Horacio Cárdenas Zardoni
Hay lugares y hay lugares. Nos referimos a sitios donde edificar, eso es algo que le enseñan, o pretenden enseñarle a los ingenieros y arquitectos, lo que no quiere decir que lo aprendan como deben, y menos todavía que lo apliquen como se los quisieron impartir.
Hay sitios en los que no se debe construir, bajo ninguna circunstancia, a menos que esté uno dispuesto a correr el riesgo de que en algún momento su casa, su edificio, se caiga, aunque aquí hay otro “a menos”, a menos que esté usted dispuesto a gastar fuertes cantidades de dinero, que no gastaría si construyera en otro sitio con mejores condiciones.
Bueno, hasta ahorita estamos hablando de construcciones suyas de su, suyas propias, en las que el beneficio o el perjuicio serán únicamente de usted, ya cuando entra el factor negocio, el factor capitalista… cualquier sitio es bueno para construir, al fin que a usted le venden la casa ya hecha, y los riesgos que corra, los perjuicios que a la corta o a la larga sucedan a la propiedad, son bronca que compró junto con la casa. Así es como se manejan las cosas en esta sociedad, en este país y en esta ciudad.
Saltillo tiene una orografía bastante variable, en lo que a suelo para construcción se refiere. Lo mismo se encuentra uno áreas de material durísimo, caliche creo que le llaman, dificilísimo de trabajar, requiere equipo pesado para perforarlo para introducir los cimientos, los servicios, aljibes y lo que se requiera, aunque estos terrenos tienen la ventaja de que tendría que ocurrir un fenómeno de proporciones cataclísmicas para que a su casa le pasara algo. En el otro extremo están las áreas de sedimentación… allí la tierra es suave, mientras que en las otras no entra ni el pico ni la barreta, en estos con una pala y ya está haciendo sus zanjas para cimiento, allí encuentra poca piedra, y tanto que tiene que acarrearla de otros lados para darle fuerza a la edificación.
Ni que decir que los constructores, usted y cualquiera, y los fraccionadores, deberían preferir el primer tipo de suelo al segundo, básicamente por la capacidad de soportar el peso de la edificación, pero además porque ¿de dónde cree que llegó la tierra sedimentaria?, ah, pues por lo general, si no es que siempre, fue el agua la que la arrastró hasta donde está, luego fue cosa de secarse y compactarse una capa sobre otra, pero toda con las mismas características, las zonas sedimentarias pueden tener muchos metros de profundidad, antes de encontrar roca, si es que la halla luego de mucho cavar, y es que la historia geológica es así… tiene millones de años escribiéndose.
Bueno, pues acá en nuestro Saltillo tenemos el caso del fraccionamiento Los Pinos, se hizo donde no debió hacerse, se construyeron casas, bastante pretensiosas algunas, o la mayoría, donde no debieron construirse, por el hecho simple de que el suelo no es el adecuado, y por adecuado no nos estamos refiriendo a soportar el peso de la construcción, que es lo de menos, sino para conservar su integridad ante el embate del agua.
A lo mejor si el suelo sedimentario estuviera encapsulado no habría problema, pero resulta que el fraccionamiento, y el de enfrente y los de más hacia el norte, están construidos a la vera de un arroyo, que en ese punto se denomina El Charquillo, si no nos equivocamos. Este curso de agua, por lo general está seco o casi, esto la mayor parte del año, sin embargo cuando llueve… puede alcanzar a llevar un buen volumen de agua, que va recogiendo de los sitios por donde va pasando, y si seguimos su curso, viene desde la sierra de Zapalinamé.
¿Cuándo se hizo el fraccionamiento?, quizá tenga algo así como veinte años, las casas se fueron haciendo poco a poco y todavía hay un buen número de terrenos baldíos. El problema, al menos por lo pronto es la calle Tezcatlipoca, que es la que corre a lo largo del arroyo. A lo mejor cuando se trazó se contempló una distancia que pareció razonable, incluso sobrada entre lo que es la primera casa y el arroyo, lo que es el arroyo y la calle, que se proyectó y se hizo ancha, de dos carriles de circulación y espacio para estacionarse, y todavía en algunos tramos, banqueta o algunos metros hasta que comienza el talud.
Bueno, pues en estas escasas dos décadas, el arroyo El Charquillo se las ha arreglado para arrancar y arrastrar bastante del área que podríamos llamar, de contención, no es exagerado decir que hay partes donde se ha comido cinco metros de calle o más, aparte del talud que la separaba del lecho del arroyo. A veces era de a poquito, a veces de a mucho, dependiendo de dos factores básicos, primero de la cantidad que arrastra el cauce, y segundo, de la cantidad de agua que cae sobre los terrenos baldíos, áreas verdes, jardines, o hasta el asfalto si es permeable, y que reblandece la tierra debajo.
Entre ambos factores han puesto en jaque a los habitantes del fraccionamiento, que viven con el miedo permanente de que en cualquier rato sea su casa la que se lleve el agua, o que la deje en tales condiciones de inestabilidad, que la haga inhabitable. Por supuesto el fenómeno también presiona a las autoridades y a los fraccionadores, porque ponga que el comprador haya actuado de buena fe, comprando terreno o casa, pensando que estaba bien hecha en un sitio seguro, pese a la cercanía del arroyo, pero los otros dos no se escapan: el gobierno municipal por haber dado el permiso de construcción en una zona de suelo sedimentario, no hacían falta dos centímetros de frente ni un título de geólogo para saber lo que se venía, y los fraccionadores, que hicieron casas con toda la mano, y las vendieron bien vendidas, sin haber comprobado que el suelo se conservaría.
Pensemos que en estas dos décadas pasadas, la región sureste ha padecido por lo menos tres períodos de sequía, años enteros en los que no llovió casi nada, o en los que llovió como suele llover por acá, los famosos chubascos aislados, lo que implica que sí, puede estar lloviendo, pero no sobre Los Pinos, o la zona norte, o El Charquillo y sus afluentes. ¿Se imagina si hubiera habido otro huracán Gilberto u otro Alex? Varias de las casas que ahorita están amenazadas hacer rato que estarían convertidas en escombros en el fondo del arroyo.
No hace falta ser hidrógrafo para ver que El Charquillo es un curso de agua de respeto, esto por lo ancho y por lo profundo, si además se toma la molestia de ver las fotos, o corroborarlo en persona, en el talud lo que se ve es tierra, no roca, lo que solo se puede interpretar como que esa tierra se la va a llevar el agua, ¿Cuándo?, mas temprano que tarde.
Y preguntará alguien ¿hay manera de arreglarlo?, quizá sí, pero costaría más que las casas que quieren proteger, y definitivamente no poniendo gaviones, que resultaron excelentes y resistentes, pero a los que el agua les sacó la vuelta para seguir socavando a su alrededor, en una muestra comiquísima de que la naturaleza es más lista que los ingenieros y burócratas de obras públicas. Ahí se lo encargo, porque esto no se ha terminado, muchas casas se van a caer, a menos que las tiren antes.
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