Marco Campos Mena
Hemos avanzado durante un tiempo considerable, nos adentramos cada vez más en altamar y tal como podríamos esperar, las tormentas en el medio del océano habrán de ser más severas y dejarán más destrucción a su paso.
Lo mismo podríamos decir del avance de la nueva etapa del México en el que vivimos, el cual poco a poco se ha ido adentrando en un mar de conflictos que habrán de requerir de toda la experticia de los dirigentes para salir de la inexorable tormenta que parece seguir cobrando fuerza a cada día.
A medida que avanza esta nueva década, vemos que las tendencias sociales, económicas y políticas van mutando en un sentido alarmante que habrá de requerir un análisis profundo. Intencionalmente dejaré fuera algunos temas de los que ya se ha hablado demasiado en todos los medios.
Las tendencias sociales se han vuelto un tanto extrañas, pues tal parece que la razón ha abandonado a muchos de sus antiguos poseedores, toda vez que en el mundo cada vez más digitalizado no hay cabida para el libre pensamiento ni para llamar a las cosas por su nombre.
Hemos sido capturados por las nubes de las redes sociales, nublan nuestra perspectiva con el exiguo contenido de desarrollo intelectual, llenan las mentes de espacios en blanco, acabando con la creatividad y el criterio propio, pues quien se atreve a pensar diferente en estos tiempos, es considerado un enemigo público.
¿Qué es lo que está pasando? La verdad es que el fenómeno social de homologación de pensamiento avanza en la misma medida que normalizamos una conducta neo-moralista en la cual la inclusión aplica prácticamente para casi todo.
Muchas veces se habla de la tolerancia como un valor, algo totalmente equivocado, pues la tolerancia no involucra la aceptación por completo. Le pregunto con sinceridad ¿qué está pasando con nuestro derecho a disentir? Las opiniones que van en contra de las corrientes actuales son mal vistas.
Para ejemplo, ante el evento que atrajo la atención de todos los cibernautas, el concierto de Bad Bunny, quien, haciendo gala de su poder, logró vender boletos a un costo exageradamente elevado y hubo quien los pago e incluso el caso de dos mujeres que se formaron en la fila sin dinero y esperando que alguien les pagase el boleto.
La opinión social nos oprime a pensar que esto es normal, ¿hay alguna crisis económica? Tal parece que no, vivimos en un México totalmente distinto.
Por otro lado, las publicaciones que promueven el apoyo a causas nobles, como el conseguir alimento y medicina para los perros rescatados, carecen de impacto y hay muy poco interés en ellos. Tal parece que la neo-moral no los contempla.
Hablando de economía, la tendencia internacional nos permite apreciar que habremos de atravesar tiempos complicados en los próximos años ante los cambios que se están dando poco a poco.
Como cada revolución industrial, el desarrollo trae consigo el desempleo, y este no es el caso, pues cada vez es más fácil automatizar un proceso y aunque pudiéramos pensar que al hacerlo bajan los costos de las producciones y por tanto hacemos frente a la inflación, lo cierto es que, al no haber ingresos por las altas cifras de desocupación, tampoco habrá dinamismo económico.
Las inversiones, aunque constantemente categorizadas como intenciones oscuras y corruptas, son en realidad el gran motor de un país, toda vez que son las que generan cadenas de suministros y empleo. Lo anterior podría estar en riesgo.
Sin embargo, no todo esta perdido, los negocios que se han comenzado a promocionar y vender por internet están dando grandes resultados que nos pudieran dar un respiro, mas no nos engañemos, la cantidad de ingresos y empleos resultan insuficientes.
Hay que tener un ojo en la tasa de interés de Estados Unidos y en la nuestra, pues esto podría definir en gran medida el comportamiento de nuestra deuda personal y afectar nuestras finanzas personales y familiares, no subestime el poder de este tema.
Finalmente, en lo político, se calientan los ánimos por uno de los temas sabidos y de los cuales no podemos hablar por la veda electoral, mas es solo un peldaño a la elección del 2024 que habrá de ser la que cambie todo, ya que, tras el experimento de un nuevo partido con un político de larga trayectoria, algunas cosas pueden cambiar permanentemente.
Dejo a su criterio el analizar dichas consecuencias, pero tenga por seguro que, si algo ha de suceder sin falta, es el cambio de opiniones de muchos ciudadanos, recuerde que para dentro de dos años, la lista de electores será mayor y se incorpora una nueva generación que podría cambiar el sentido de las intenciones de voto ante las experiencias vividas.
La tormenta en altamar ya se ha formado y no hay vuelta atrás, la única manera de salir de esta, será con nuestras propias habilidades y confiando en que las decisiones tomadas no afecten nuestro rumbo personal.
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