El país enfrenta presión diplomática tras emerger como uno de los principales proveedores de petróleo para Cuba. Ahora el reto es equilibrar la ayuda humanitaria y la relación comercial con EU
Ciudad de México, 30/01/26 (Más).- La decisión del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de firmar una orden ejecutiva que faculta la imposición de aranceles a los países que suministren petróleo a Cuba ha generado incertidumbre política y económica, con posibles repercusiones para México y sus relaciones comerciales y diplomáticas.
La medida, anunciada el 29 de enero, declara a Cuba una amenaza extraordinaria y poco común para la seguridad nacional estadounidense y permite gravar mercancías provenientes de naciones que exporten petróleo a la isla, como parte de un esfuerzo por intensificar la presión sobre el régimen cubano y aislar su economía ante la profunda crisis energética que enfrenta.
El anuncio llega en medio de un escenario en el que México había emergido como uno de los principales proveedores de petróleo para Cuba, tras la reducción de envíos desde Venezuela. En enero pasado, un buque petrolero mexicano, el Ocean Mariner, arribó a la bahía de La Habana con cerca de 86,000 barriles de combustible procedentes de Pemex, en un intento por aliviar los prolongados apagones que padecía la isla en ese momento.
Aunque la presidenta Claudia Sheinbaum ha insistido en que México continuará brindando ayuda humanitaria a Cuba y que los envíos de petróleo dependen de las solicitudes de las autoridades cubanas, también ha reconocido que las decisiones sobre la exportación de crudo son soberanas y responden a contratos o necesidades específicas, sin confirmar una continuidad indefinida.
Diversos informes internacionales señalan que México dejó temporalmente en pausa los envíos de petróleo a Cuba, decisión que, según la mandataria, fue tomada bajo criterios de soberanía y no por presión estadounidense, aunque esta falta de claridad se da en un contexto de creciente tensión diplomática y económica entre ambos países.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firmó una orden ejecutiva que declara una emergencia nacional en relación con Cuba y autoriza la imposición de aranceles a bienes de aquellos países que vendan o suministren petróleo a la isla, al considerar que ese apoyo energético afecta la seguridad nacional y la política exterior estadounidense, además de facultar a los secretarios de Comercio y de Estado para identificar a los países involucrados, definir el alcance de los gravámenes y ajustar las medidas conforme evolucionen las acciones del Gobierno cubano y de los gobiernos que mantengan ese suministro.

Cuba depende en gran medida de la importación de combustible para sostener su sistema eléctrico, con estimaciones de que el país requiere alrededor de 110,000 barriles de petróleo diarios para cubrir sus necesidades básicas. La producción interna aporta solo una fracción y la importación ha sido crucial para evitar cortes más profundos en el servicio eléctrico, que en varias regiones superan las 20 horas diarias sin luz.
Con la reciente orden ejecutiva estadounidense, la incertidumbre sobre el futuro de estos suministros aumentó, ya que cualquier país que continúe exportando petróleo a Cuba podría enfrentar aranceles no especificados, elevando el riesgo de interrupciones aún mayores en el abastecimiento energético de la isla.
Para México, y por extensión regiones como Coahuila, el endurecimiento de la política estadounidense hacia los proveedores de petróleo a Cuba ocurre en un momento delicado, marcado por negociaciones comerciales como la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá, presiones diplomáticas y debates sobre soberanía energética.
Autoridades y expertos nacionales observan que esta situación obliga a México a equilibrar sus posiciones de solidaridad internacional y sus intereses económicos y comerciales, especialmente frente a un vecino del norte que ha elevado el tono de sus políticas exteriores en materia energética y de seguridad regional.
En Coahuila, aunque no se registran impactos directos inmediatos por esta medida, la incertidumbre sobre las relaciones energéticas y comerciales entre México y Estados Unidos podría tener efectos colaterales en sectores productivos que dependen de estabilidad económica y de comercio exterior, reforzando la importancia de seguir de cerca la evolución de este tema en los próximos días.
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