SOMOS DE LOS MESMOS


Horacio Cárdenas Zardoni


Es famosa aquella frase de “muerto el rey, viva el rey”, y no me lo va a creer, pero viene desde la época en que había reyes de a de veras, no como ahora que a cualquier cantantillo le dicen Luis Mi Rey… que lo digan las señoras, bueno, pues sus gustos estereofónicos tendrán, pero que lo digan también los machos, hombres, masculinos, como que pone en duda tanto su oído como lo estrictamente heterosexual de sus hormonas. Ahora cualquiera se autodenomina rey, pero en otra época, el rey era el que mandaba una nación, más o menos como el rey del Cash no hace demasiado tiempo en México, pero en aquellos tiempos medievales el cargo de rey era vitalicio, y efectivamente, cuando un rey fallecía, automáticamente otro era designado para ocupar la posición. Dicen que en eso la política se parece a la naturaleza, en cuanto que no admite vacíos, al menos no por mucho tiempo, y para pronto ocupa con otro el espacio que tenía el anterior.


Lo que todos los soberanos querían, bueno aparte de vivir eternamente para no soltarle el poder a nadie, tratárese de quien se tratase, era dejar el trono en manos de alguien de su misma sangre, preferentemente alguien que fuera su favorito y consentido, en quien mayores dotes de gobernante, o guerrero, o líder, viera, y no en el que estuviera en línea de sucesión, o fuera el único que quedara. Desafortunadamente la fortuna es así, rara vez le concedía a los reyes este su último y más caro, deseo, como tampoco había la menor garantía que el que se quedara en el mando, hiciera las cosas como su progenitor hubiera deseado, más bien al contrario, pero así son las cosas, entre la nobleza y fuera de ella, entre el peladaje democrático que México ha elegido como forma de gobernarse.


¿Usted cree que Gerardo Márquez Guevara no quería ser mano en la renovación de la titularidad de la Fiscalía General de Justicia del Estado de Coahuila de Zaragoza?, y disculpe usted el largo título, pero es que así es el cargo y así se llama el estado oficialmente, gracias a uno que fue gobernador, Rubén Moreira Valdés, y que poco hizo por los coahuilenses, como no fuera parecer que hacía, entre ellos moverle el nombre al estado, que hasta que se le ocurrió a él, a nivel federal se conocía como Coahuila, allí muy simplemente.


Claro que quería. De hecho estuvo coqueteando con la idea de que pudiera quedarse otros siete años… pero la verdad quien decide esas cosas, no, no el congreso del estado, para nada, sino el gobernador, Manolo Jiménez Salinas, como que pese a la mano izquierda con que suele manejarse, no lo veía como su mejor opción para esa posición tan estratégica en la administración pública durante los cinco años que le restan al sexenio. Con todo que de la Fiscalía se habla poco y no demasiado mal, tampoco era eso suficiente como para decirle a Márquez allí quédate, definitivo que no.


A lo largo del período en que administró la Fiscalía Gerardo Márquez le reconocimos en varias ocasiones la capacidad que le criticamos a varios de sus predecesores en el cargo y a muchos que han pasado por las fiscalías general de la república cuando era una triste Procu, y en las fiscalías estatales: tenía un olfato finísimo para saber qué caso importaba y qué casos podían dejarse para luego, o para nunca. Lo hemos llamado el caso del año, no por otra cosa, sino porque por su importancia, son capaces de garantizarle la permanencia en el cargo otro año… eso si lo resuelven, y si no lo resuelven, son capaces de acelerar su salida para que entre todos los que quieren el puesto, llegue uno que sí lo solucione, sea por suerte, por habilidad, por inventarse culpables, por lo que sea.


Eso lo tuvo Márquez, la habilidad para resolver los casos de alto impacto, y tanto, que no recordamos uno que tuviera este perfil, que haya quedado sin solventarse, además con toda la parafernalia de la presentación ante los medios, la descripción del procedimiento seguido, todo el paquete, del que salía parándose el cuello, y ni quien se lo pudiera discutir, envidiosos, jefes, subordinados, nadie.


Ah, pero ahora que Gerardo Márquez está fuera de la Fiscalía de sus amores, y pendiente de que la cuarta transformación, en su segunda reencarnación le haga el milagrito de hacerlo magistrado o ministro, sus muchos enemigos están sueltos echándole tierra a la forma en la que mantenía la Fiscalía General de Justicia de Coahuila.


No vamos a justificar a nadie. Márquez fue fiscal, si no nos falla la memoria, durante tres sexenios, uno completo y una parte del de Rubén Moreira y esta última de Manolo Jiménez, y aunque la Fiscalía es una de las áreas estratégicas de la burocracia estatal, no por eso era como que el dinero que pedía automáticamente se materializara en sus cuentas… al contrario. Todavía buena parte del sexenio pasado vimos las camionetas que Rubén mandó nomás repintar de negro tiniebla, sin apenas sacarle los golpes de la carrocería, eran casi todas pura chatarra rodante, pero ni modo, con eso había que apañarse.


Ahorita le están cargando la mano a Márquez con que las oficinas de la Fiscalía eran un asco… ¿y en qué sexenio no han sido precisamente eso?, todavía me acuerdo cuando el edificio estaba recién inaugurado en tiempos de Eliseo Mendoza y ya se notaba cierta deprimente decrepitud que nunca se le quitó, ni con las sucesivas manos de pintura de colores menos dramáticos. Las delegaciones siempre han operado apenas con lo mínimo para no parecer pocilgas, y bueno, ¿qué MP, policía o lo que sea se ha caracterizado por su pulcritud?, ni que fuera personaje de novela de Elmer Mendoza o Paco Ignacio Taibo II.


Sí, con Federico Fernández Montañez llega otra generación, otra clase social, nos atreveríamos a decir que hasta otro tipo antropométrico, pero policía siempre será policía, y los presupuestos siempre estarán por debajo de las necesidades… muy por debajo.


Lo que nos ha tocado ver es que con el nombramiento, los funcionarios creen que llegan con costales de dinero para depurar, cambiar, sustituir, pintar, comprar y cuanta cosa, todo para que al paso de las semanas y los meses se vayan dando cuenta que la astringencia no era por gusto del anterior, sino obligado por las circunstancias, y que a veces rayaban en lo heroico para que las cosas medio salieran como se veía.


Fernández Montañez no es nuevo en la burocracia, ya la vivió en el municipio y como secretario de seguridad, sabe que el uniforme viste, a veces más de lo que hay debajo de él, esa es su función, por lo pronto, a ver qué tanto de la reingeniería prometida depende de los siempre escasos dineros, y que tanto era desidia y valemadrismo. No vaya a ser que el nuevo fiscal viva en carne propia lo que vivió el anterior, y en general, todos los que han pasado por allí, que por ganas no paran, pero por recursos…


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