de sus primeras acciones, legitimarse mediante una aprehensión de alto perfil.

    A menos de dos meses de asumir la Presidencia de la República, Carlos Salinas de Gortari, detuvo al líder del sindicato petrolero, Joaquín Hernández Galicia “La Quina”, por el delito de posesión de armas de uso exclusivo del Ejército.

    El sucesor de Salinas, Ernesto Zedillo, se vio todavía más cabrón, pues encarceló al llamado hermano incómodo del propio ex presidente Salinas, Raúl Salina de Gortari. Tres meses habían transcurrido desde que “El Innombrable” entregó la banda presidencial al doctor Z.

    Ya con un año en la Presidencia, la administración de Vicente Fox protagonizó la captura de un hermoso ejemplar: el ex Gobernador de Quintana Roo, Mario Villanueva, por lavado de dinero y narcotráfico.

    Tenemos que honrar a la verdad dando un salto hasta el sexenio de la hermosura, el de Enrique Peña Nieto, quien sorprendió a chicos y grandes, a propios y extraños, con la detención y posterior encarcelamiento de La Maestra, la líder del sindicato más grande de toda Latinoamérica unida y responsable de que la Sirenita perdiera la voz, Elba Esther Gordillo (ahí sí, pa que vea, hasta yo me quedé con expresión de muñeca inflable).

    Llegó por fin AMLO al poder, luego de dos intentonas y tres sexenios (18 años) trabajando para este propósito. Y todos dijimos, “¡Enhorabuena, viejito! ¡No nos falle!”.

    Pero a la única a la que le cumplió fue a esa tradición gacha de los encarcelamientos políticos, ya que durante su primer año y, valiéndose de un ardid que muchos consideran desleal, hizo detener a la otrora líder del otrora partido de la izquierda, el PRD; la ex jefa de Gobierno Capitalino y Secretaria de Desarrollo Social durante la gestión de Peña Nieto-Bebé.

    Y así, como que no quiere la cosa, Robles Berlanga ya acumuló su tercer año en presidio sin que la causa en su contra avance ni retroceda y sobre todo, sin que la Nación sea restituida por el multimillonario menoscabo al erario que supone la Estafa Maestra y sin que veamos a otros notables miembros de la pasada administración ser señalados o detenidos.

    Doña Chayo sólo está en exhibición, colocada como ese perrito de porcelana que las mamás colocan en la vitrina del comedor y no sirve para una chingada, ni es bonito, pero lo importante es que está a la vista de todos.

    Ahora bien, de los insignes personajes que hemos aquí hoy repasado, retomemos el buen nombre de “La Quina” Hernández Galicia.

    Se afirma no sin buenas razones que Salinas de Gortari encarceló al ex líder petrolero por dos motivos bajo una misma causa. Es decir: La Quina habría estado entendiéndose bien en lo político con el entonces candidato opositor y líder de todas las izquierdas, el Ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano.

    Salinas derrotó al “Inge” en una elección presidencial plagada de irregularidades como la caída del sistema (imputada al hoy director de la CFE, Manuel Bartlett). 

Por lo que a Salinas le urgía tanto escarmentar a don La Quina y desarticular su estructura de influencia, como también necesitaba envíar cuanto antes un mensaje de control, de poder y de que, en efecto, ahora y pese a todas las impugnaciones y cuestionamientos, él tenía las riendas del País.

    De allí que a estos encarcelamientos de legitimación se les conoce como “quinazos”. Y siendo los quinazos, detenciones  hechas con el propósito claro de ayudar a un régimen o gobernante con el control y el ejercicio del poder, son sus encarcelados  por definición presos políticos.

    Tampoco crea que se necesita ser inocente para ser un preso político; tampoco hay que ser un disidente, o un revolucionario, o un ideólogo opositor a un régimen tiránico. Toda la evidencia apunta a Robles Berlanga como la gran orquestadora de la Estafa Maestra, no obstante, su captura es más una estrategia mediática y quizás una revancha personal, que motivada por la voluntad de hacer prevalecer la Ley, haciendo de doña Chayo, una presa política, pese a que muy presumiblemente es responsable de lo que se le acusa.

    Pero la ausencia de cómplices en este caso en particular, la inmovilidad de su causa y el contraste con que otros truhanes y malvivientes de peor calaña gozan de total impunidad, indican que Robles Berlanga está en la cárcel por una conveniencia política, por el rencor personal del Presidente, o quizás ambas razones..

    De manera que tan quinazo fue la detención de Elba Esther como la de Raúl Salinas;  quinazo el de Villanueva y el de doña Chayo, todos meros encarcelamientos políticos. 

Y tan políticos eran estos escándalos, tan ajenos a los afanes de la Justicia que prácticamente ninguno purgó los años de sentencia que se le dictaron. 

“La Quina” Hernández Galicia fue liberado en el siguiente sexenio del Doctor Zedillo; de igual manera, Raúl Salinas quedó en libertad con Vicente Fox. Y antes de que la 4T le echara el guante a doña Rosario, ya había dejado en libertad a la Maestra Elba Esther, quien, sólo como comentario adicional, al salir de la cárcel se curó mágicamente todas sus dolencias y hasta tuvo la fortuna de encontrar el amor para unirse en el sagrado vínculo matrimonial. El único que sigue a la sombra hoy en día  -además de doña Chayo, por supollo- es el ex Gobernador Villanueva.

    Poca cosa más que agregar. Era eso sólamente, recordarle lo poco profunda que es la transformación cuarta que dice encabezar el Presidente López Obrador, desde que no sólo ha continuado una larga tradición transexenal de meter gente al bote como una declaración de control y poderío. 

    Y ya le repito: seguramente a todos los mencionados les sobraban y sobran méritos para calentar cemento tras las rejas durante más años de los que les quedan de vida, pero si su detención no está movida por un sistema de justicia sólido, operativo, fiable, sólo es un síntoma del propio deterioro del mismo.

    Por enésima vez, su condición de presos políticos no les exculpa, aunque sí podría ser motivo de su eventual liberación si se determina que para meterlos en chirona se violaron algunas de sus garantías y hasta podrían quedar absueltos, lo que a la postre, les resultaría hasta módico, pues se habrían salido con la suya a cambio de condenas ridículamente breves para la gravedad de sus fechorías.


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