Por Horacio Cárdenas Zardoni
Tuvimos la oportunidad hace pocos días, de leer una interesante crónica de Cómo era el Saltillo que conocieron los adelantados, Conquistadores españoles y los indios tlaxcaltecas que los acompañaban. El valle de Saltillo era un auténtico bosque, con una vegetación, quizás sería exagerado decir que lujuriosa, pero sí bastante tupida, para un bosque semi seco, que abarcaba una buena cantidad de kilómetros cuadrados.
Si bien los habitantes de la zona no eran completamente sedentarios, al desconocer la práctica de la agricultura, su nomadismo no se extendía demasiado lejos, Pues en este Valle encontraban rácticamente todo lo que pudiera necesitar. Visto a la distancia, el valle de Saltillo, el Valle de los montes Azules, El Valle del Tercer milenio, para utilizar algunas de las denominaciones que ha recibido en los últimos tiempos, era poco menos que un paraíso para sus habitantes.
También hace pocos días, reportaba la prensa algunos comentarios respecto a los trabajos realizados, por uno de los cada vez más numerosos, grupos de ambientalistas, y personas interesadas y preocupadas por el presente y futuro de esta nuestra ciudad, que recién festejó sus 449 años, más o menos, de haber sido fundada, no lo dijeron así, el tema subyacente es la posibilidad de que dure por lo menos hasta cumplir 500 años, y otros tantos más.
El comentario iba en el sentido de qué arbolar Saltillo, reforestar Saltillo es una tarea titánica, una con implicaciones económicas enormes, muy por encima de lo que los presupuestos gubernamentales pueden cubrir en el corto plazo.
Y claro, aquí podríamos apelar al pretexto de siempre de los gobiernos mexicanos, no se puede resolver en un sexenio, o en un trienio, lo que se tardaron 10, 20 o más, en destruir, pretexto que seguramente ha escuchado usted, y en el que se amparan los gobiernos presentes, para no hacer nada, sino para dejar las cosas peor que como las encontraron, algo que podría parecer por momentos imposible, y que sin embargo logran ampliamente.
Uno de los más comunes de los lugares dice que el hubiera no existe, ponga que tengan razón, si las sucesivas generaciones de saltillenses, nativos y arrimados, no hubieran destruido el bosque que tenían, no estaríamos nosotros pensando en la dificultad, o imposibilidad de reponerlo, pero lo destruyeron, y solo nos queda entrarle al Toro.
Mucho nos llama la atención la manera en que los gobiernos se enfrentan los problemas, dando soluciones mediocres, Pero eso sí, dando lugar a negocios, de lo que lo los mínimo que se puede decir de ellos, es que se hacen sospechosos.
Imposible no ver los horrendos techos metálicos quedé un par de décadas para acá han cubierto los patios de los planteles escolares por todo el territorio de Coahuila, por lo menos allí hasta donde ha alcanzado el dinero oficial para ello. Edificios con un cierto grado de valor histórico y arquitectónico, de repente les crece un chipote de estructura de acero, con techo también metálico, y en algunos espacios, con lámina translúcida, para dejar pasar algo de luz.
El pretexto es loable, hay que proteger a los niños de la exposición directa a los rayos solares, que podrían causar desde una insolación o un golpe de calor, hasta un cáncer de piel, además que las tales estructuras suelen ser bastante duraderas, excepto claro aquellos que se hacen bajo el Programa la escuela es nuestra, de esos, hay que mantenerse lo más alejado posible, y nunca ponerse debajo, pues pueden caersele encima.
Otra vez, si allí hubieran estado los bosques saltillenses, nunca hubiéramos tenido que preocuparnos por la sombra que cubriera nuestros niños, pero no los hay. Entonces cabe preguntarnos, a la hora en que se comenzó a discutir ¿ Qué hacer con los recreos, los patios, la educación física?¿ Cómo es que no se prefirió la alternativa de crear bosques en los patios escolares, y que fuera la copa de los árboles la que les ofreciera sombra, frescura, algo de humedad y contacto con la naturaleza, y si las horrendas estructuras que afean de una manera afrentosa los muy cuidados, desde el punto de vista estético, edificios escolares?
Claro que los árboles se tardan en crecer, aún los de desarrollo más rápido, tardan unos 5 o 7 años en comenzar a dar una sombra digna de ese nombre, pero como también es obvio, Si no los comenzamos a plantar hoy, no los veremos crecidos nunca.
Y hablando de costos, crear un bosque escolar, puede representar un costo de una vigésima fracción de lo que cuesta una estructura metálica, o todavía menos, Y eso sí se lo puedo asegurar, jugar entre árboles en un ambiente escolar, es mucho más educativo, más formativo, más sano y más recordable, que tener ceremonias, y pasar el recreo en un ambiente tan deprimente como lo es una nave industrial, Aunque ahora que lo pienso, a lo mejor por eso las hacen así y las ponen en las escuelas, para que cuando lleguen a trabajar a una fábrica, los niños ya convertidos en adultos, no extrañen nada. Nada más para finalizar vale la pena recordar aquel proverbio chino que dice que el mejor momento para plantar un árbol fue hace 20 años… Y el segundo mejor momento es hoy mismo…
Ahora que la secretaría estatal de educación está pensando en construir más techos escolares ¿ no valdría la pena intentarlo con bosques escolares?
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