Por Horacio Cárdenas Zardoni
Creo que fue Winston Churchill, y si no él, otro de esos personajes cuyas citas aparecen un día sí y el siguiente también en las redes sociales dándonos esas gotas de sabiduría de la que no hacemos mayor caso, quien dijo que ningún gobierno te da algo que no te haya quitado antes…
Bueno, este… sí, de hecho así funciona el mundo, el capitalista, porque parece que los socialistas te lo quitan antes de que te lo den, el gobierno cobra impuestos y con ese dinero hace las obras públicas, presta los servicios públicos, que la población necesita.
Que si cobra mucho o cobra poco, bueno no creo que haya una sola persona en todo Saltillo, y para el caso en todo México que considere que deberían cobrarle más de impuestos, pero la percepción será siempre la misma: no nos regresa el gobierno en la misma proporción de lo que nos quita, o nos obliga a pagar. Acá en Coahuila es queja recurrente, se actualiza a cada rato la información, sin que estemos nunca completamente seguros de que es cierto el dato, de que nos regresan apenas un porcentaje mínimo de todo el dinero que aquí se cobra de impuestos a las empresas instaladas en la región.
El gobierno, que no podía dejar de ser complicado en México, antes se regodea de serlo, cobra impuestos, pero también cobra por derechos, por bienes y servicios, vende gasolina y gas, con lo que acabamos pagando no solo el precio del producto, sino también los impuestos que le cargan, con lo que lo que debería ser barato por ser un artículo de gobierno, termina costando lo mismo que si lo hiciera una empresa privada, en una práctica que le allega a la administración pública un dineral, y a la población la empobrece, obligándola a buscar otro empleo y otra remuneración, pues con lo que le pagan en uno solo, nomás no le alcanza.
Dicen los neoliberales que el mejor gobierno es el que no se ve, el que no se mete, el que deja a la sociedad y en particular a las empresas, hacer lo que saben hacer, y que sea el mercado el que regule si lo que le ofrecen a la población, satisface sus necesidades, a los precios que le piden la empresa se tiene que ajustar, trabajar con calidad y a buenos precios, o se queda fuera del negocio, así de fácil.
Ah, pero en cuanto entra el gobierno a competir, la cosa se complica. Porque lo que le interesa al supuesto servidor público no es resolver un problema social, sino obtener una ventaja política de lo que se mete a hacer. ¿Qué importa cuánto cueste, si no es su dinero?
Ahora que la región sureste está entusiasmada con el proyecto de líneas de transporte gratuito recorriendo las calles y avenidas, y comunicando los tres municipios que la integran, sería una excelente oportunidad para recordar la frase de Churchill, ¿gratis?, la verdad es que no nos estarán regalando absolutamente nada, le van a destinar dinero que nos cobraron en este o aquel impuesto, en este o aquel derecho, que se regresa en forma de asignación presupuestal, y el gobierno decide aplicarlo en un tema que es de los más complicados políticamente, pues por un lado la población está harta del pésimo servicio de transporte concesionado, y de él pueden extraer una ventaja que se vea reflejada en las próximas elecciones, si es que les sale la jugada, claro.
Porque hay que tener en cuenta que el asunto del transporte es ante todo costoso, mucho más de lo que las finanzas de los municipios pueden soportar, y más si no va a ingresar un solo peso por concepto de prestación de un servicio de tan gran magnitud como se está planteando en Saltillo y Ramos Arizpe, y al que ya encarrerados se quiere incluir a Arteaga y a la Universidad Autónoma de Coahuila, por el campus que tiene en este último municipio.
Comprar los camiones es un gasto, fuerte sobre todo si se quiere romper el vicio de comprarlos usados, rehabilitados, o nuevos pero los más baratos de la línea. Se ha prometido wifi, aire acondicionado y algunas otras lindezas, a las que no estamos acostumbrados, pero que nos vendrían muy bien. Todo eso cuesta, y si se quiere que la gente deje su carro en casa para usar el transporte gratuito, deberán ser suficientes camiones, con la suficiente frecuencia y suficientes choferes para cubrir los horarios y rutas.
Pero no es solo el gasto de los camiones, está el de combustible, que no es nada barato y del cual consumen demasiado, allí es donde va a dolerles el gasto cotidiano. Con cada tanque lleno va a sufrir la tesorería de cada municipio para pagar las facturas diarias, semanales o mensuales, a la primera que fallen, las gasolineras van a cancelarles el crédito, pues lo suyo siempre ha sido el flujo de efectivo a toda velocidad.
Por si fuera poco, estamos hablando de un triángulo con una hipotenusa larguísima, el libramiento Flores Tapia, casi que es más corto ir y venir a Saltillo estando en Ramos Arizpe, e ir y venir a Saltillo estando en Arteaga, que comunicar Ramos y Arteaga por el libramiento, pero para cualquiera de las opciones, incluyendo si se hace lo de los transbordos que se ha comentado, el gasto en combustibles y desgaste de unidades, será fuerte.
No sé, nos van a dar algo gratis que ya pagamos, y que quizá después nos hagan pagar otra vez, no sería la primera ocasión. Suena bien, políticamente hablando, ya en la práctica diaria, será un dolor de cabeza para la administración, y si empieza a decaer el servicio… a volver a treparse cada quien en su carro, pero el fracaso, ese no lo olvida ni perdona nadie.
Descubre más desde Más Información
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
